15 de julio de 2013

Euridice_ H.D. / Hilda Doolitle




Euridice

H.D.



trad ;

Rubén Martín
I.


Así que me has forzado a regresar,
a mí que podría haber caminado entre las almas vivas
sobre la tierra,
a mí que podría haber dormido entre las flores vivas
por fin;


así que por tu arrogancia
y tu inflexibilidad
he sido regresada
a donde líquenes muertos vierten
pavesas muertas en musgo de ceniza;

así que por tu arrogancia
estoy destrozada por fin,
yo que había vivido en la inconsciencia,
que casi había olvidado;


si me hubieras dejado esperar
habría crecido desde la indiferencia
hasta la paz,
si me hubieras dejado descansar con los muertos,
te habría olvidado a ti
y al pasado.



II.


Aquí tan solo llama sobre llama
y negro entre centellas rojas,
rayos de negrura y luz
que se tornó incolora;


¿por qué te diste la vuelta,
qué infierno tenía que ser repoblado
con mí misma así
barrida hacia la nada?


¿por qué miraste hacia atrás?
¿por qué vacilaste en ese momento?
¿por qué volviste el rostro,
prendido por la llama de la tierra superior,
hacia mi rostro?


¿qué fue lo que cruzó mi rostro
con el fulgor del tuyo
y tu mirada?
¿qué fue lo que viste en mi rostro?
¿la luz de tu mismo rostro,
el fuego de tu misma presencia?


Qué tenía que ofrecer mi rostro
salvo el reflejo de la tierra,
color de jacinto
prendido en la cruda fisura de la roca
de donde cae la luz,

y el color de iridáceas celestes
y la brillante superficie de iridáceas doradas
y la de la anémona,
rápida en sus venas como relámpago
y como blancura.



III.


Rosa de azafrán del borde de la tierra,
azafrán silvestre que se inclinó
sobre las afiladas aristas de la tierra,
todas las flores a cortar a lo largo de la tierra,
todas, todas se han perdido,


todo está perdido,
todo está mezclado con negro,
negro sobre negro
y, peor que el negro,
esta luz sin color.



IV.


Borde sobre borde
de iridáceas azules,
iridáceas, amuralladas contra su propio azul,
azul de aquella tierra superior,
azul de la hondura sobre hondura de las flores,
perdidas;

flores,
si hubiera podido tomar de ellas mi aliento,
una vez, lo suficiente,
más que la tierra,
incluso más que de la tierra superior,
hubieran podido pasar conmigo
bajo la tierra;


si hubiera podido arrancarlas de la tierra,
todas las flores de la tierra,
si solo una vez hubiera aspirado en mi interior
las muy doradas iridáceas
y las rojas,
los muy dorados corazones del primer azafrán,
toda la dorada masa,
toda la gran fragancia,
me habría atrevido a perder.



V.

Así que por tu arrogancia
y tu inflexibilidad
he perdido la tierra
y las flores de la tierra,
y las almas vivas sobre la tierra,
y a ti que cruzaste por la luz
y que llegaste
a inflexible;

tú que posees tu propia luz,
que eres tú mismo una presencia,
que no necesitas presencia;


pero por toda tu arrogancia
y tu mirada,
te digo esto:


tal pérdida no es pérdida,
un terror así, tales filamentos y bucles y precipicios
de negrura,
tal terror
no es pérdida;

el infierno no es peor que tu tierra
sobre la tierra,
el infierno no es peor,
no, ni tus flores
ni tus venas de luz
ni tu presencia,
una pérdida;


no es peor mi infierno que el tuyo
aunque pases entre las flores y hables
con los espíritus sobre la tierra.



VI.


Frente a lo negro
tengo yo más fervor
que tú en todo el esplendor de aquel lugar,
frente a la negrura
y el inhóspito gris
tengo más luz;

y las flores,
si hubiera de hablarte de ellas,
volverías tus pasos desde tus estables caminos
hacia el infierno,
te volverías otra vez y volverías tu mirada
y me hundiría en un lugar
aún más terrible que este.



VII.


Al menos tengo las flores de mí misma,
y mis pensamientos, ningún dios
puede quitármelo;

tengo el fervor de mí misma como presencia
y mi propio espíritu como luz;


y mi espíritu con su pérdida
lo sabe;

aunque pequeña frente a lo negro,
pequeña frente a las rocas informes,
el infierno ha de romperse antes que yo me pierda;


antes de que me pierda,
el infierno ha de abrirse como una rosa roja
para que pasen los muertos.




‘¡’¡’¡’¡’¡’¡’¡’¡’



Hilda Doolitle

"Eurydice“ (Egoist, May 1917)


traducción;

 Rubén Martín


_Black Orpheus_ -Stanley Grosse




Todo lo que nace ha de morir. Contrariar esta ley, jugueteando con sombras, persiguiendo al escarabajo que dunea en los desiertos, o bien amando, como de costumbre, es la imperfección que soportamos, o bien, dibujamos en nuestras espaldas a modo de ala. Lira que el eterno romántico hace sonar para evocar, proyectar lo ausente. Aquí, lo ausente, el cuerpo de Eurídice.


Escrito en el umbral de la primera guerra mundial, umbral de la década de los años veinte, tan similar a la década de los años ochenta y noventa en cuanto a autismo hedónico, tan nómada, tan estepario, tan frágil ropaje…


                               ‘¡’¡’¡’¡’¡’¡’¡’¡’


Maurice Blanchot;  Quien profundiza el verso debe renunciar a todo ídolo, debe romper con todo, no tener la verdad por horizonte, ni el futuro por morada, porque de ningún modo tiene derecho a la esperanza: al contrario, debe desesperar. …


…o como diría Nietzsche de “El ocaso de los ídolos” en el “Ecce Homo” Un ventarrón sopla a través de los árboles y por todas partes caen al suelo esos frutos que son las verdades…

...que acaban siendo falso oropel que la lluvia,
Orfeo impaciente, la mirada de la razón, cabizbaja, adecua el objeto al pensamiento para calificarlo como tal, huella, pútrida verdad.
.
Hilda des sources

3 comentarios:

  1. Azuloscurocasinegro o negro total.
    No la conocía y me gustó mucho.

    Besos.

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  2. Realmente maravilloso. Este es el desgarro en el pecho. Un abrazo.

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  3. Blue;
    a mí me ha encantado, si no llega a ser por la traducción de Rubén seguramente no la llegaría a conocer. Espero poder encontrar pronto en las librerías algún poemario de esta autora.
    Bico.

    Darío;
    desgarro y veraz fuga de las meras formas, creo que nos está invitando a amar lo que hay en las palabras para destejer el servilismo... la separación del cuerpo y el deseo. Fijarnos menos en el horizonte tan capitalizado.
    Abrazos.

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