22 de julio de 2013

Béla Tarr_/ Derivas




Esta mañana aquí cerca una persona al llegarle un propietario y un agente judicial al domicilio, decidió entrar en una habitación y dispararse a la sien. 17/07/2013. Entonces, pensé en la final locura de Nietzsche, la distancia en el abrazo al caballo de Turín, y también en la vida del “Sátántango” 1994, de Béla Tarr. El siguiente texto es una traducción que encontré del único monólogo de otro film,  "El caballo de Turín, 2011". Los fragmentos después adjuntos provienen de un libro y una revista, del trabajo editorial de www.shangrilaediciones.com

Me gustaría hablar de los libros leídos de Jacques Rànciere, y los dos films vistos de Béla Tarr, también del hace poco libro leído de Gilles Deleuze, (La imagen-tiempo, Estudios sobre el cine)… pero prefiero no extender la entrada, y dedicarla a la reflexión de todos aquellos que deciden quitarse la vida de un modo “irracional” dentro de un mundo “racional”.

 
-el caballo de Turín, 2011-

               Todo ha sido degradado, pero puedo decir que ellos han arruinado y degradado todo. Porque esto no es algún tipo de cataclismo, que cae sobre los humanos. Por el contrario se trata del propio juicio del hombre, su propio juicio en sí mismo, con, por supuesto, la ayuda de Dios, o me atrevo a decir: con Dios formando parte... o con lo que sea que ha tomado parte... de la más espantosa creación que puedas imaginar. Porque como verás, el mundo ha sido degradado. Así que no importa lo que diga porque todo ha sido degradado por lo que han adquirido como lo han conseguido de una forma deshonesta y artera, lo han degradado todo. Porque sea lo que sea que toquen, y ellos lo tocan todo, lo degradan. Este es el camino hasta la victoria final. Hasta el triunfante fin. Adquirir, degradar. Degradar, adquirir. O de forma diferente si quieres: Tocar, degradar y así adquirir, o tocando, adquiriendo y entonces degradando. Ha sido así durante siglos. Sigue y sigue y sigue. A veces a escondidas o groseramente, a veces discretamente, a veces brutalmente. Pero ha sido así y sigue siendo. Así, solo de una manera, como ratas atacando en una emboscada. Porque para esta perfecta victoria era esencial que el otro lado pensase que todo eso es excelente, grande y de alguna manera noble. No debería lleva a ninguna clase de lucha. No debería haber ninguna clase de pelea, solo la repentina desaparición de un lado, significa la desaparición de la excelencia, lo grande, lo noble. Así que  los ganadores son quienes atacan y emboscan las reglas de la tierra, y no hay ningún pequeño recoveco donde uno pueda esconderse de ellos, porque todo lo que ponen sobre sus manos es suyo. Incluso cosas que pensamos que no podemos alcanzar - ellos si pueden - también son suyas. Porque el cielo ya es suyo y todos nuestros sueños. Suyo es el momento, la naturaleza, el silencio infinito. Hasta la inmortalidad es suya. ¿Me entiendes? ¡Todo, todo está perdido para siempre! Y las nobles, grandes y excelentes personas se pararon aquí, si puedo decirlo así. Se detuvieron a esta altura, y tuvieron que entender y aceptar que no hay Dios o Dioses. Y el excelente, el grande y el noble tuvieron que entender y aceptar esto, desde el principio. Pero, por supuesto, eran bastante incapaces de entender esto. Ellos lo creían y aceptaban pero no lo entendían. Ellos solo se pararon aquí, desconcertados, pero no resignados. Hasta que algo - que despertó en sus cerebros - finalmente los iluminó. Y todos a la vez se dieron cuenta que no hay ni Dios o Dioses. Todos a la vez vieron que no hay ni bien ni mal. ¡Entonces todos vieron y entendieron que si esto era así, entonces ellos mismos ni siquiera existían! Verás, creo que éste fue el momento en que podemos decir que fueron extinguidos, que se quemaron. Extinguidos y quemados como el fuego que arde en el prado. Uno era un constante perdedor, el otro era un constante ganador. Derrota, victoria, derrota, victoria. Y un día – aquí en esta zona- tuve que darme cuenta, y me di cuenta, que estaba equivocado, estaba realmente equivocado cuando pensé que nunca hubo y nunca pudo haber algún cambio aquí en la tierra. Porque, créeme, ahora sé que este cambio ya es una realidad.

 ...monólogo del film

El caballo de Turín 2011, A Torinói ló, dirigida por Béla Tarr y Ágnes Hranitzky con guión de László Krasznahorkai y Béla Tarr

 


 

( Agradezco a shangrila

la labor de/en estas derivas y ficciones aparte )

 
 

408 — Alternativa

Hay caracteres que se encuentran ante la alternativa de o ser malhechores públicos, o llevar su cruz en secreto.

FRIEDRICH NIETZSCHE

“ AURORA “

 


( FRAGMENTOS DEL CONTENIDO… )

Las distancias del cine y el cine de la experiencia”

Nacho Cagiga

[…]

Para Jacques Rancière, la palabra clave es “distancia”. El cine se mide por sus distancias, como el arte (y las imágenes asociadas al arte) se mide por sus separaciones, a diferentes niveles Auschwitz y lo que ya no queda de su rastro en el mundo contemporáneo, pues hemos decidido archivarlo, marca la mayor parte de las separaciones que habitan dentro del arte actual. Por el contrario, en el contra-plano de estas distancias se encuentra la mezcla total, la yuxtaposición de todo, el collage moderno y la suma posmoderna de fragmentos. En la mezcla, la distancia se acorta o se diluye, lo que damos lugar a otros tipos de separaciones. Así llegamos a otra etapa de la historia de la estética. La fórmula con la que Rancière subvierte la representación fílmica es el concepto de frase-imagen, que según él resuelve, de manera más o menos natural, la contradicción entre literatura y cine, entre locura y discurso lógico. Ya no se tratará de un cine literario, sino de un cine donde el elemento verbal aparece montado con el visual, en pos de una igualdad que es siempre cara a sus argumentos y objetivos filosóficos. El cine de Béla Tarr ilustra perfectamente esta superación de elementos dispares.

 

Uno de los episodios de Sátántango (Béla Tarr, 1994) nos cuenta la muerte de una niña, acompañada por su gato difunto. Tras contemplar el mundo que la rodea, un universo de dislocación, desarrago, sufrimiento y continuo penar, bajo la apariencia de bailes y cantos que no proporcionan consuelo alguno, la niña decide suicidarse. Este episodio remite inmediatamente al suicidio del niño protagonista en el film de Roberto Rossellini, Alemania año cero, 1948. Y lo hace no solo porque ambos personajes son víctimas del derrumbe moral y político que les ha precedido (la caída del nazismo en el film de Rosellini ya utiliza, aunque de manera rudimentaria y hosca, esa frase-imagen que varias décadas después Tarr…

…]

Hacia la construcción fílmica de la imagen pictórica”

Jesús García Hermosa

[…]

La insistencia en que la fotografía es el antecedente directo del cine a veces oculta que su antepasado inmediato es la pintura y que con ella el cine sigue compartiendo características, preocupaciones y un largo anhelo: la representación del movimiento. Sin embargo, en el caso de Béla Tarr puede decirse que, al contrario de lo que les ocurría a los futuristas y a los vanguardistas, no es la velocidad sino el movimiento inverso lo que le fascina: la quietud y la detención. Y es precisamente este afán el que informa sus películas y lo vincula con la pintura.

A la hora de ejemplificar la presencia y la sistematización de la “práctica pictórica” en la obra de Tarr no encontramos un ejemplo mejor que el que ofrece la última obra de su carrera.

Destilado del universo tarriano, El caballo de Turín, 2012, sitúa a sus personajes en un tiempo impreciso y reduce la presencia humana a su mínima expresión: dos personajes taciturnos, padre e hija (más un caballo) aislados en el medio rural (apenas reciben un visitante), rodeados de un paisaje inhóspito y una naturaleza ventosa y hostil.

La película se estructura de forma episódica a lo largo de seis días y se pone en imágenes a través de un punto de vista estático y fluido que observa atenta, pero respetuosamente, espera y se desliza suave y misteriosamente hacia adelante y hacia atrás, en lentos travellings y panorámicas,  atestiguando el advenimiento de una hecatombe nada estridente, pero implacable. En este entorno adverso, la caída cotidiana resulta frugal y reiterativa, al borde de la alienación y la emergencia.

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La materialidad del encuentro”

Ana Hidalgo

[…]

Uno de los planos más recurrentes de Sátántango es el camino: los personajes recorren un sendero que nosotros, con nuestra vista, también podemos recorrer. La escena no se detiene sino que sencillamente tiene lugar, se produce ante nuestros ojos, un hombre camina, así de simple, sin cortes, sin fracción, y escuchamos los pasos de los personajes, su respiración, la lluvia. Los personajes de Sátántango caminan, transitan de un punto a otro, pero nunca pasean ya que tienen un objetivo, un ir a; no estamos ante la ociosidad romántica de Rousseau en Las ensoñaciones del paseante solitario, pues en Sátántango los personajes no se realizan solo caminan. A menudo en la filosofía y en la poesía hemos presenciado un camino: el poeta y el filósofo –más próximos de lo que ellos creen- han salido a pasear y nosotros los hemos acompañado: ese paseo era pensar, sentir, el triunfo de una conciencia capaz de construir, de apresar, los signos, el otro como el reverso del ser, porque ellos alcanzaban una imagen, oían un nombre, y esa imagen, ese nombre, eran el espejo, el lenguaje, la riqueza. En cambio los personajes de Béla Tarr no piensan, no contemplan, recorren el sendero para ir a, para buscar la materialidad del desplazamiento, de manera que, desposeídos, carentes de mística y poesía, solo duran, transitan, una actividad tan física y sin resortes que es pasividad. Esta pasividad, que es la pasividad del acto material, la pasividad del hombre que tiene hambre y come, el hombre que es hombre y roba, débil, nuestros actos viles e insignificantemente viles, mis actos, esta pasividad es la apertura, la sensibilidad térmica y desgastada del hombre, su miedo, su abandono, sin conciencia. Los cuerpos son impermeables y duros, gruesos como la corteza de un árbol, y precisamente por ello los cuerpos y la tierra están expuestos, son tocados, envejecen, porque no sabemos, no, no he sabido, nada entró en mí pero la lluvia mojó mi abrigo y tuve frío.

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Niña con gato en Sátántango”

Mariel Manrique

Que tu rostro, no me domine jamás.

[…]

Estike ha hecho, de su hermano, un héroe, porque su hermano sabe que en la vida se gana o se pierde y los que ganan provocan envidia y los que pierden, lástima. Puma agitado dentro de Estike, que cava un agujero en la tierra junto a Sanyi y le entrega un puñadito de monedas ahorradas, que carga en el bolsillo de su vestido. Sanyi la incita a regar ese pedazo de tierra, para que se multipliquen sus monedas y brote y florezca el árbol del dinero. “Y ya no seremos pobres?”, le pregunta Estike. “¿Y la gente nos envidiará?”. La esperanza de Estike tiene la forma de un árbol de monedas. Monedas: malas. Pudren la tierra lamida por el agua. Puma afila las uñas dentro de Estike.

Estike quiere saber cómo es ganar, quiere ser útil y ser admirada por Sanyi. En su esconde, acaricia el lomo de un gato, le susurra una canción de cuna. Estike vive en una novela de László Krasznahorkai, puesta en imágenes en una película de Béla Tarr llamada, como la novela, Sátántango. Estike está viva, por ahora. Comienza a rodar por el piso de su guarida, sujeta con fuerza al gato, que se debate, con desesperación, entre sus manos. Cuerpo pequeño que se arquea, gato que llora como un niño, niña que vuelve a rodar en un campo…

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Tiempo, historia y cronología, en El caballo de Turín”

Ignacio Castro Rey

[…]

La primera virtud de El caballo de Turín, 2011) es liberarnos de la banalidad que circula. Los minutos iniciales, un travelling de musculares imágenes de sudor y esfuerzo animal, travesía campestre con niebla y maleza agitadas al viento, refuerzan la lasitud inmensa de lo que viene después. Una poética atemporal enseguida borra el estruendo de la política y la macroeconomía, la metralla periodística de la actualidad y también los comentarios de C.Boyero sobre el cine. De pronto la sala donde estás respira, las sienes laten, la vida se inicia. Mayorías obscenas y minorías de culto se esfuman por arte de magia ante un minimalismo visual tan felizmente arcaico que hace indiferente el significado. En verdad, Tarr no parece en esta película demasiado interesado por la coherencia lineal de la narración, pero el espesor de su expresionismo lento parece ahorrar esa necesidad.

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Caída y perseverancia en El caballo de Turín”

Alba Ceres Rodrigo

[…]

Abocadas a la extinción, las polillas son algo muy terco. El lenguaje del que se valen crepita con la perseverancia en la madera, la ahueca, la pudre, se la come, la va extinguiendo también de poco en poco y se acostumbra nuestra escucha, con su batir de alas como chasquidos, al rumor de su compañía, ese murmullo de siempre alrededor, digamos que parecido al de la vida, pongamos que el de una vida toda igual, toda igual de apolillada, quiero decir, así de terca por existir, para que nos ocurra, siempre, bajo un ávido deseo de permanencia. Sin embargo, el mundo podría empezar a consumirse con la simple desaparición de las polillas, con su discreto apocalipsis apenas perceptible para nadie. La vida, de la que siempre esperamos que sucede, podría, al contrario, no suceder, y el mundo, al cual acostumbramos exigir la claridad de las certezas, podría convertirse en viento que ululara, indomable, su propia desesperación, en áspero polvo por todas partes cubriendo días, más días indistintos, días sumidos en la espera de algo –de qué que nunca llega-, de otra cosa a imagen de la codicia o las imploraciones.

Sin grandes estrépitos, podríamos caer. Con la misma paciencia con la que se crean las cosas, la misma lentitud para deshacerlas, para sumirlas en el silencio opaco de la nada. Ahora la voz de las polillas, ahora la voz de todos los otros animales, la voz del agua y de la tierra, la voz de los utensilios, las voces humanas con su algarabía, la voz que nos corroe despacio, sea nuestra conciencia, sean los dioses, igual de despacio podría desaparecer. Los indicios del fin nacen con la sutileza de lo que nunca acontece, se sirven de la degradación muda en la que nos hemos confinado. En ella podríamos ceder, abandonarnos a la afonía paulatina de un canto último, nulo, sin esperanza, soplar la luz, despertar a oscuras y, aun con todo, seguir preguntándonos por qué, no saber a ciencia cierta la respuesta e insistir, tercos, hambrientos, circulares, en una eternidad que ya hace mucho que ha acabado.

…]


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2 comentarios:

  1. Hermosa selección de textos y buen horizonte de meditación.

    Degradación y quietud. Ensoñación mística del que cree en poder parar el proceso. El moho puede encerrarse en un círculo de aislamiento por el poder de nuestra mente. Ridículo. El moho es carta de triunfo en la partida del espíritu con sus sombras.

    Degradación y lentitud. La lentitud como quietud movida "como por" fuerzas geológicas más que históricas. La tentación del mineral solo violentado por el aire y el agua. Degradación es erosión del simún del desierto, el poder que nos convertirá en esfinges sin sexo ni historia.

    Degradación y velocidad: artificio de cámara rápida, movimiento histórico dominado por el afán de tocar y poseer, de cercar el claro del bosque para convertirlo en parque nacional, parcela en la sierra, segunda residencia. Lo sagrado era lo intocable, recuerden si pueden, como el sueño y otros curiosos fenómenos. Posesión: movimiento de ojos que al tocar degrada el punto de encuentro de un "nosotros" hasta convertirlo en un "mío".

    Aprovecho para ver algunas imágenes de Béla Tarr. Lenta quietud del aire en la estepa y en los árboles.

    Un saludo, amigo, y buenas sendas de estío.

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    1. quedarse en la estepa hasta cuartear la singladura de un tiempo que no nos pertenece, recapitulizar tal vez como quien ve un destello que empieza a ser absorbido por el negror más lívido. Capitulizar la “portancia”, lo sombrío, lo desolado, lo sutil, capitalizar lo incierto, es el tiempo del ahora, como desbocado. Fuera y dentro de los caminos. Pero al igual que en los cuentos zen, todo lo infinito nos habla ya de lo finito. Lo animado, nos remite a lo inanimado. Como un ritmo, o casi como un latido. Las puertas y ventanas de nuestra voluntad de resistencia de superar los fines del yo se cierran con más fuerza que nunca pero nunca ese ruido ha sido tan sordo e “hiperhistòrico”. La desfragmentación deviene por la erosión social o la erosión del vacío que somos. Danza. El cine de plano contra-plano favorece el embotamiento, lo estático conquista lo extático desplazando el foco de la percepción. Habrá gente que no entienda el cine “tarriano” pero me cuesta demasiado entender la representación divina, televisada veinticuatro horas.
      Incurre el sueño en las preeminencias de un modo bastante tipográfico. La humedad, el mineral, el moho, el… y después volver. La definición de (posesión) que das es el lema que encabeza todo gobierno. Volved todo instinto deseo. La construcción es demasiado frágil para aguantarlo, el instinto baña como un liquen la piedra hasta darle el color que predicen los sueños. Tallarlos en vida sería el único modo de evitar convertirnos en mito/kitsch del poder, o la santa madre que inventó el poder, llámenlo biopolítica, biopolemos, o fascismo fascimilador, fascinante. Tenemos dos huidas, heridas en el tiempo o heridas en el mundo. El ortopeda del espíritu treta el modo de cerrar paso a alguna de ellas pero el resultado es sorprendente pues aquello que somos cuando venimos al mundo se mantiene protegido. La evisceración de lo social nos viene entregada por apuntes puramente cognitivos. In-vitro. Imbricadas en el espejismo urbi-et-orbi…./
      Me alegro que te agradara la selección de textos pero esos números, desbautizan el mundo por si solos. Merece la pena sentir la erosión de los paisajes “tarrianos” allí descritos.
      un abrazo Luis. que tengas también quietud, sexo, encuadre, historia, y naturalmente disfrutes de las imágenes.

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