20 de junio de 2013

Ryuichi Tamura/ 4.000 días y noches para que nazca un verso


Zhu Zhanji 朱瞻基(1398-1435)





 
 
 
 
Se dice que Sung Ti, artista del siglo XI, criticó los paisajes de Chen Yung-chi en los siguientes términos:

 

“ La técnica de esto es buena, pero se hecha de menos un efecto natural. Tendrías que escoger cualquier pared en ruinas y cubrirla con un trozo de seda blanca. Luego, te lo miras mañana y tarde hasta que al final logres ver la ruina a través de la seda, sus protuberancias, sus niveles, sus zigzags y sus grietas, almacenándolo en la mente y fijándolo en los ojos. Haz que las protuberancias sean tus montañas, la parte baja tu agua, los huecos tus barrancos, las grietas tus arroyos, las partes más claras tus primeros planos, las partes más oscuras tus puntos más distantes. Empápate perfectamente de todo esto, y pronto verás hombres, pájaros, plantas y árboles, ondeando y moviéndose. Puedes entonces guiar el pincel según la fantasía, y el resultado será cosa del cielo, no de los hombres. A Chen se le abrieron los ojos y desde aquel momento su estilo mejoró.

 

del libro de E.Gombrich ; arte e ilusión”




 
 
Mori Shuho - Black Bear Cub in Snow , 1799





 


RYUICHI TAMURA

 

 


CUATRO MIL DÍAS Y NOCHES

Para que nazca un verso
debemos matar
muchas cosas,
debemos acribillar, asesinar y envenenar
a nuestros seres amados.

Ved,
en el cielo de los cuatro mil días y noches,
por tanto codiciar la lengua trémula de un pájaro,
hemos matado a tiros
lo silente de las cuatro mil noches y el resplandor

de los cuatro mil días.

26

Escuchad,
en todas las ciudades lluviosas y en los hornos de fusión,
en todos los puertos y las minas en estío,
por arrancarle lágrimas a un solo niño hambriento,
hemos asesinado
el amor de los cuatro mil días
y la misericordia de las cuatro

mil noches.

Grabad en vuestra memoria
tan solo por codiciar el miedo de un perro callejero
con ojos capaces de ver lo que no vemos,
con oídos capaces de oír lo que no oímos,
hemos envenenado
la imaginación de las cuatro mil noches
y el recuerdo frío de los cuatro mil días.

Para engendrar un solo verso
debemos matar a nuestros seres queridos.

Es el único camino para resucitar a los muertos.

Habrá que seguir este camino.

MEZCALERO:

Ora duérmase, mañana vengo.

En la puerta el MEZCALERO todavía parece dudar. Se

decide:

MEZCALERO:

Buenas noches.

Y sale precipitadamente.

ESCENA 60.— (Plano medio.)

BENITA queda pensativa pasándose el bocado a medias

mientras escucha (off) los cascos del caballo alejándose.

CORTE:

27

EMPERADOR

Hay ojos en una piedra, ojos enclaustrados en la
melancolía y el tedio.

El hombre pasa frente a mi ventana, vestido con
negros atavíos.

Emperador de invierno. Mi emperador solitario caminando
hasta un camposanto europeo con la sombra de
la civilización en su frente blanca como de cera. Bañada
su espalda por el sol, es doloroso verlo autoflagelarse.

¡Dadme una flor!

Usted extiende sus manos. El invierno en el mundo
está a punto de empezar, después de años de razones y
progreso. La belleza occidental no es otra cosa que
ilusión; ¿quién besaría sus palmas? ¿Habrá aun tierra
fértil en esas manos devastadas por un destino de color
del milano?

¡Dadme una flor, una herida como una flor!

***
Ryuichi Tamura nació en Tokio en 1923. Estudió la carrera
de letras en la Universidad de Meidyi. Durante la guerra
editó la revista La Tierra Yerma. Publicó varios de sus
poemas en la Colección de poemas del grupo la Tierra
Yerma, y un aproximado de treinta volúmenes de poesía en
su lengua. Fue reconocido con el quincuagésimo cuarto
Premio de Poesía de la Academia de Artes de Japón en
1998 y murió de cáncer en agosto de ese año.

 

Traducción de

Atsuko Tanabe y Sergio Mondragón

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