12 de marzo de 2013

pájaros heridos de luz/ aka





                      Cualquiera diría que cuando se escribe se tiene la sensación de leer, no ya tanto como acabado, sino como escritura misma, transcripción detallada. Abrir la hybris del mundo y la fantasía. Inconformar. Clausura de cuerpo que ha de ser otra isla sumergida. Uno cuando escribe y quiere sentir el texto, horadado, sin certidumbres lo hace desde la universidad de los pueblos, no de las ciudades. La doctrina es como un escollo o piedra que una ribera ha de pulir. Arrastrar el habla del pensamiento para poder construir allá otra isla que también tenga una piedra en la ribera de un río que arrastre también el habla. Aunque cuando el cuerpo absorbe náufrago el pequeño porcentaje necesario para ser agua se convierte así en lo que podríamos decir una luz ciega. Aquí en esta entrada os dejo tres-fragmentos-tres de mi querido amigo Alexander Pájaros de luz heridos”. Algunas vivencias de su presencia allá en esos pueblos, capitales cuyo canto orea la humedad del alma, subjetividad humanitaria, no por imaginar, sino por existencia, excedencia de un dolor derivada en poesía, pieza mordida, ab aeterno, pero sin las reglas del sacrificio ético y sus juegos lingüísticos. Alexander en un desdoblamiento asimétrico tapa su cabeza con el cielo, con el gorro del verdugo y la apoya en la madera que soportará el filo del metal grueso de la realidad.
he aquí un autorretrato robado__ _ aka / 
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 aricar la senda              pájaros de luz heridos I
I
Mientras haya movimiento en la mano
la sombra estará constreñida a agitarse.

Si los cinco dedos se abren,
se abre su sombra,
si los dedos giran,
la sombra gira,
y si se extienden se extiende la sombra.
Esta agitación, ya que la sombra toma su forma
por efecto de la mano,
es perecedera como la sombra misma.
Yadal al-Din Rumi
Fihi–ma–fihi (En esto está lo que está en eso)

"No se os ha dado de la ciencia más que un poco"
Corán, XVII, 85.
Cálidas y brillantes de alegría hembra, uterina, se estremecieron a la vez las estrellas. Todas. Se convulsionaron como pájaros de luz heridos a flechazos en pleno vuelo. En pleno goce, rindieron su alma sin un grito. Cayeron vertiginosamente, no en dirección a la tierra, sino hacia arriba. Muy arriba. Más allá de la Vía láctea.

Brotaron nubes de los cuatro horizontes, bajas y palpitantes. Negro opaco. Una única deflagración, fulminante, al límite de lo audible. El relámpago desgarró la bóveda celeste en un parto de fuego blanco, sin principio en la eternidad sin duración y sin fin. Descendiendo en caída libre, tambores de roca atronaron al unisono. Estrellando el presente: ese instante presente en que se encierra la vida animal de la especie humana. Ensancharon el espacio sonoro, en un conjunto de resonancias y ecos, con la fuerza de cientos de caballos galopando en rondas concéntricas. Se levantó viento, que de ninguna parte venía y rugía por todas partes. 
Viento. 
Trueno. 
Relámpago.
           
             [Los cielos se abrieron]
             [Los cielos se desplomaron]

Vertical e incesante, se derramó la lluvia en aguaceros. Catarateó en fulgurantes cataratas. La tierra se levantaba al encuentro del agua. Se saciaba de ella y caía al suelo como hierba verde y tupida. El olivo se elevaba a ojos vista, con las ramas cargadas de hojas y olivas. Y allá, a la entrada de los Balcanes, salían de tumbas excavadas en la roca esqueletos de niños, que recogían sus pieles, se vestían con ellas y se iban hacia su casa cantando.

Sonrió la mujer sentada bajó el olivo. Estiró las alas, feliz de vivir. ¿No dejan tras de sí todas las muertes el recuerdo magnificado de la vida? Es entonces cuando los gestos y las palabras de antaño cobran un significado emocional y acosan, atenazan: querríamos oírlos y verlos de nuevo, sacarlos del reino de la memoria, impedirles que envejezcan, que se marchiten, que vuelvan a la nada. Todos son privilegiados. ¡Qué nunca muera nada!

A andar se puso la mujer frágil. Lentamente, se pasó la mano derecha por la cara, con los dedos separados. Por los ojos, los cabellos, la nuca dolorida. Temblaba de pies a cabeza. Tenía la impresión de descender hacia su aldea natal, y a la vez hacia el primer amanecer: la génesis de las palabras. Cerraba los ojos pero seguía viendo danzar delante suyo, cual fragmentos dispersos de un espejismo prolongado a través del espacio, un revoltijo de sonidos confusos del que no podía sacar más que una idea sin forma ni núcleo, únicamente una llamada de la memoria, resonando sin un grito. Sílabas que eran ante todo una música. Girones de frases encadenados los unos a los otros, esfumándose apenas elaborados, volviendo de nuevo a la carga con una vida aguda, cada vocal y cada consonante expresándose con su propia voz.

          [Le pregunté a un alma de los niños por qué crimen la mataron]
          [No supo responder]

Todo se le mezclaba en la cabeza, en olas arremolinándose allí mismo, inmóviles casi, un remolino en el que el flujo de la vida era el reflujo y en el que el tiempo cabalgaba en el tiempo.
Una vez hechas todas las preguntas y dadas todas las respuestas, acaba la historia de los hombres. Empieza la crecida de los sueños y de dudas al asalto de las certezas. Se abren los cielos al mundo de lo imaginario.




                heridos a flechazos, infatigables, esos pájaros de luz heridos y pisados por la estupidez, incansable el peso que cercena el gesto. Creemos en la última transfiguración durante la guerra, creemos, damos por sentada la razón, nos damos las manos para no caer cruzando los destinos, pero no es esto tampoco, ni la acrobacia de saltar de prólogo en prólogo, de isla en isla. Tal vez convertir cualquier paso en un primer paso resulte “peligroso” e incluso improbable. Dejarse llevar por un afuera apenas factible perpetua un rehacer y aprehender una primera significación relatada en ese primer paso. Mirar, ver, observar, no es atenerse al concepto de materialismo ni otro padecimiento providencial. La fatalidad se viste de providencia como decía Ciorán. “Una mujer acuna a su esposo en las rodillas, le da el pecho seco. Acaba de perder a su niño recién nacido, muerto de hambre.”  …
aricar la senda              pájaros de luz heridos II
II
Ellos aquí trajeron los fusiles repletos de pólvora, 
ellos mandaron el acerbo exterminio,
ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,
un pueblo por deber y por amor reunido,
y la delgada niña cayó con su bandera,
y el joven sonriente rodó a su lado herido,
y el estupor del pueblo vio caer a los muertos
con furia y con dolor.
Entonces, 
en el sitio donde cayeron los asesinados,
bajaron las banderas a empaparse de sangre
para alzarse de nuevo frente a los asesinos.

Pablo Neruda "Los enemigos" (fragmento)


La anciana caminaba apaciblemente a lo largo del tiempo. 
No tenía edad, ni pensamientos quizá. Los pensamientos sólo eran sombras del alma, y la edad carecía ya de significado para ella. Se deja llevar por sus pasos. Despacio. Muy despacio, de manera apaciguada. Viste toda de tela blanca. Como vestían las abuelas de sus abuelas, a la manera tradicional albanesa que desaparece con la modernidad. Cruza la puerta metálica del jardín del templo y enfila las escaleras que le conducen a la segunda planta en la que se reúnen las mujeres. El mar de la ciudad de Ulcinj besa los jardines de la mezquita erigida a pescadores y marineros.

Es el momento del suyud. La resonancia de las rodillas de la comunidad apoyándose al unísono para postrar la frente perdura unos instantes sobre el entarimado de madera, a pesar de las alfombras. Es un sonido grave y apagado, único y coordinado, que nace con cada postración y se eleva por las altas y blancas bóvedas, empujando las caligrafías y sus ornamentos vegetales hacia el techo. Figuras que se estiran entre  claroscuros hacia la claraboya de la bóveda principal en sugerentes abstracciones. Su percusión va despejando las almas de los viejos huesos que se han desvelado poco antes cuando la llamada a la oración ha sonado desde los megáfonos del minarete que se despinta bajo el cielo.

Un cielo despejado que se oscurece de repente. Caen meteoritos en forma de pájaros. Queman. Un cuchillo se afila en un tajo de roca que lanza chispas hasta el cielo. Un olor a mecha y de cera quemada. Todo se funde con la noche cerrada. El galopar de millares de caballos. El sol siempre sale por el este, pero a partir de este momento parece que podría salir por el oeste, por el sur o por el norte también. Todo parece posible. Irreal.

Una mujer acuna a su esposo en las rodillas, le da el pecho seco. Acaba de perder a su niño recién nacido, muerto de hambre.  

Se unirá a una muchedumbre de almas de pies doloridos y bocas secas. Los que caminan cada noche, durante horas, días, meses y años, con pasos lentos siempre hacia delante. Atravesando mares, montañas y desiertos. Sin comer ni beber. Sin porvenir ni presente. Sólo un pasado que arrastran en sus cuerpos transparentes. Sólo el pesado pretérito que lleva cada uno de ellos en su memoria. 
Chupan guijarros para engañar la sed. 
Y, para seguir viviendo, sueñan con la esperanza. 
¿Qué muerte los empuja hacia la vida? 
Relumbran desnudas sus almas. 
Aquí y allá por el planeta ascienden los sueños de los humanos. Todos diferentes y todos luchando entre sí aspiran a lo mismo: al deseo de supervivencia. Y, a ese deseo, poderosísimo, lo mueve una necesidad todavía más poderosa: la búsqueda de los orígenes y el futuro, la obsesiva búsqueda de lo desconocido.

Lejos. O cerca. En algún lugar, alguien escucha y cada día con cada rezo tiene que oír las mismas preguntas y plegarias, y desde el principio de los tiempos se cuestiona las voces que retumban en su cabeza: por qué matan a sus hijos, por qué se destrozan entre sí y se envidian los unos a los otros. Me interrogan por su porvenir, pero en realidad no es a mí a quien toca contestar, se responde. ¿Por qué no se contestan ellos mismos? El destino ha estado siempre en sus manos. No les fueron escatimadas las riquezas de sus suelos, ni de belleza sus entornos. ¿Por qué no se desprenden de las armas destructivas que han comprado con el precio de sus almas? El sonido de las mismas no les deja escuchar la canción que es la vida. Ya casi nadie canta, se lamenta. Miles de millones de voces constituyen su consciencia. 

Un poeta llora sin ruido. Ha culminado su obra, lo ha escrito todo. Llora de hambre, por todo lo que ha sentido y pensado, y que no ha podido transformar en palabras. Tiene hambre de lo que es, de lo que hay detrás del arte y de la ciencia. Tiene hambre de lo insondable. ¿Cómo evidenciar las verdaderas relaciones del mundo: visión, forma, imagen, signos, imaginación?

Antes de acabar la plegaria, un asesino salta sobre su víctima. La hoja del cuchillo deja de lanzar esquirlas al cielo para derramar una sombra carmesí en la oscuridad. Los pájaros caen envueltos en llamas desde el horizonte. Columnas de humo se elevan sobre la mar. Desaparece la sombra de la víctima. Se hace transparente. Se vacía su corazón, al tiempo que el asesino se levanta tenso. En silencio. Se escucha a sí mismo. Se escucha a sí mismo reanudar la respiración. Se oye rehacerse pieza a pieza. Oye calmarse lentamente la sangre en sus venas, y calmarse la tormenta. Detiene los vientos de la duda y el desatino que se habían apoderado de él. Ha despertado más dolor y pena de la que pueda asumir, y lo sabe. 

El destino siempre ha estado en sus manos, sopla el viento entre los parroquianos que se reunirá junto a la víctima al dejar la mezquita. La anciana fruncirá los párpados y escrutará el horizonte que se pierde en el Adriático. Lo desescamará de espejismos, de la horda de almas que se alejan entre la espuma de sus olas. El horizonte retrocederá. Retrocederá hasta el infinito. Y, tras el horizonte, se perfilará el sueño, claro y concreto, para enseguida retroceder él también, y perderse para siempre.






tras el “gran cisma” del siglo XI la escisión de la iglesia católica romana y las ortodoxas de oriente dejaron la península de los Balcanes a merced de los patriarcas ortodoxos, no del todo, pues al caer Constantinopla en el siglo XV el islam fue conocido y predicado, como en bosnia, kosovo, albania… Las guerras mundiales primero tras una unificación en la primera, intervinieron profundamente, aprovechando las míseras o sencillas vidas, y en la segunda los nazis aprovecharon digamos esta unión simulada, para volverlo en su contra, además de instalar sentimientos fascistas. El comunismo de Tito convirtió en pueblos nómadas dentro de un mismo país a las distintas etnias, Yugoslavia prosperó durante cuarenta años. Después de la caída de Tito, y doce años después, la vida de 150.000 personas en guerra, consentida. Olvidada, pero no para la docena de etnias que componen las tierras balcánicas. Cuatro idiomas en el mismo terruño, que vienen a ser el mismo ya lo escuche un bosnio, un serbio, un croata, un montenegrino. NO quiero extenderme con más datos que proliferan por internet y podéis encontrar facilmente...

aricar la senda              pájaros de luz heridos III 
III
Y los días se echaron a caminar. 
Y ellos, los días, nos hicieron. 
Y así fuimos nacidos nosotros, 
los hijos de los días, 
los averiguadores, 
los buscadores de la vida.
Eduardo Galeano (2011)

Sancho Panza: No es segador que duerme las siestas, que a todas horas siega, y corta así la seca como la verde yerba; y no parece que masca, sino que engulle y traga cuanto se le pone delante, porque tiene hambre canina, que nunca se harta; y, aunque no tiene barriga, da a entender que está hidrópica y sedienta de beber solas las vidas de cuantos viven, como quien se bebe un jarro de agua fría.
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Segunda Parte, Capítulo XX.

Mañana, al alba, el crimen aparecerá escrito en los dos principales diarios de la zona, en montenegrino y albanés. La víctima morirá sucesivas veces en la conciencia de cada uno de los lectores. La anciana entrará en un sueño dentro de otro sueño, que a la vez se balancea en otro sueño, y así se fagocitan el uno al otro en un mar incontenible. Caminará encerrada en ese sueño hasta el fin de sus días. Morirá sin haber conseguido despertar del mismo. Del sueño sublime donde el sentido aparente no es indigno de aquel que nos oculta, en el que la verdad brilla con tanto esplendor, que no cuesta mucho trabajo descubrirla a través del velo que ha pretendido utilizar para disfrazarla.

Aún de noche, el asesino desciende la escalinata por entre las rocas que lo sume en las aguas del mar. Se ofrece a ellas como los peregrinos que purifican sus cuerpos en el Ganges, el Indo, el Iamuna, el Sárasuati, el Kaveri, el Godavari o el Narmadá. Asesinado el demonio que mantenía cautivas las aguas del mundo, enjuaga su cuerpo en ellas. Ablución tras el sacrificio de aquel que había tomado posesión de las nubes y obstruía la claridad del cielo. Ríos de serpientes se deslizan a través de la cúpula celeste para zambullirse en las aguas liberadas. El pasado tintineando en la negra noche que se agota. Pronto asomará el sol y verterá su luz sobre lirios, rosas, jazmines, claveles y nardos que crecen junto a las murallas de la ciudad. Ciudad que desconoce invierno alguno. Sus años solo tienen tres estaciones: la primavera, el verano y que de estas dos se forma la tercera: el otoño que encierra en el cuerpo de sus frutos el espíritu de la primavera y el alma del verano, recogiéndose en esta estación las uvas, las granadas, los melocotones y los higos.

Ciudad que alberga en su parte antigua a un pintor de origen germano, suspendido sobre sus acantilados. La esencia, busco la esencia, contesta cuando se le pregunta por la sencillez de sus cuadros. Sus ojos son minúsculos, profundas cavidades en un rostro envejecido por el sol. Si Dios Todopoderoso lo creó todo de la nada, los artistas vulgares y modernos, del todo hacen nada. Trabajan con muchos esfuerzos, con grandes gastos, con todo tipo de materiales diferentes para no llegar a nada, concluye. En sus lienzos pretende capturar la esencia escondida en la naturaleza, la más elevada que puede ser buscada bajo los cielos, la verdad sin mentira alguna. En ellos refleja el rocío del cielo y el peso graso de la tierra. La alegría transitoria bajo el círculo lunar, el espíritu que mueve el mar, sostiene la tierra, excita el viento, hace bajar la lluvia, mantiene todas las cosas y potencias. Busca lo que muchos buscan pero pocos encuentran. Una naturaleza no reconocible que los santos han deseado ver desde el inicio del mundo. Extrae la luz a través de la tintura del cuervo, toma el color de la amargura albergada en su garganta, y traza con ella la tela celebrando la dicha de pintar, que es un festejo, como el dar nacimiento. Como concebir el mundo.   

Así se sentirá el asesino cuando lo encuentren desnudo junto a la costa. En un mundo nuevo que ha abierto con el filo metálico de su cuchillo. A sembrado el futuro con un cuerpo corrupto. Porque la vida ha de corromperse para seguir viviendo, declarará días más tarde ante el juez. Un periodista transcribirá sus palabras: Igual que es la corrupción del grano de trigo, su putrefacción la que lo reblandece, engrasa, hincha y hace que se desprenda de su envoltura, es a través de la muerte y la putrefacción, que el alma, o la vida encerrada en su grano, después de resucitada, se manifestará. La vida primitivamente incluida en los cuerpos por la Naturaleza debe ser liberada por la putrefacción para tornarse mejor de lo que era.
   
Cuando lo apresen, dado su estado agitado y delirante, lo primero que harán será llevarlo al servicio clínico más cercano. Los familiares albergarán la posibilidad de encontrar en su sangre algún tipo de sustancia extraña. Algo que le hubiese obligado a actuar contra su voluntad. Pero el diagnóstico dará negativo en sus repetidas pruebas. Si me es tan difícil creer que no hallan trazas de sustancias tóxicas en su sangre, confesará su padre a un reportero, si me niego a aceptar ese diagnóstico, es porque implica la posibilidad de que lo único que haya aquí sea el alma desnuda de mi hijo y que la locura salga directamente de ella, sin la mediación de elementos ajenos. Sin atenuantes.

Ha vuelto a la vida.
Se engendró en el vientre del viento. 
El viento es aire. 
El aire es vida.
La vida es el alma.
He llegado a ella a través de la matriz de la muerte.
A la respuesta que satisface lo limitante.
La que abraza al Universo.
Al Uróboros.

Me he saciado de la inconformidad terrenal para encontrarme con mi alma. Para ingresar en el Todo. Para llegar a ser la totalidad que ya se es. Ese ser que se vislumbra en el horizonte, eternamente intuido pero nunca alcanzado. Como las olas del mar se alzan eternamente, cabalgan unas sobre las otras, para siempre acabar cayendo. La luna que crece para menguar. Ese es mi legado. Os acabo de declarar lo que estaba escondido, pues la vida está con vosotros y en vosotros, de modo que si la encontráis en vosotros mismos, donde está continuamente, también la tendréis siempre y en cualquier parte que os encontréis. Haced asomar con vuestro arte –yo elegí una hoja de metal en lugar de una hoja de papel– al espíritu sublime encerrado en vuestras limitaciones y nadaréis en un mar abierto. 
En una ceniza incombustible, hasta cuando la tierra esté quemada. Vivid la putrefacción del cuerpo, para morir una segunda vez y después recibir la vida. Os he abierto el libro de los cielos, padre. 

Mira mi alma desnuda. 
No te avergüences de ella. 
Contémplala y ámala.






espero os hayan gustado los tres-fragmentos-tres de Alexander tanto como he disfrutado, al imaginar, lo tierno, lo cruel, la fatiga del vuelo en el crepúsculo, la fiebre de la flor exhumando el acre destino, la universal esclavitud del hombre por el hombre, aunque no haya nacido para odiar, la totalidad impuesta y apresurada por suprimir las distancias. La búsqueda y no el origen de la libertad, traerá la paz y la tierra dejará de ser un lugar de exilio. En el crimen y no en el pecado original está el resumen.



2 comentarios:

  1. Muchísimas gracias Rider por la entrada, y sobre todo por los comentarios de la misma. Me ha alegrado y he encontrado de lo mas interesante la interpretación que le has dado a los mismos, he descubierto con ellos nuevos matices del texto de los que no era plenamente consciente... a veces uno escribe intuitivamente, creyendo que se limita a describir lo que ve, siente a su alrededor sin tomar verdadera conciencia de lo que con ello está haciendo o transmitiendo a otros. Confío que llegue el día en que la mayoría tome conciencia de tus palabras "la búsqueda y no el origen de la libertad, traerá la paz y la tierra dejará de ser un lugar de exilio". Gracias de nuevo por robarme estos pájaros de luz y traerlos a darles cobijo en esta casa, la tuya. Un placer.
    Un gran abrazo, amigo

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    1. el agradecido en verdad, o los agradecidos somos los que se guarecen en estos textos, ha sido sencillo leerlo y no querer cambiar ni una coma, supongo una sensación similar, sentado a orillas de Ganges. El derramamiento del texto ímproba una vaciado, un vaciarse hasta desocultar ese instante, ya presente, ya calcificado.

      hacía tiempo que quería traerme algo tuyo además siempre admiro la creatividad que usas, admiro al leerte como a otras personas “no-conocidas” revierten, hacen reversible la palabra cuestionando el hueco del yo, la religión, y la página de sucesos, entes que imponen un juicio desde el que domesticarnos y desde el que no debemos hablar para ser igualados al régimen. Es necesario hablar, decir las guerras habidas para perseguir las actuales. Hace poco leyendo sobre la guerra civil española, escuchaba casos donde los frentes atrincherados, decidían parar el fuego para acercarse a recoger patatas y verdura. Ahora la guerra son olvido, en el sentido que la explotación fomentada por las crecientes desigualdes están más enzarzadas en la sociedad. El mes que viene por ejemplo es el décimo aniversario del asesinato del periodista gallego José Couso. Por grabar con una cámara un “escenario bélico”. Aprovecho para dejar el enlace a su caso, con causa abierta. http://josecouso.info/2013/03/05/el-caso-couso-sigue-abierto/

      el tercer fragmento me deja encantado, disperso en un albergue de cosmogonías íntimas, auténticas, sin rechazo, gracias al ensueño interminable el texto despoja a la historia de su tejido conjuntivo, fósil, invariable, la poesía cercada y abrigada por ese “ourobro” cuyo avance, es residuo. El lobo en esa fabulosa Edda Prosaica escandinava, conlleva, tira de una cadena forjada con seis cosas imaginarias: "el ruido de la pisada del gato, la barba de la mujer, la raíz de la roca, los tendones del oso, el aliento del pez y la saliva del pájaro". La imaginación es lenguaje, lo malea, lo incrementa, produce realidad, nos hace reconocibles en lo callado. Así que gracias a ti por dejarnos intransitivos
      nómadas
      en estos textos tuyos
      lejos de la falsa representación, el sentido, acostumbrado
      bailar la cuerda
      fuera del texto
      escapar/ escarpar lo impensable
      //
      enunciar

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