19 de noviembre de 2012

Israel" - Pier Paolo Pasolini


















“Israele”, publicado en Nuovi Argomenti, abril-junio
de 1967.

PIER PAOLO PASOLINI

Israel

Sé que el viejo Ben Gurión
(corredor de carreras campestres
que ha recorrido a pie por última vez
el camino del Parlamento)
está en su kibutz, en el exilio,
como un niño escapado de casa.

A los heridos no les intimidan los heridos.
Es más, pueden acusarlos: “Decid, vosotros, en lo íntimo
heridos por una gloriosa, milenaria timidez...
¿por qué os habéis evadido del mundo,
para reconstruirlo según los viejos amores
que tanto os han intimidado?

¿Cómo podéis soportar, minoría
de víctimas antiguas,
ser ahora, en el kibutz, en las ciudades,
una mayoría llena de la dignidad de ser?

Vosotros, que habéis vencido con la Razón
a la No-Razón, a cuyo mito tanto, por otra parte,
habíais contribuido, ¿por qué?
¿Por qué os dejáis hoy vencer por sus fábulas
más marchitas – este regreso a la tierra?

He visto en una calle de las provincias
del norte, entre reforestaciones y depósitos
de un mundo desnudo, todavía, como una colonia,
pero ya profundamente trabajado, a un pequeño
hebreo, uno de vuestros subproletarios, nada más
que un sombrío pastorcillo lucano... o sirio...
¿Qué os empuja a la experiencia de la pobreza?

He visto, con blancas manos de intelectual
a un hebreo utilizar herramientas de agricultor.
¿Qué sentido tiene hacer esta experiencia
ahora que precisamente el mundo campesino muere,
desde la prehistoria hecho historia (con todo
lo que vosotros, con griegos, florentinos,
europeos habéis
dado, para que fuera historia del hombre)
para dar paso a una Nueva Prehistoria?

¿Acaso es una solución exorcizar
la cueva familiar –la institución
de la pobreza y del terror?
¿Por una cueva colectiva consagrada
por los mitos de las religiones industriales,
para aterrorizados?

¿No fue esta tierra, tierra prometida
cuando estaba en el centro del mundo?
Ahora está en sus márgenes: ¿y vosotros creéis
que es siempre la misma, elegida por Dios
para vosotros?

¿Cómo podéis vosotros, laicos más que cualquier laico,
fundar el más laico de los Estados
sobre una promesa de Dios?

Pero estoy en vuestra absurda patria
como uno de vuestros conciudadanos”.

Agotada la primera mirada, Tel Aviv ------- (Esaurito il primo sguardo)
no es más que una ciudad con su vida.
Con la vida de una mayoría.
Con su destino que puede no interesar,
que puede no conmover. La vida
que sigue adelante, adelante siempre
de los demás, como en todo el mundo.

Una ciudad cerrada, perdida en sí misma,
huraña, carente de aquella ternura,
aquella necesidad de ayuda, aquella necesidad
de liberarse vehementemente, para regalar
su propia historia.

Mis ojos, inconscientemente, culpablemente,
son para los pocos árabes que reconozco
no tanto por el paso como por los ojos.
Muchos hebreos se asemejan a ellos (venidos
de Marruecos, del Yemen pastoral): pero
se distinguen enseguida, como por elección.
En los ojos de los hebreos se lee, en efecto,
la lucha contra el deseo de no ser,
en los de los árabes en cambio se lee la estúpida,
la adorada voracidad de ser.

El desierto (conquistado metro a metro,
por arbolitos alineados), la aparición
de Berseva, el Desert Inn, la llegada a Sodoma,
el encuentro con alguna tribu de beduinos...
¿Cuál es la historia de los caros a Dios?
¿La de los hebreos que ha adquirido
la enormidad de locos esqueletos industriales,
o la de los beduinos, solos con sus ojos
de alegres serpientes entre los harapos?

Terminado mi día de fiesta, cansado
petulante turista (investigador
neurótico para un panel capitalista,
finalmente) me doy cuenta de que ninguno de los chicos
que he visto en las turbias orillas de Tiberíades
–pasando su día de fiesta,
haciendo autoestop, de pesca, en el esquí acuático,
centroeuropeos rechazados al sol de las colonias–
ha levantado nunca la voz o sonreído.

Llegado quizá de Córdoba, de Sevilla,
donde la sangre árabe y latina
le dan a un muchacho hebreo la absurdidad
de una belleza cocida por tres soles,
se finge aquí perdido tocando un instrumento,
guitarra o banjo, patiabierto en vilo
sobre la acera, la entrepierna del pantalón
americano que parece reventar, consumido
por suprema elegancia, como es. Loca
por él, una muchachita le llama,
vuelve a llamarle, finge no querer saber nada de él,
y tener otras rabias en su alma.
Él no sabe lo que significa ser amado,
niño salvaje, con hombros de atleta,
o lo sabe... y arrecia su timidez,
en la payasada del canto, y si por azar
le hace caso a ella, ya es un padre, o una tierna
madre: viene de los países en los que el hijo
sabe que debe ser un rey. Y los compañeros
inquietos sobre la acera mellada
delante de un nuevo cine de Jerusalén,
sobre la calle color de las vísceras, del polvo
de las pestes, ellos también tienen para el juego del amigo
ojos risueños y consternados, deshechos
por aquel regazo donde reina el pudor
ahora locamente tenso como el de los héroes
griegos cuando se batían los muslos riendo.
Son tan puros
porque en Jerusalén habrá nuevas matanzas,
su sangre ya corre, su carne
ya está martirizada, su ceniza recogida,
víctimas que, sin embargo, ríen, de una elección
que los ve libres sólo de ser futuros muertos.
 
















“Gaza”, publicado en TheNation, 19 Noviembre 2012.

10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. "Cuando se despoja de su vieja piel
      la serpiente proclama la resurección
      a todos los creyentes
      aunque hay quienes se cansan pronto
      de nacer y renacer..."

      Retomo estos versos de tu espacio, de Margaret Atwood que también intuye el horror, el renacer pero de un no-nacer del todo. Pueblos anclados con la gracia de las grandes potencias, cuyo reconocimiento es el de tirear. Supongamos que el tiempo avanza, supongamos que algo cambia, o queramos que el tiempo avance, anhelemos que algo cambie.

      Abrazos.

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  2. Respuestas
    1. y odioso ver que los más débiles soportan las nuevas prehistorias, las de los descalzos sonriendo al sol, no sabemos donde duermen hasta que los descubrimos de los escombros.

      un abrazo

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  3. Tel Aviv sin ternura, yo diría que es apenas un margen de la sin ternura. Apenas el punto del mapa donde ubicar la inmisercordia. Esa niña que está abajo puede ser mi hija, y ya estoy a punto de ponerme a llorar. Y ni siquiera he visto una gota de esa sangre de inocentes. Un abrazo.

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  4. Terrible. La guerra planificada entre estos dos países vecinos además de acabar con la vida de los niños, también vinculca odio al kibbutz de la no-razón. Un abrazo Darío.

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  5. Nacer aquí o allí y estar marcados de por vida.....somos cada vez más inhumanos. Terrible. Y duele, duele como dice Emma.
    Un beso, Darío

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    1. Seguramente todo lo ocurrido responde a intereses ocultos, o no tan ocultos. Bastará fijarse un poco. Demasiado humanos.

      abrazos carmela

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  6. Y según la mayoría de países ricos, los israelíes NO son los culpables.
    Qué bien todo.

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  7. No nos forjemos idea mínima según dicen los "media" dominantes, ni un tantito así!

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