7 de noviembre de 2012

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Se siente a la primera lectura una falta, confirmar no el simple sonido, entonces empieza el contraste y luego la propia forma, castellanizando el original. Sin romper el anaquel. Es lógico procurar la resonancia con el natural contraste emisor receptor, ahí, se desnuda el pie que atraviesa sus versos. No enigmáticamente en vida, solamente doce poemas anónimos y mutilados por sus editores fueron publicados. Su poesía brotaba de la blanda y cálida corteza de los cedros que rodeaban su ala-drillada casa, abierta por ella para siempre en un lamento cantado. No lágrima de alcoba. Su alimento maduraba en el huerto, en cualquier tierra, fuera de cementerio o de labor. Su alimento, Su
-trino matutino del mirlo o el abrazo abierto a la niebla no impedían que sintiese la pequeñez de la tierra y la materia con la que de seguro, somos injustos. Mientras escucho jazz miro a mi gata a la luz del faro, convaleciente y con un ojo inflamado (y sí, hay ámbar) además de coprolitos y pienso, que debo velarla hasta que cure. En la punta de las orejas entre el plumillo blancuzco se diferencian hilos pelirrojos. La horizontalidad que sucumbe ante su rostro tocado me lleva a la poesía de Emily Dickinson.


Como estoy tratando de traducir y eliminar traducciones que veo por ahí infames no citaré ningún poema suyo. 
Tan solo su ausencia.[ - ]



Betsy jugando con sirenita roja de elmaquinistaciego






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