19 de noviembre de 2015

W. B. (I)

última¿?parte de mi breve acercamiento a la figura de Walter Benjamin







Rainer Maria Rilke. Carta del 19 de agosto al barón Jacob Üxküll. “El arte no es una elección hecha en el mundo, sino la transformación integral de éste en esplendor… La admiración que éste proyecta sobre las cosas (todas, sin excepción) tiene que ser tan impetuosa, tan intensa, tan radiante que no le deje tiempo para recordar su fealdad o su infamia”.  


Rainer Maria Rilke. En la octava de las Cartas a un joven poeta. “Nos hace falta aceptar nuestra existencia tan ampliamente como nos sea posible. Ésta es, en el fondo, la única audacia que se nos pide, es decir, ser valientes frente a lo más extraño, prodigioso e inexplicable que nos pueda suceder. Los acontecimientos que llaman “apariciones”, todo lo que se llama “mundo de los espíritus”, la muerte […] se han alejado tanto a causa de la diaria y repetida aversión a la vida, que los sentidos con que podíamos captarlos se han mustiado”.




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textos pensados para su lectura el 26 de abril de 1990 en la apertura del coloquio organizado en la Universidad de California bajo el título Nazism and the “Final Solution”: Probing the Limits of Representation. Estos fragmentos son extraídos del libro
FUERZA DE LEY JACQUES DERRIDA
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editorial TECNOS traducción Adolfo Barberá y Patricio Peñalver Gómez */*


NOMBRE DE PILA DE BENJAMIN

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aquí el primero de los prolegómenos... Con razón o sin ella, me ha parecido que quizás no sería completamente inapropiado interrogar un texto de Walter Benjamin, singularmente un ensayo escrito en 1921 y titulado Zur Kritik der Gewalt (Para la crítica de la violencia) [Kritik no es una palabra inocente, Derrida explicará de cómo Benjamin traza esa palabra sobre y en el derecho]. en la apertura de un encuentro como éste sobre “El nazismo y la solución final. Los límites de la representación”. Así pues, me he decidido a proponerles una lectura un poco arriesgada de ese texto de Benjamin, por varias razones que parecen entrecruzarse aquí.
1.      Este texto inquieto, enigmático, terriblemente equívoco, creo que está, como por anticipado (pero ¿puede decirse aquí por anticipado”?) obsesionado por el tema de la destrucción radical, de la exterminación, de la aniquilación total, y en primer término de la aniquilación del derecho, si no de la justicia; y entre estos derechos, los derechos del hombre, al menos tales como éstos pueden ser interpretados en una tradición iusnaturalista de tipo griego o del tipo de la Aufklärung. Digo a propósito que este texto está obsesionado (hanté) por los temas de la violencia exterminadora, puesto que está en primer término obsesionado, como intentaré mostrar, por la obsesión (hantise) misma, por una cuasilógica del fantasma que habría que poner en sustitución de una lógica ontológica de la presencia, de la ausencia o de la re-presentación, puesto que es más fuerte que ésta. Pero me pregunto si una comunidad que se reúne o se recoge para pensar lo que hay que pensar o para meditar de esa cosa sin nombre que se ha denominado la “solución final” no debe en primer término mostrarse hospitalaria a la ley del fantasma, a la experiencia espectral y a la memoria del fantasma, de aquello que no está ni vivo ni muerto, de aquello que más muerto que vivo, es sólo superviviente, la ley de la memoria más imperiosa, aunque la más borrada, la más borrable, pero por eso mismo la más exigente.
Este texto de Benjamin no sólo está firmado por un pensador al que se le llama y que se llama a sí mismo de una cierta manera judío (y es del enigma de esta firma de lo que querría sobre todo hablar). Zur Kritik der Gewalt está también inscrito en una perspectiva judía que se opone la justa violencia divina (judía), la que destruye el derecho, a la violencia mítica (de la tradición griega), la que instaura y conserva el derecho.

Hemos develado las formas estéticas hasta vincular la función social, y no sólo desde el prisma marxista. Llenando la conciencia con la energía de lo profundo y haciéndola próspera. Por ese motivo no puedo dejar de mencionar la delicada gentileza de Carlos Taibo(autor del libro expuesto en la anterior entrada[Benjamin(II)] ) al imbricar la biografía y la historia de Walter Benjamin sin hacer que naufrague un solo instante el genio del pensamiento. Cosa, digamos, deseable y encantable, desde, digamos, los utilitaristas de la filosofía. Aquella que no abarca los alientos. Sólo heroicidades viriles creadas por Estados. Impidiendo así, la ética del y en el umbral. Siguiendo a Derrida en su “adiós” a Levinas “Dado que la hospitalidad no es tampoco una región de la ética, ni aun, llegaremos a ello, el nombre de un problema de derecho o política: es la eticidad misma, el todo y el principio de la ética”.

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La multiplicidad tan singular de códigos que se cruzan en este texto, y por limitarnos a esto, el injerto del lenguaje de la revolución marxista en el de la revolución mesiánica, en cuanto a que los dos anuncian no sólo una nueva histórica, sino el comienzo mismo de una verdadera historia desembarazada del mito: todo esto hace difíciles las hipótesis a propósito del discurso benjamiano sobre la solución final”. –no faltarán iluminados que al escuchar esto se orinen pensando que un mesías pueda emancipar de la dominación de la representación. Tanto deja de serlo, como lejos debiera estar lo público y lo privado. Walter clama la poética de la apelación, no la declama, la unge con la respiración del cuerpo, el resorte del Geist. Apremiado por su furibunda desconfianza en el zeitgeist de un momento que c-erraba la historia, y además abrir el último capítulo a la constitución de los estados, más que un neoliberalismo fabricado desde el subsuelo. Puede sucedernos, como al padre de Hamlet, que en un sueño plácido, sobre la hierba del jardín, se acerque nuestro hermano a derramar veneno en nuestro oído. Imaginad un modelo real creado por el sueño de un Caín avaro cuyo ego hedónico extrema, cede, hilos para que corroa las virtudes/virtualidades del progreso. Derrida... El análisis de Benjamin refleja la crisis del modelo europeo de la democracia burguesa, liberal y parlamentaria, y en consecuencia del concepto de derecho que es inseparable de aquella. La Alemania derrotada es entonces un lugar de concentración extrema para esa crisis, cuya especificidad depende también de ciertos rasgos modernos como el derecho de huelga, el concepto de huelga general (con o sin referencia a Sorel). Es también el momento inmediatamente posterior de una guerra y una preguerra que ha visto desarrollarse pero fracasar en Europa el discurso pacifista, el antimilitarismo, la crítica de la violencia, incluida la de la violencia jurídico-policial, cosa que no tardará en repetirse en los años siguientes. Es también el momento en que las cuestiones de la pena de muerte y del derecho de castigar en general conocen una dolorosa actualidad. La mutación de las estructuras de la opinión pública por la aparición de nuevas potencias mediáticas, como… 

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La demostración de Benjamin concierne, pues, a la cuestión del derecho (Recht). Con ella pretende inaugurar incluso –se va a poder decir con todo rigor en un instante– una “filosofía del derecho”. 

De un modo parecido podría decirse si como decía Walter sobre La Ola de Gustave Couvert la instantánea es pictorizada, o si, el derecho es deificado. Totalidad de la reproducción de las oligarquías gobernantes. Jacques Rànciere Los proletarios están sometidos a la experiencia de un tiempo escindido por las aceleraciones […] determinados por el sistema. Cuando se detiene una de sus máquinas se produce una mutación del flujo temporal. Antes de la ontología. Antes del fabril espectro. Antes de matar lo que somos. Como decía E.Levinas en Totalidad e Infinito Lo infinito paraliza el poder con su resistencia infinita al homicidio… en la desnudez de la apertura absoluta de lo Trascendente.[…]La expresión no se impone como una representación verdadera, ni como acto.



Pero visiblemente Benjamin no cree en este argumento de la no-violencia de la huelga. Los huelguistas ponen condiciones para su vuelta al trabajo, no interrumpen su huelga más que si un orden de cosas ha cambiado. Hay, pues, violencia contra violencia. Al llevar el derecho de huelga a su límite, el concepto o la consigna de huelga general pone de manifiesto así la esencia de aquél. El Estado soporta mal ese paso al límite. Lo juzga abusivo y  [ … ] La violencia no es exterior al orden del derecho. Amenaza al derecho en el interior del derecho. No consiste esencialmente en ejercer su poder o una fuerza bruta para obtener tal o cual resultado sino en amenazar o en destruir un orden de derecho dado, y precisamente, en este caso, el orden de derecho estatal que ha tenido que conceder ese derecho de violencia, por ejemplo, el derecho de huelga. Huelga decir que hoy, 19 noviembre 2015, el poder de sumisión es una totalidad. Huelga decir que hay múltiples totalidades. No leo suficiente teología tal vez para creer en una única totalidad. No doy crédito a lo divino. Tal vez a lo extraordinario que arrastramos hacia nosotros mismos, ¿de un modo místico? ¿Espiritual? ¿Quiénes son los Fundadores?




Gustave Courvert LA OLA


Es en ese no-saber en lo que consiste justamente el carácter propio del acontecimiento, lo que se llama ingenuamente su presencia.
Esos momentos, suponiendo que se los pueda aislar, son momentos terroríficos. Sin duda a causa de los sufrimientos, los crímenes, las torturas que raramente dejan de acompañarlos, pero también porque son en sí mismos, y en su violencia misma, ininterpretables o indescifrables. Es lo que llamo lo “místico”. Tal como Benjamin la presenta, esa violencia es ciertamente legible, incluso inteligible, 

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 Todo “sujeto” está por anticipado cogido en esa estructura aporética.

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Pues veremos que Benjamin distingue entre dos tipos de huelgas generales, unas destinadas a reemplazar el orden de un Estado por otro (huelga general política), otra a suprimir el Estado (huelga general proletaria).
En suma, las dos tentaciones de la desconstrucción.

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La ruina no es a mis ojos una cosa negativa. En primer lugar, evidentemente, no es una cosa. Se podría escribir, quizás con o según Benjamin, quizás contra Benjamin, un breve tratado del amor de las ruinas. ¿Qué otra cosa puede amarse, por lo demás?

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Derrida expone dos razones, insertaré un fragmento de la segunda, donde fija la espectralidad que Benjamin querría todavía que siguiera siendo una figura determinable y propia de los estados civilizados. La/lo polis
, una posible ¿? exorcización. Aun reconociendo que el cuerpo fantasmal de la policía, por invasor que sea, sigue siendo siempre igual a sí mismo, admite que su espíritu (Geist), el espíritu de la policía, causa menos estragos en la monarquía absoluta que en las democracias modernas en las cuales su violencia degenera. ¿Será así sólo, como estaríamos tentados actualmente a pensar, porque las tecnologías modernas de la comunicación, de su vigilancia y de su intercepción aseguran a la policía una ubicuidad absoluta, saturando

el espacio público y privado, llevando hasta el límite la coextensividad de lo político y de lo policial?¿Será porque las democracias no pueden proteger al ciudadano contra la violencia policial a no ser entrando en esa lógica de co-extensividad político-policial, es decir, confirmando la esencia policial de la cosa pública (policía de las policías, instituciones del tipo “informática y libertad”, monopolización por el Estado de las técnicas de protección del secreto de la vida privada, como se les ha propuesto actualmente a los ciudadanos norteamericanos por parte del gobierno federal y sus policías, los cuales, a cambio, harían los “pinchazos” necesarios, y decidirían acerca de en que la seguridad del Estado exige la intercepción de las relaciones privadas, por ejemplo la utilización de micrófonos invisibles, la utilización de micrófonos direccionales, la intrusión en redes informatizadas, o bien, más sencillamente, la práctica tan repartida entre nosotros de las viejas “escuchas telefónicas”)? [los pocos enlaces sindicales honestos hoy día soportan esas intrusiones, por ley, el estado de Francia instala "cajas negras" en los proveedores de acceso a internet para captar online metadatos de sus usuarios...] ¿Estaba pensando en esa contradicción Benjamin?¿Es una degeneración interna del principio democrático inevitablemente corrompido por el poder policial, destinado en principio a protegerlo, pero incontrolable por su propia esencia en el proceso de su autonomización técnica?


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Evitar la respuesta relativamente moderna y nostálgica de Occidente a la pérdida de lo sagrado. Tentar la “crítica”, del krinein, una actitud que permite elegir (krinein), y así, decidir y resolver en la historia y a propósito de la historia.

[ … ]

…Decir que toda decibilidad se encuentra del lado de la violencia divina que destruye o desconstruye el derecho es decir al menos dos cosas:
1.Que la historia está del lado de esta violencia divina, y la historia precisamente por oposición al mito. Es justo por eso por lo que se trata de una “filosofía” de la historia y por lo que Benjamin apela en efecto a una “nueva era histórica” que debería venir al final del reino mítico, con la intención del círculo mágico de las formas míticas del derecho, la abolición de la Staatsgewalt, de la violencia, del poder de la autoridad del Estado. Esta nueva era histórica sería una nueva era política con la condición de que no se ligara lo político a lo estatal, como lo hará por el contrario un Schmitt por ejemplo, si evita que se confundan las dos cosas.
[ 2E… ]
Pues en sus últimas líneas se representa un nuevo acto del drama o un golpe de teatro del que no juraría que no estaba premeditado desde que se levantó el telón. ¿Qué dice, en efecto, Benjamin? Habla en primer lugar en condicional de la violencia revolucionaria (revolutionäire Gewalt): “si”, más allá del derecho, la violencia ve su estatuto asegurado como violencia pura e inmediata, entonces esto probaría que la violencia revolucionaria es posible. Se sabría entonces, pero esto es un condicional, qué es esa violencia revolucionaria cuyo nombre es el de la más pura manifestación de la violencia entre los hombres.

[ … ]

[Walter Benjamin] Pero es desechable (Werwerflich) toda violencia mítica, que funda el derecho, y que se puede llamar violencia dominante (shaltende). Y desechable es también (Verwerflich auch) la violencia que conserva el derecho, esa violencia administrada (die verwaltete Gewalt) que está al servicio de la dominante.

[ … ]

Preguntas: lo que se llama en singular, si hay alguna y si no hay más que una, la deconstrucción, ¿es esto o aquello? ¿O bien otra cosa diferente, o por fin otra cosa? Si confiamos en el esquema benjaminiano, ¿el discurso desconstructivo sobre lo indecible es más bien judío (o judeo-cristiano-islámico) o más bien griego? ¿Más bien religioso, más bien mítico, o más bien filosófico? Si no respondo a preguntas planteadas en esta forma no es sólo porque no estoy seguro de que algo así como la desconstrucción, en singular, exista, o sea posible.






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