14 de marzo de 2014

El Puente / Franz K.



…del libro [el corazón de la literatura
y el cincelado de dragones]

LIU XIE

ed. COMARES
Trad, intro, notas de
Alicia Relinque Eleta

44. —EPÍTOME:

En el terreno literario, en el jardín de los pinceles,
hay técnicas y hay recursos.
Primero, ocuparse del cuerpo,
y desde su espejo llegar hasta la fuente.
Cabalgando sobre lo uno resumir diez mil,
y, destacando lo esencial, dominar el exceso.
El pensamiento carece de un principio inmutable,
la razón tiene una presencia constante.


***

Katsushika Hokusai. Title Old View of the Eight-part Bridge at Yatsuhashi in Mikawa Province


***
Franz Kafka (1883-1924)

EL PUENTE

Yo era rígido y frío, yo era un puente y estaba tendido sobre un barranco. Con los pies a un extremo y los dedos crispados en el otro, me enraizaba sólidamente en el barro movedizo. Los faldones de mi casaca flotaban a los lados. Y muy por debajo de mí, rugía el torrente helado. Ningún turista se aventuraba hacia aquellas alturas inaccesibles; el puente no estaba diseñado en ningún mapa. Por consiguiente yo seguía tendido y esperaba; no podía hacer otra cosa que esperar. A menos de desplomarse, ningún puente, una vez emplazado, puede dejar de ser un puente.

Llegó un día hacia el ocaso de la tarde —¿el primero, el milésimo?, no sabría decirlo— mis pensamientos seguían confusos y giraban constantemente en redondo; era un crepúsculo de verano, el rugido del torrente se había hecho más sordo, cuando oí el rumor de un paso humano. ¡Viene hacia mí, hacia mí! ¡Tíensate puente; prepárate pasarela a soportar el pasajero cuya carga se te confía! Si su paso es inseguro, tranquilízale sin intervenir, pero, si pierde el equilibrio, demuéstrale cuál es tu temple y, como un dios de la montaña, llévale al otro lado sobre tierra firme.

Llegó; tanteó mi solidez con la punta de hierro de su bastón; luego, con la misma punta, levantó y ordenó detrás de mí los faldones de su casaca. Hundió la punta de su bastón en mi cabellera desgreñada y la dejó allí largo tiempo, olvidándome sin duda, mientras lanzaba en torno a él miradas salvajes. Pero bruscamente —mientras yo estaba siguiéndole en mi pensamiento por encima de montes y valles— saltó en medio de mi cuerpo con ambos pies. Sentí un violento dolor, sin comprender qué sucedía. ¿Quién era? ¿Un niño? ¿Un sueño? ¿Un viajero? ¿ Un suicida? ¿Un espíritu de tentación o de destrucción? Y me giré para saberlo. ¿Cómo puede girarse un puente? Apenas había iniciado mi movimiento y ya comenzaba a caer, caía, y en un instante fui desgarrado y traspasado por las aguzadas rocas que siempre me habían contemplado tranquilamente desde abajo a través del curso de la corriente.




y aquí os dejo un enlace sobre Kafka de…
Michael Löwy




1 comentario:

  1. Este sueño de Kafka es enternecedor. Siempre sus dobles caras, su dureza y su debilidad. Como su animal, mitad cordero mitad gato. Un abrazo.

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