28 de septiembre de 2012

Hay una gota de ámbar




Hay una gota de ámbar
lago alojándose en la entraña
inconclusa.

El ojo traspasa el umbral
vacila
susceptible a encontrar la celda.

Hace frío y no bastan las palabras
invierto el reposo
y mastico desde el desván

hasta el sótano
con los honores del presagio
ardiendo en las contraventanas
hasta el suspenso de la noche
y luego
cuando (me)pregunten por la vida enterrada
bailará el amante
brillará
lanzado al prostíbulo de las muecas.

Hay una gota de ámbar
un llamamiento heredado.

4 comentarios:

  1. El otro día precisamente escribí un poema que acaba en lo "heredado", aunque no sé si alguna vez verá la luz. Qué paradójico el ser humano, tan sólo y desvalido y a la vez tan irremediablemente arropado por la especie. Es en eso que me hace pensar el ambar y tu poema. Bico (¿vienes, venís???)

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    1. Presentir, presenciar y dejar en un bote o tintero el borrón, la suma eugenésica como si fuera el paradigma y lo paradójico el residuo impronunciable. De ahí surge pronunciar lo heredado y el verso antiguo, divulgarlo es ambarizar, y ambarizar es tal vez apurar la ceda, vengo al ámbar como un ojo y además cejar el arropo en poco más de un trayecto. Tenemos que vernos para poder contarnos de seguro muchas cosas. Se atravesará la palabra y el tiempo se hará grato. Se cambiará de lugar… mañana espero poder andar por allá y pasarlo todos juntos la mar de bien, la poesía es una excusa/exclusa al cabo.

      Bicos

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  2. A veces las palabras no bastan, Daniel, y se hacen necesarias otras formas de expresión que sin embargo dicen tanto o más que las mismas palabras y quedan suspendidas, guardadas en esas melosas gotas de ámbar.
    Un beso.

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