27 de marzo de 2016

diario de.


La semana que viene presentaré un libro. Un libro que no es más que un libro, es más bien menos que un libro. Su finalidad es la desaparición, pues es acto expreso. Multiplicidad concertada, para dos días de presentación…  Debería estar nervioso, sin embargo, no lo estoy, últimamente me preocupan demasiadas cosas y en cierto modo mi incomodación es equivalente a mi acomodación. Participar en eventos autogestionados y andar a la caza de una nómina. Evadirme de las redes sociales y de las nuevas tradiciones de lo ético. Cuidar del huerto. Herramientas mínimas para huir de la totalización de lo social. Pero al revés que el misógino, amo desde lo diminuto, la expresión que soy en los otros.

La Revolución de octubre creó una brecha, por donde se colaron códigos de la revolución francesa y restauración, ilustración, postmodernismo incluso. Brechas donde el proletariado malvive/entra en juego como sujeto maniatado depauperando en lo posible una mirada crítica. Lo insuperable se con-vierte en constante. El rechazo del existencialismo es absorbido por el poder de la dominación. ¿Cómo? Adoctrinando en el rechazo. Conmover, bien dentro de una bien centrada logosfera que contiene el espacio físico del espectáculo y los espectadores. O bien deberíamos acurrucarnos para derribar, desplazar, esa cosmovisión de lo ejemplarizante, la pax romana. Deberíamos sumergirnos en el sueño del pueblo, en su gramática, en su razón común. Su poemática.

Cada día nos convertimos o nos vertimos hacia una especie de entrenador emocional. ¿Pero lo efímero se puede domesticar? El sentimiento tal vez, ¿pero la emoción?

De ese libro del que dije es menos que un libro tengo sin embargo que añadir una cosa. Mi anticipada admiración por la persona que da luz a dicha artesanía. La tengo lejos y aun así cerca. El desencadenante se esta colección de poetas, más de treinta, y que este año también publique a Laura Giordani, y, a Pepe Maiques, hace de lo efímero un inmenso toque de queda. La emoción no puede ser domesticada, simplemente ser padecida. Podemos decir es viernes, podemos decir he leído la isla del tesoro pero solo podemos sentirnos isla. Más allá de la realidad material del continente/contenido. Yo me siento ínsula en ese hilo de la colección Ejemplar Único y además puente con todos aquellos amantes de dicha colección. 

Gracias.
 







1 comentario:

  1. ¡Que la emoción acompañe la presentación de ese libro! ¡Salud!

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