12 de mayo de 2014

un territorio nómada [Mariel Manrique]_[I]



Somos un territorio nómada en un capitalismo socializado
ungido y erecto por un Moisès que cotiza en bolsa.
Vigila las competencias ejecutivas del mundo, la fuerza viene de la visión
tablas
lápidas
ciegos
la palabra, la piedra, es mordida.

os dejaré un texto de Mariel Manrique.  Poeta. [ ]
el incisivo se parte al contacto, la garganta percibe el nido, y más allá de la entraña la esclusa que abre el océano calmo y hostil al crucero de la crueldad. A veces puede ser paciente. Es casi como una imagen impresa, impresa en cuanto a textualidad, no códigos claro.  Los textos que veis digitalizados los podéis imprimir en papel y reconciliar con una transfusión, ceremonioso espectáculo girante, espasmo germinador que nada tiene que ver con la ensoñación. Hablo por los textos intertextuados de Mariel claro. 



[ ]                                                            socialismo
I
Hace dos días que Helena duerme de costado sobre el césped. El sol lacera su cuerpo replegado contra sí mismo. El cuerpo exhausto de Helena podría confundirse con un resto arrugado de papel, sucio de barro, o exhibirse como un trofeo para ser arrojado, después, a un cesto de basura. Helena dormita desnuda en un casco ártico. Gigí ha escuchado su quejido nocturno desde la copa del árbol elegido por la colonia. El ritmo cardíaco de Gigí se ha acelerado. Como el del niño insomne que teme lo que pueda esconderse bajo su cama y cuenta el número de desplazamientos de un pez fosforescente en la pantalla impotente de una lámpara. La lucha es desigual. Los fantasmas deberían combatir contra un acuario. 

Gigí desciende en espiral para extender su mano sobre la fiebre de Helena. Se ha arrastrado hasta ella apoyándose en su dedo pulgar. La colonia duerme. El científico cierra la puerta del laboratorio. El sociólogo guarda un libro anotado en la biblioteca. El asesino de niñas afila su navaja. Las naranjas se apilan en el puerto. Gigí imagina el viaje que detenga la anemia de Helena. Lo ejecuta. Extrema la destreza de su espuela calcárea para asegurar los virajes del vuelo. La vaca sueña con agua y bebe el agua del sueño, que se transforma en mar. La cuna del mar mece a la vaca que sueña mientras Gigí hunde sus diminutos y expertos incisivos en un triángulo imaginario del cuello seco y suave. La vaca sorbe la sal y Gigí, la sangre. La herida es la marca de la necesidad. La vaca no la advertirá nunca. 

La saliva de Gigí conjuga la anestesia y el anticoagulante. Regresa y se acuesta, frente a Helena, sobre el césped. El jugador de ajedrez mueve sus piezas como un autómata, sobre un tablero mordisqueado con delectación por quienes no quieren, no saben o no pueden jugar. Han orinado sobre su tablero, obligándolo a redefinir las estrategias; han decapitado, propios y extraños, las piezas centrales, con navajas de asesino de niñas. Esta noche no sabe de líderes. Los líderes giran, como peces ciegos, en la fosforescencia de una lámpara. El jugador de ajedrez, desconcertado, ya no ve su rostro en el espejo. La mesa sobre la que se inclina se mueve imperceptiblemente y ese mínimo movimiento guía su mano. Hay dos criaturas laboriosas y enanas bajo la mesa, que se buscan la boca. El gran público las consideraría repugnantes. Las naranjas caen, desordenadas. 

Gigí entreabre los labios de Helena, posicionándose para transmitir. La colonia sueña cabeza abajo. La luna revela la geometría de los huesos de Gigí, enguantados en las membranas de sus manos. La lucha se define por la capacidad de oficiar de guante. Guante de resto de papel, sucio de barro. Gigí presiona y entrega. Al amanecer, la temperatura corporal de Helena se habrá estabilizado. Lo que observamos como un sencillo beso ha consistido, en este caso, en una auténtica transfusión sanguínea. Ella sacude el césped de su cabello y me susurra, como si el niño ya se hubiera dormido, que bien podría dejar constancia de lo contrario.

Escribo entonces: "Que ella te bese con el beso de una boca de primeros auxilios, una boca de acuario ... su amor no disculpa, no espera, no soporta verte languidecer así".

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II
El trayecto de José depende de la brújula de sus pabellones auditivos. Los mapas y las teleologías son inútiles. José no reserva abono de melómano ni se afana en perfeccionar un golpe de pelota contra el tenso encordado de una raqueta. No sintoniza estaciones de radio, no integra patrullas de asalto, no aprende a pronunciar lenguas extranjeras calzándose auriculares o repitiendo sílabas hasta aproximarlas a un sonido convencionalmente establecido. No conoce la ópera, el tenis, las telecomunicaciones, el crimen ni el idioma. Es inmune al juicio de la opinión pública, ciego a las visiones del mundo que impone el poder, ajeno a la cárcel de la hegemonía. 

La historia se burla de la fatalidad. El destino de José depende estrictamente de su habilidad para traducir las señales sonoras que el paisaje devuelve a sus sedosas orejas triangulares. Para sobrevivir, José pesquisa y decodifica ecos. Emite sonidos de altísima frecuencia desde los delicados pliegues de su nariz y espera que reboten en los objetos circundantes. Compara y compone imágenes acústicas. 

Los objetos están cargados de pasado. Son trenes de voces. Superficies que acunan címbalos y campanas, custodian contraseñas, perpetúan gritos. Los árboles trenzan órdenes y plegarias. Las paredes asilan el hipo del aterrorizado y los jirones impotentes del tartamudo. El chasquido del látigo, las risas en los patios escolares, el disparo certero del suicida, la música breve de los días de fiesta. Del ruido emerge, como una columna de humo, el ministerio polifónico del desamparo. Si todas las cosas fueran un único caracol marino, el interior del caracol transmitiría el estremecedor silencio de los náufragos. 

El jugador de ajedrez debería aguzar su oído, entrenarlo como el sonar de un submarino a contracorriente. José no escucha señales del futuro porque el futuro no habla. A José le habla lo que ha sido para que él, que viaja a ojos cerrados, haga de sus chillidos de pequeña bestia dibujos sonoros y no se desgarre o se estrelle en la travesía. "Los guardias que rondan la ciudad me han encontrado", anoto, "y yo les pregunté si han visto al que ama mi alma". Me tapo los ojos con las manos. "Los guardias no lo han visto y yo tampoco, aunque lo tuve delante". Me acuesto sobre el césped y murmuro: "Háblame en esta extensa oscuridad. Háblame para que pueda verte". 

José no hace planes. José planea en el aire con sus manos, mientras transforma el lienzo negro que rasga en un bosque iluminado de signos donde no caerá. 


"El amor es un paciente que huye de los hospitales. Escucha tus piedras golpeando su ventana, tus súplicas, tu bienaventurada mala conducta impenitente. El amor no es paciente. Ahora, exactamente ahora, nos vemos cara a cara".



Mariel Manrique

(… de cómo trabar piedra sin metal)
SOCIALISMO & II

Se puede decir que hubo antes. Un morder y cortar la sombra atrás
desaparecer                    la funesta, dientes acerándose hasta sentir
quietud, la funambulista voltea despierta
                            levita la sangre-roca hierve.
esta serie de textos que voy ahilar aquí del Derviche Mariel
salen de mi costado, desde que leí aquello/ nunca volví a pensar igual de lo que amo o considero que amo sobre poesía. Una realidad desde adentro.
Perder, hasta la sinceridad por delatar  -compasión.
Vivir de costado. Perder lo propio. Deletrear la coordenada hasta borrar
 el límite.
Un pueblo se mueve por sonido, frecuencias, ausencias. Austera fuerza desde lo pequeño y extraño. Líneas de una máquina compleja. De ojos sumergidos y sombras rezumando desde la punta de la lengua



MIL MESETAS
DELEUZE/GUATARI    …..












Mariel Manrique escribe hasta errar en lo exhausto. Malea la superficie estremeciendo, friccionando el trance atento. Cuando el miedo es rodeado por el vacío. “La colonia duerme” se dice…  Alados, subterráneos y subcutáneos. Antes del secreto de decirnos la verdad. El vacío es trabajado como un cuerpo vivo dispuesto a engullir el estático ojo del habitante. Degradarlo.
El habitante no es una piedra en un muro pues es su propio muro, no hay simulacro. La sed reproduce Ingesta de silencio. Alguien duerme. Alberga un territorio. Un pasaje. Un mensaje que el río bebe.
Punzada / no apta para la acumulación / cuanto más para la simulación
 ecuación, revolución
pública, materia hermana                    
                                * Mirada, idea de conjunto
                                        vaciarla
                                        como hez.













"Los objetos están cargados de pasado. Son trenes de voces. ..."
*

Loïe Fuller

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