5 de noviembre de 2014

...todas y todos a sus puestos...

Marco Cazzato


Hace algún tiempo que tenía ganas de traeros algún fragmento del libro de María del Pardo Esteban y Félix Rodrigo Mora “Feminicidio o auto-construcción de la mujer y ahora, tras leer (¿quién me manda?) una carta publicada en la revista pikara de Alexander Ceciliasson, a raíz del discurso de una tal Emma Watson ante las naciones unidas. Pues me parece el momento idóneo y además, trataré de ver mi postura, si existe, sobre el tema. Mi primera apreciación es la siguiente; el entorno nos da forma y aísla convirtiéndonos en fantasmagorías dignas de vigilancia y control. De tal modo que si reparo en “La carta abierta a todos los hombres (feministas)” de Alexander, para cambiar el entorno solo tengo que sacar mi estrella de sheriff de la Buena Voluntad y listo. Es sencillo, remarcar unas cátedras de género y apoyar el poder establecido victimizando a la mujer por parte del patriarcado, ese linaje de Lord Voldemort (hombres blancos) que manejan el péndulo de las civilizaciones. Además para llevar a cabo una labor de buen feminista scout en el caso de aventurarme en un academicismo reivindicativo, he de protestar por mi sinfín de privilegios obtenidos desde la cuna, admito, para después, sentarme y callarme


A continuación dejo el final de la carta. Y al final de mi entrada, dejaré el enlace a dicha carta.



“Todavía no parece muy claro lo que la campaña #HeForShe pretende hacer. Pero si llega a proponer algún tipo de estrategia para los hombres del mundo que quieren ayudar con el progreso del feminismo, espero que sea ésta: sentaos y callaos. Admitid vuestros privilegios y renunciad a ellos. No intentéis dar más poder a las mujeres (¡es precisamente eso lo que están haciendo ellas!). Reducid vuestro propio poder e intentad convencer a otros hombres de que hagan lo mismo.

Admitir privilegios, renunciar a ellos y convencer a otros hombres de que hagan lo mismo tienen que ser los pilares del feminismo de los hombres. Si no hacemos eso, no estamos ayudando al movimiento, lo estamos revirtiendo. Y al final, si no quieres ser feminista por si te obliga a sentarte y callar la boca, está bien. El feminismo no te necesita a ti.”
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Tras leer el Kit de Acción de #HeForShe me temo que algo está cambiando. Tal vez la saga de Harry Potter llega a su fin y vuelva “El segundo sexo”.




No te lo pienses- Nicoletta Tomas Caravia










María del Pardo Esteban y Félix Rodrigo Mora
 “Feminicidio
o
auto-construcción de la mujer”
Ed. Aldarull





SIMONE DE BEAUVOIR,
MISOGINIA Y MENTIRAS
PARA CONSTRUIR
LA MUJER NUEVA

Merece especial atención la obra cumbre del feminismo, “El segundo sexo”, de Simone de Beauvoir, publicada en 1949, fecha a retener para comprender su propósito y significación. Lo primero que resalta en ella es su intención totalizante, al ofrecer una interpretación completa y definitiva del asunto considerado, y su pretensión de omnisciencia, principios comunes a todo pensamiento religioso. Examina la condición femenina desde la biología, el psicoanálisis, el materialismo histórico, la historia, los mitos, la política, la economía y algunas disciplinas, o pseudo-disciplinas, más. Es una lástima que ese ejercicio se realice con materiales intelectuales de segunda y tercera categoría, por lo general tomados de obras de divulgación, pues la autora lo ignora todo de los asuntos que trata (eso es obvio especialmente en la parte que dedica al análisis histórico, un rudimentario texto escolar elaborado con lugres comunes), aferrándose además a modas intelectuales de su tiempo ajenas al saber cierto, hoy justamente olvidadas, como son el freudismo y el materialismo histórico. En realidad, lo que hace es literaturizar de forma fácil, simple y ramplona los asuntos tratados, sin voluntad de verdad y, por ello, sin alcanzar ninguna consecuencia apreciable que, en tanto que certidumbre imparcial y objetiva, pueda ser considerada con respeto.

A pesar de la simpleza argumentativa del texto, las instituciones académicas y políticas lo han convertido en un dogma teórico, esto es, un sistema de creencias obligatorias, una religión política en suma, que se impone por aleccionamiento a la multitud (a los hombres tanto como a las mujeres) para que en las mentes de las clases populares prevalezca lo que interesa al poder constituido…

[…]

Lo primero se manifiesta en el desprecio y rencor con el que concibe el cuerpo femenino, negativo en sí, por ejemplo, cuando dice que “todo el organismo de la hembra está adoptado a la servidumbre de la maternidad”, pues ésta, por sí misma, entendida al margen de sus determinantes o condicionamientos políticos, económicos y culturales, no es tal, sólo una experiencia humana magnífica, y envidiable, reservada a una parte de la especie, la mujer. Desde luego, considerar la maternidad como una “servidumbre” es situarse en el terreno del machismo más bronco y cuartelero presentando las particularidades de la biología de la mujer como causa de su supuesta inferioridad…

[…]

…su compañero intelectual, el pseudo-filósofo J.P. Sartre, haciendo gala de una misoginia aún más repulsiva que la e la autora examinada, lo denomina “infortunada anatomía”: tales son los averiados fundamentos doctrinales del Estado feminista, que tiene en De Beauvoir su santa patrona.

[…]

Cuando se publicó “El segundo sexo”, en el año 1949, Simone de Beauvoir poseía una biografía bien curiosa. Junto a J.P. Sartre, el guía por excelencia de la conciencia francesa de posguerra, que se creía profunda y exquisita pero era sólo trivial y adocenada, se presentaba como miembro de la Resistencia contra la ocupación nazi y el fascismo autóctono, condición necesaria para ser, en ese tiempo, respetada y considerada, aunque los estudios de la Resistencia no tenían pruebas de ello y excluyeron a ambos de las listas  de resistentes y luchadores…

[…]

…la autora enuncia sin rubor en “El segundo sexo”: “En cada esquina puede empezar una pelea, para el hombre es suficiente sentir en sus puños la voluntad de afirmación de sí para que se sienta confirmado en su soberanía… la violencia es la prueba auténtica de la adhesión de cada cual a sí mismo, a sus pasiones, a su propia voluntad”. Se duele asimismo de que las niñas “las peleas, las riñas les están prohibidas”.

Hay que entender esta devoción hacia la violencia camorrista y pendenciera de cuarteles y tabernas, poniéndola al lado de la actitud que la autora tuvo cuando se presentó la ocasión de luchar, de emplear la violencia y de arriesgar la vida por una causa justa, entonces se evadió de tal carga en la que, por contra, sí participaron muchas mujeres que tal vez no eran aficionadas a riñas y conductas dañinas gratuitas, pero estaban dispuestas a luchar y dar la vida en muchos casos por una causa justa.


La meta práctica de tal construcción teórica era crear mujeres capaces de ascender en el bárbaro mundo de la política a las altas esferas del Estado y empresarias agresivas y amorales dispuestas a todo con tal de medrar y enriquecerse, lo que debía reforzar el poder del estado francés y su empresariado como clase en el mercado mundial, acelerando la acumulación y concentración del capital…

[ … ]

Un dato que permite aquilatar mejor la naturaleza verdadera de “El segundo sexo” como obra admirada por la reacción más extrema, es que María Laffitte, condesa de Campo Alegre, en la segunda edición, 1950, de “La secreta guerra de los sexos” (publicado bajo el franquismo y con su beneplácito por primera vez en 1948), cita con aprobación y admiración aquel libro del que ofrece un resumen. Es asombrosa la coincidencia de ideas entre la obra de Campo Alange y la de Beauvoir, siendo anterior en el tiempo de la primera. Especialmente cercano es su punto de vista sobre la maternidad que expresa así Laffitte, “siente latir dentro de sí algo que ignora o que entrevé solamente, y deja obrar en ella los mandatos de la especie en actitud de pasividad”, concluyendo que “En general, nunca se concedió a la mujer la facultad de liberar su energía materna para emplearla en alguna actuación extramaterna… hasta hace poco, y aún todavía, solo parecía legítimo que la mujer satisficiera sus ambiciones dentro de la maternidad. Jamás se permitió poner otra meta a su instinto”. Estos ideales no sólo no son  perseguidos por el franquismo, sino que el texto fue un éxito editorial que llevó a realizar una segunda edición a los dos años de su publicación, lo que, en las condiciones políticas del país era imposible sin el apoyo del régimen.

Situemos tal acontecimiento en su contexto histórico. Esa aristócrata publicó el libro en 1948, esto es, cuando la guerra abierta entre la guerrilla rural y el régimen fascista estaba en un momento culminante, con un crecido número de detenidos, torturados, asesinados sobre el terreno y ejecutados por mandato judicial. En tal marco aquella señora no tuvo ningún problema en publicar su libro, que ofrece una versión levemente retocada de las formulaciones de la Sección Femenina falangista, con la que tuvo una relación cercana. La loa que hace de “El Segundo Sexo” en la segunda edición de 1950 no produce reacción negativa alguna en la censura franquista. En un momento en que la acción contra el maquis era ya una operación de exterminio, nada encuentran de malo los censores en la filosofía feminista de la autora. Esto es una muestra más de los numerosos lazos que unen al feminismo con la extrema derecha, ayer y hoy, dado que ambos coinciden en lo sustantivo, la férrea voluntad de someter a las mujeres a la estrategia y biopolítica del ente estatal. Mientras muchos y muchas (el apoyo de la mujer rural a la resistencia armada fue enorme, y hoy ya es una leyenda) padecían y morían, en Francia y en España, Simone de Beauvoir triunfaba en los salones de la aristocracia, en los despachos de los políticos, en las dependencias de la gran empresa y en los locales de la Falange y de la Sección Femenina.


Nótese asimismo que la expresión “la secreta guerra de los sexos”, que da título al libro, acuñada en realidad por O. Spengler, la cual sintetiza el sistema de ideas del feminismo, pudo circular sin problemas bajo el franquismo. Esto se explica porque éste, como todo poder estatal, está vitalmente interesado en expandir y azuzar al máximo el enfrentamiento entre mujeres y varones, pues de ello depende una parte sustantiva de su supervivencia.

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Simone de Beauvoir es el paradigma de la intelectual y del intelectual del feminismo: lo que de ella se expone puede ser aplicado a casi todas y todos los que han ejercido y ejercen tan liberticida y feminicida función, hoy premiados con cantidades colosales de dinero tanto como con carreras profesionales exitosas, siempre que cumplan a la perfección el doble objetivo de destruir a las mujeres y enfrentarlas con los varones. Un ejemplo son las Cátedras de Género con su correlato e cursos, titulaciones, premios y productos de todo tipo que están proliferando en las universidades. Quienes pertenecen a ese sistema no pueden representar a las mujeres pues son, y solo pueden ser, la voz del régimen al que sirven y del que se sirven.
Frente a la nadificación de la verdad y al culto por el Estado es necesario defender la necesidad de eliminar por vía revolucionaria el poder como disvalor, precisamente para que se expanda la verdad como valor y bien, en tanto que medio, ciertamente, pero sobre todo como fin en sí y por sí.




María del Pardo Esteban y Félix Rodrigo Mora







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Un kit de acción. Desviar la atención del poder mediante el embuste y el adoctrinamiento masivo. Un conjunto de piezas que se mueven unas a otras, las víctimas, y los culpables. Hace poco vi en un medio de desinformación un estudio de la World Econimic Forum indicando en un mapa cómo se distribuye el tema de la igualdad a favor de las mujeres en los países democráticamente desarrollados, los ganadores claro eran los países nórdicos. En el mismo medio y sobre uno de esos países nórdicos reseñaban que en ciertos geriátricos tras valientes estudios (películas pornográficas) decidieron contratar el servicio de prostitutas para alargar/alegrar la vida en dicho geriátrico. ¿Se produce un sistema de neutralidad? Estabilizar un Sistema-Estado consiste en acercar el poder a dicha estabilidad por medio de la necesidad. Primeramente se crea la diferencia, la desigualdad, se moldea a los hombres para determinadas tareas, y a las mujeres para otras tareas, luego mediante una “política” se busca el consenso. Es decir; el simulacro, fantasmagorías que politizan el ser hasta exculpar al Capital. 


Yo hace mucho que perdí la esperanza por encontrar algún vestigio de inteligencia en el ser humano incluyendo todos los géneros posibles,  pensables y deseables. Aquí también la soberanía de igualdad en cuanto a estupidez, hoy, es instituida desde la cómoda pedantocracia que defiende a las clases propietarias guiando a los desfavorecidos, y desfavorecidas, hacia la tierra prometida.




La carta abierta a los hombres…”


aquí...

POST SCRIPTUM _

Para que nadie haga una conclusión equivocada a mi postura diré que mi postura no existe, no soy feminista ni masculinista. Existe demasiada fe en la justicia como para determinarme, una fe tal vez forjada desde la infancia convirtiéndonos en seres dependientes de  leyes e instrumentalización de  penas, mera pedagogía. ¿Se erradica el homicidio con el endurecimiento de las penas o es al revés? Tal vez en algo tenga razón el autor de la carta, lo mejor para un feminista es dejar en manos de las mujeres su emancipación con toda la dificultad y peso que conlleva pues carecen de la ausencia del deber del sacrificio. Cuántas enfermedades del “yo” todavía por diagnosticar, por reprimir, no mucho más ha de crecer el progreso para cerrar las puertas y consolidar el callejón sin salida de la burguesía. La brecha entre hombres y mujeres no será/es nada en comparación con la brecha entre el poder, y la mayoría que no lo detenta debido al darwinismo social. Se nos aviene a convertirnos en una masa incapaz de ver el rosto del Otro, vislumbrar sí, un líder político ante el funesto “desamparo organizadoH. Arendt. Se nos empuja a sentirnos culpables, víctimas, no cesar en consumir una razón, un estado y una historia, sacrificar así la individualidad.

El poder está en la facultad de hacer pedazos los espíritus y volverlos a construir dándoles nuevas formasG. Orwell.




 Antes del mes de Julio del año venidero, la campaña #HeForShe pretende movilizar a mil millones de hombres. Supongo que las mujeres en verdad vinculadas al feminismo tendrán en cuenta tal movilización, de ellas depende hacer sentar y callar a esos mil millones de hombres “feministas” mediante algo más que magia organizada.




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