14 de enero de 2019




-Diario de-


Ahora sí puedo escribir que llevo tanto tiempo sin la escritura que ya no recuerdo el método. (Transcribo del manuscrito pero me engaño por no usar mi lengua maternal, el gallego. Soy víctima de mi momento.) Claro que el tiempo es relativo. No así el espacio. Escribo esto mientras deambulo en una nueva morada y llevo el cuaderno de una estancia a otra. Dudo si escribir sobre lo visible o lo invisible, vamos, visibilizar lo invisible, trazando un camino con los espíritus que inhalan la brisa, o borrar; invisibilizar lo visible con una … cualquier dialéctica.

La palabra es lo más relativo que jamás se haya inventado, al menos en manos de Occidente. Paradoja antropocéntrica.


El hombre las asemeja, las palabras, a hormigas, abejas, arañas o acantilados donde danzan las flores salvajes y el aire se afina en brazos del mar.

En el caso de querer hacer inventario de los ciclos diurnos y nocturnos sucede que cada palabra es una huella. Dar presencia a aquello que no tiene. Es probable que el avance o retroceso de toda cultura nazca de la presencia y precisión a la hora de “gramaticalizar”* la realidad. Esa vaga idea de reconocimiento que cada ser humano labra en colectividad. Sin embargo mi inventario nada tiene que ver con una acción ni afectación, ni entablar reconocimiento. Imponer un orden de identidad, discriminar el entorno, el sesgo que designa la supuesta eterna infancia de las últimas décadas. Nada nuevo. Toda cultura sublimada a la imagen (adherida) entrega su piel* y lo llama deshumanización y sigue, sigue, sigue transeúnte ocioso. Estos seres se evitan, carecen de puntos de referencia y su sustancia . . .
* entrega su cabeza a una representación. Hoy día la cabeza y la imagen comparten escena
* El arte rupestre es una ficción en cuanto si yo describiera los actos, sucesos, sociedad, sucedáneo.


La tragedia, tomar la representación por (lo) real; la obediencia civil, la superficialidad, ubicarse voluntariamente en el limbo. La verdad, esas suma de relaciones naturales que se dan cuando existe un espacio común sobre el que transitar, deja de existir. Ajetreados como átomos sí, pero inexistentes, adorando su propia servidumbre. La comunicación extraviada en esas relaciones de opresión se hace control rutinario.

La incertidumbre del entorno desenfoca la identidad, una identidad hace mucho muerta pero activa gracias al gotero de la tecnología y el culto ciborg. (Goteo.. esto me recuerda que debo leer al tal Bauman). La identidad cuando tenía menos ajetreo se dedicaba a enunciar los logros de la humanidad. Pero ahora ¿qué son esos logros sino engaños? Invenciones para el ideario del Capital. Una cobaya no nace para ser encerrada en una jaula, para su alivio, se le introduce una rueda. El cuerpo deja de existir y la mirada pierde ese punto de apoyo, la cabeza se entrega al rodamiento.
¡Demasiada información! -dice el pollo corriendo recién descabezado.
(Basado en una experiencia vivida, dentro de mi casa.)



Por esta razón siento que mi inventario es pura contemplación, decido no dejar nada fuera. Excepto las opiniones. Una opinión es lo más semejante a un círculo. El marco casi ovalado de un retrato. Una regla práctica nace de los mecanismos de las opiniones, sumergir la mirada en la decadencia y alimentar el espíritu de la venganza y la voluntad de poder, declarar pasado de moda cualquier sentimiento trascendente. Resentimiento, mala conciencia, dos estigmas que el ser humano inocula en todo cuanto le rodéa. Para dormir necesita contar ovejas como quien se apropia de una libertad ajena. por la cuestión que séa en mis últimos años convivo con seres que anhelan imponer su punto de vista sin trazar los dos, al menos, puntos de apoyo para sostener el trazo. El tramo. El retrato cae y rueda. La suma de pasado y el futuro no crea el presente. Lo destruye, lo convierte en un artilugio apocalíptico que enmarca su periferia y reconcilia con su mediocre mortalidad. Sucede un poco como con el paranoico acusado de serlo que así justifica su ser y su impresión de ser perseguido. No sabe, que es él quien persigue a su propia cabeza.


14 – Diciembre - 2018

4 comentarios:

  1. Pues a mí me encanta pasear entre tus palabras, siempre me producen miles de sensaciones, a veces tengo que leer tus párrafos varias veces, pero eso....tambien me gusta, y quizás lo que más, crear mi propia lectura de lo que tu escribes. Quizás como ese aire que se afina entre brazos de mar.

    Me alegra poder estar aquí. Un abrazo.

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    1. Qué gusto sentirte por aquí. Pues… procuraré mantener un mínimo de esfuerzo y un máximo de ilusión para las buenas prácticas de este blog. Mi intención es recuperar el aire que antes me empujaba. Mira tú lo que son las cosas que esta semana me traje unas piedras que tenía guardadas allá en mi casa familiar. Unas piedras que tú me enviaste, que al fin quité de la saca y ahora están desordenadas sobre una miniatura de armario. Me alegra que estés acá así que procuraré que vuelvas y te pueda ofrecer textos en los que perderte.

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  2. Qué lindo volverte a leer! Y, a pesar de tu mencionada falta de práctica, cuántas emociones desde este relato. Te envío un gran abrazo Daniel!

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    1. Hola María. También es un placer, sentir acá seres que desde hace mucho me acompañan como vos. Intento recuperar el placer de la contemplación, enterrar el mundo de las significaciones. Volver a escribir como quien patina o hace el lazo de un zapato. Así que procuraré no despistarme y empezar poco a poco.

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