sin temor a
perderse
debe saber
jugar desde fuera de sí,
debe saber
ser nadie,
saber
anticiparse a lo que habrá de ser.
Así me
hablaste
cuando
murciélago volaba
a ras de
suelo.
Qué
espléndida tu sombra cuando avanzas
desprovisto
de aliento y de espesura.
Se extiende
sobre el bosque,
al mismo
viento enmaraña,
deja ciega a
la luz
y separa a
los seres sin dañarlos
más de lo
que lo haría una nube al pasar.
Cuando juega
a enredarse con la hiedra
en mis
tobillos, Señor de los bosques,
mi vientre
se convierte en un nido de pájaros
recién
nacidos
que esperan
su llegada como la de una cobra
por el
erguido tronco de mis piernas.
Tu sombra en
mí devora las mil formas que el bosque
toma cuando
descansas.
Si estuvieras
un día fuera de ti solamente sabrías
lo intensa
que es la muerte.
Si estuviera
sin ti la muerte solamente una noche
no se
despertaría el oso blanco
de la
aurora.
Poco sabes
de ella pues se esconde en tu risa justo cuando
se apaga.
Si en ese
mismo instante mirases como mirasen las garzas
verías como
de mi pecho se cuelga cada tarde
para mamar
un resto de amapola.
Luego se
duerme en mi vientre y espera
tu abrazo y
mi delirio.
La beso
entonces con ternura.
Es tan
blanca que apenas puedo saber cuando se ausenta.
Chantal
Maillard “Hainawuele” 1988
Si el
fundamento psíquico interno de nuestra apariencia individual no fuese siempre
el mismo, no podría existir una ciencia como la psicología que, en tanto que
ciencia, se basa en un psíquico “por dentro todos somos iguales”, del mismo
modo que la fisiología y la medicina se basan en la identidad de los órganos
internos. La psicología, la profunda o el psicoanálisis, no descubre más que
los siempre cambiantes estados de ánimo, los altibajos de la vida psíquica, y
sus resultados y conclusiones no son ni particularmente atractivos ni muy
significativos en sí mismos. Por otra parte, la “psicología individual”,
prerrogativa de la ficción, la novela y el drama, nunca podrá ser una ciencia;
como ciencia resulta contradictoria en sus propios términos. Cuando la ciencia
moderna empezó por iluminar por fin la bíblica “oscuridad del corazón humano”
–de la que Agustín de Hipona dijo : “Está oculto el corazón bueno, asimismo lo
está el malo; hay abismo en el corazón bueno e igualmente lo hay en el malo”-,
resultó que no era más que “un almacén y acopio de males variado y lleno de
pasiones “,tal como Demócrito ya había sospechado. O, por decirlo de una manera
más positiva: “El sentimiento es magnífico mientras que permanece en el
fundamento, pero no cuando sale a la luz y quiere transformarse en ser y
gobernar”.
La monótona
igualdad y la penetrante fealdad que caracterizan los hallazgos de la
psicología moderna, y el contraste tan evidente con la variedad y riqueza de la
conducta humana tal como se manifiesta abiertamente atestiguan la diferencia
radical que existe entre el interior y el exterior del cuerpo humano.
Hannah
Arendt “Pensamiento” 1971
“Flores para
el oído”
en todas
partes hay flores
acabo de descubrirlo escuchando
flores para
el oído
lentas
silenciosas apresuradas
flores
para el oído
caminando
por la calle
que un
hombre rompe con un taladro
sentí el
horror de la primavera
de tantas
flores
abriéndose
en el aire
y cerrándose
de tantos
ecos
negros rizados pétalos
arrastrándose
hasta el borde de mar de tierra
recién abierto
se que un
día de estos
acabaré en la boca de alguna flor
Blanca
Varela “Canto villano” 1972- 1978.
Proemio a mí
mismo...
“No escribir
sería no ver, no querer ver. La escritura multiplica”
Ada Salas “Alguien
aquí, notas acerca de la escritura poética”
***
**
*Epílogo a
mi intuición” (Ese lugar existe, nutre.)
Se arraciman algunas vibraciones
tal vez para silenciar,
preflorar el motín de mi sombra
y volver a la intuición.
Se nutre la sombra con mi caparazón
tal vez para hacer fango de entraña,
deliberada
y volver a la intuición.
Al nacimiento
tal vez sin despertar la piel,
acudiré al palacio subterráneo con un santo y seña
y volver.
Lo que imagino de la intuición es el combate, la fragua perdida en la historia y más allá. Oteo el pueblo Shona, dueño de un inmenso bosque. Los Shona, los creadores de la Gran Zimbawe, la mayor población pre-europea megalítica al sur del ecuador. Una primavera sin voz, tal vez.



