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| Zhang Quanzong 张泉踪 (1964~) shuimohua work |
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Los supermercados, los centros comerciales, son el ágora de las reclusiones de la necesidad y también de las exhibiciones
de la abundancia. La paradoja, emana de los senos de la discordia. Es visible
la transversalidad invisibilizada institucionalmente, casi-como-lugar mítico y
heroico. Cuando no es más que el comercio que resta de la explotación,
modificaciones genéticas, contratos indefinidos, nulo criterio ecológico por
los contaminantes usados, y una etiqueta, que marca el precio.
El capitalismo
y la tecnología adherida hacen de las ideologías también un producto. Siempre
novedoso sí, pero siempre capaz para deshumanizar mediante imperios o bien
imperativos. Las prácticas de apoyo mutuo, se viralizan, y tan solo algunas
gentes libertarias y anarquistas, han sabido tender mediante la acción y la
palabra. En lo que queda de vida pensante y sintiente será de ese modo. El
anhelo de dominación debería ser extirpado antes de hacer caer dicha dominación.
El deseo inane de derribar/cambiar el sistema de dominación es menos que nada
si no se ataca su deseo. Deseo que es máquina y obedece a una energía. El Mal.
Lo más siniestro
es ver la demandada y actual necesidad sobre debatirla como banalidad, mito re-creado
durante las “guerras mundiales” y centrado por ejemplo en los mediáticos
juicios de Nuremberg como-mal
inevitable, aunque juzgable. Y mientras tanto se restablecía el poder hegemónico
alemán promoviendo a otros criminales no mediatizados para cargos públicos y
privados, políticos, etc. A veces está bien preguntarse sobre los 25 millones
aproximadamente de muertos, asesinados, bajo opresión militar estadounidense.
El seudo confort de la liberación tecnológica y el politeísmo de la mercancía que
condiciona y manipula la vida.
¿Tendrán los
mundanos pensadores a bien pensar sobre la contradicción de la mercancía?¿Entre
su naturaleza abstracta como valor de cambio y su fertilidad como valor de uso
para reparar el deseo, los deseos?¿No nace así el capitalismo?¿No se nos empuja
literalmente a trabajar violentamente, embriagados de olvido, y solo aspirando
a apropiarnos de un metal?
El antagonismo
base como formación a las teorías burguesas, aspira a universalizar los diálogos
aporéticos y construir un juicio estético del todo interesado. Eliminar
cualquier esfuerzo que trascienda plenitud para el individuo y por extensión a
la humanidad. Lo que trasciende sin embargo, de la técnica, del trabajo, y de
la ciencia, es un resumen burocrático, una planificación de evidencias
insensibles que reposan en la apariencia; es decir, la buena vida. El
arquitecto académico hoy es el rey del twitter… Voy a traeros un texto de 1975
de Roberto Juarroz sobre el poeta Antonio Porchia “La profundidad
es lo opuesto a la política. No es extraño que esta palabra no aparezca en toda
la obra de Porchia. La política maneja a los hombres, los instrumentaliza, los
mediatiza, les impone prioridades, los subordina al poder y la ambición, los
somete a causas e ideologías, los convierte en rebaño.” / ”El pensar
profundo transforma, como el amor profundo. Transforma y crea porque encara la
imposibilidad, la muerte, la nada. Esto se les olvidó a todos los gesticulantes
revolucionarios de superficie. Pero no a la poesía que es el pensar integrador
y último, el pensar que siente, el pensar que crea, el verbo transfigurador, la
abertura del fondo”.
Voy a dejaros ahora un texto del paraguayo Rafael Barret, si clicais aka abriréis el enlace a un texto biográfico bien escrito allá en el aullido
El esfuerzo
La vida es un arma. ¿Dónde herir, sobre qué obstáculo
crispar nuestros músculos, de qué cumbre colgar nuestros deseos? ¿Será mejor
gastarnos de un golpe y morir la muerte ardiente de la bala aplastada contra el
muro o envejecer en el camino sin término y sobrevivir a la esperanza? Las
fuerzas que el destino olvidó un instante en nuestras manos son fuerzas de
tempestad. Para el que tiene los ojos abiertos y el oído en guardia, para el
que se ha incorporado una vez sobre la carne, la realidad es angustia. Gemidos
de agonía y clamores de triunfo nos llaman en la noche. Nuestras pasiones, como
una jauría impaciente, olfatean el peligro y la gloria. Nos adivinamos dueños
de lo imposible y nuestro espíritu ávido se desgarra.
Poner pie en la playa virgen, agitar lo maravilloso
que duerme, sentir el soplo de lo desconocido, el estremecimiento de una forma
nueva: he aquí lo necesario. Más vale lo horrible que lo viejo. Más vale
deformar que repetir. Antes destruir que copiar. Vengan los monstruos si son
jóvenes. El mal es lo que vamos dejando a nuestras espaldas. La belleza es el
misterio que nace. Y ese hecho sublime, el advenimiento de lo que jamás
existió, debe verificarse en las profundidades de nuestro ser. Dioses de un
minuto, qué nos importan los martirios de la jornada, qué importa el desenlace
negro si podemos contestar a la naturaleza: -¡No me creaste en vano!
Es preciso que el hombre se mire y se diga: -Soy una
herramienta. Traigamos a nuestra alma el sentimiento familiar del trabajo
silencioso, y admiremos en ella la hermosura del mundo. Somos un medio, sí,
pero el fin es grande. Somos chispas fugitivas de una prodigiosa hoguera. La
majestad del Universo brilla sobre nosotros, y vuelve sagrado nuestro esfuerzo
humilde. Por poco que seamos, lo seremos todo si nos entregamos por entero.
Hemos salido de las sombras para abrasarnos en la llama; hemos aparecido para
distribuir nuestra sustancia y ennoblecer las cosas. Nuestra misión es sembrar
los pedazos de nuestro cuerpo y de nuestra inteligencia; abrir nuestras
entrañas para que nuestro genio y nuestra sangre circulen por la tierra.
Existimos en cuanto nos damos; negarnos es desvanecernos ignominiosamente.
Somos una promesa; el vehículo de intenciones insondables. Vivimos por nuestros
frutos; el único crimen es la esterilidad.
Nuestro esfuerzo se enlaza a los innumerables
esfuerzos del espacio y del tiempo, y se identifica con el esfuerzo universal.
Nuestro grito resuena por los ámbitos sin límite. Al movemos hacemos temblar a
los astros. Ni un átomo, ni una idea se pierde en la eternidad. Somos hermanos
de las piedras de nuestra choza, de los árboles sensibles y de los insectos
veloces. Somos hermanos hasta de los imbéciles y de los criminales, ensayos sin
éxito, hijos fracasados de la madre común. Somos hermanos hasta de la fatalidad
que nos aplasta. Al luchar y al vencer colaboramos en la obra enorme, y también
colaboramos al ser vencidos. El dolor y el aniquilamiento son también útiles.
Bajo la guerra interminable y feroz canta una inmensa armonía. Lentamente se
prolongan nuestros nervios, uniéndonos a lo ignoto. Lentamente nuestra razón
extiende sus leyes a regiones remotas. Lentamente la ciencia integra los
fenómenos en una unidad superior, cuya intuición es esencialmente religiosa,
porque no es la religión la que la ciencia destruye, sino las religiones.
Extraños pensamientos cruzan las mentes. Sobre la humanidad se cierne un sueño
confuso y grandioso. El horizonte está cargado de tinieblas, y en nuestro
corazón sonríe la aurora.
No comprendemos todavía. Solamente nos es concedido
amar. Empujados por voluntades supremas que en nosotros se levantan, caemos
hacia el enigma sin fondo. Escuchamos la voz sin palabras que sube en nuestra
conciencia, y a tientas trabajamos y combatimos. Nuestro heroísmo está hecho de
nuestra ignorancia. Estamos en marcha, no sabemos adónde, y no queremos
detenemos. El trágico aliento de lo irreparable acaricia nuestras sienes
sudorosas.
[LOS
SUCESOS, 27 de noviembre de 1906]
Rafael
Barret

