El suelo está frío,
mis pies descalzos me lo hacen saber. También mis oídos me dicen que pasa el
camión de basura, un poco más tarde de lo habitual. Y huelo mal. Vamos, sudor y
suciedad del día. Lo habitual, para hacer una casa, que siempre está
rehaciéndose. Vengo de ella con cansancio. Pero no por el esfuerzo físico, sino
mental/emocional. Dos voluntarias independientes hablaron (no llegué a la prev
asamblea) de sus recientes experiencias en campos de refugiadas. No vienen de
Venezuela. Les habría sido más fácil tal vez.
Lo más duro es ver
la red dispuesta. Sí, correr con aquel grupo de niños para recuperar un balón
de trapo. Y la inmensidad de contenedores portuarios con ropa por organizar y
¿no saber qué hacer con la ropa de las mujeres, reírse al ver docenas(…) de
zapatos de tacón alto. ¿Pero no es duro ver la red de la “democracia” tomando
el mando del genocidio?¿Por qué no hablan, ahora que llegan las elecciones, de zanjar
una acción eficaz para “normalizar” la vida de dos millones de refugiadas? No
me parece muy larga la pregunta, al igual, la respuesta.
Hay lugares, que se
han convertido por indefinición, en perpetua re-presentación electoral. Sintagma.
Se renuevan lazos en el exterior, y otros, no cotizan, o bien, ya no son
moda(syriza/mola). La huelga general sólo se da en ciertos sectores, cumplen
ciclos. Los pocos piquetes que se pueden ver en la calle, son
imaginados, pensados, por la mayoría, como mera anécdota de su lugar, su ruleta
de anécdotas.
El suelo, está
frío.