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| momento del asalto en Verviers |
CHANTAL
MAILLARD
BÉLGICA
ED PRE-TEXTOS
La
locura como situación espacial. La mente como territorio
***
Abandonar
todas las ficciones propagadas a lo largo de la historia. Remontar su curso
hasta su nacimiento, y antes de él. Imaginar la convivencia de los seres
humanos antes de los mitos, antes de las apariciones y parusías, antes de los
profetas y visionarios. Ahí donde la extrañeza de la sombra bajo la propia mano
y la necesidad, experimentada en la sangre —¿en la sangre? —, la necesidad, sin
más de seguir viviendo.
Sobreponerse,
también, a aquella otra necesidad, creada después de los dioses, la de tener
verdades. Y a lo que sucedió después, en ciertos territorios: la contracción de
las verdades múltiples en una sola, la de los dioses, que no eran ni tenían que
ser verdaderos, en un solo dios verdadero.
Y
luego, procurar sonreír. Tan frágilmente vives, vivimos.
Con-jugar.
La dignidad y el miedo, en paralelo.
La
verdad es redonda, decían los griegos, y ¿cómo no? La diosa de Parménides
estaba en lo cierto. La verdad es tautológica siempre, y toda tautología es
circular. Las conclusiones de un silogismo están dadas en las premisas. No hay
descubrimiento. Todo círculo es vicioso. Si todos los cisnes son blancos y
“esto” es un cisne, entonces “esto” es blanco, por supuesto, pero ¿acaso no
estaba “esto” incluido en la premisa que dice que todos los cisnes son blancos?
No se ha añadido nada. Que “esto” sea un cisne ha tenido que afirmarse desde un
inicio para que pudiese construirse el silogismo. El singular precede siempre a
la abstracción. No obstante, los filósofos creyeron descubrir el mundo con esta
herramienta. Desde Aristhoteles hasta Hegel, compusieron magníficas sinfonías
filosófico-tautológicas. Sólo Wittgenstein entendió a Parménides: toda respuesta
está dada en la pregunta. Por eso, no por otra cosa, la verdad es redonda.
***
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| zoe leonard |


