4 de julio de 2011

Es un bo


Es un bohemio. Suele decirse cuando alguien trata su existencia desde un peldaño superior y en cambio no busca nada. Sí, es un tipo curioso que hace apología de las múltiples facetas de la vida, pero no se da cuenta de que eso no sirve para el presente, y renegado, desordenado, se encarama  como un gato, y le llamamos bohemio, que  masculla ininteligiblemente.
Tal vez porque la evolución nos ha vomitado un festín de constantes novedades; vacías. Una sociedad cada vez más globalizada. La armonía de intereses y sentimientos justifica nuestra posición, pero si nos ahogan de presente, seremos habitantes en una babel en la que lo primordial será únicamente sobrevivir sin sueños propios. Esa es la luz del bohemio. Fabricarlos. Convertirlos en su periferia. Le es menester además suprimir la seriedad a cualquier institución. Pues son puras abstracciones. Ultimamente se nos hace creer en la crisis económica. Brillante de teorías, todas inexactas. La única verdad es que justifican sus privilegios -los gobiernos- y sin disimulo hacernos víctimas de la misma creencia. La libertad de cada uno –dicen- tiene por límite la voluntad de los demás. Ellos se erigen como el apoyo de la balanza. Su vanidad de mando, bascula la ley del péndulo.
Pero el bohemio no reflexiona sobre estas vaguedades porque le es indiferente el porvenir del mundo. Me mira a los ojos, y admiro su dedicación al aislamiento. Cierro el grifo y lo dejo detrás del espejo. Salgo corriendo de casa, cuando todavía es noche cerrada, y los primeros del día salimos al encuentro de nuestros pesados y aburridos trabajos.

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