“Todas las hojas son del viento,
menos la luz del sol”
Luis Alberto Spinetta
Jeremy Hush -Nettled. 2011
DOCUMENTACIÓN SOBRE VAN GOGH
EL
SUICIDIO DE LA SOCIEDAD
escrito
de antonin artaud
II
Puede hablarse
de la buena salud mental
de van Gogh,
que hizo en toda su vida
sólo se hizo asar una
mano y fuera de eso no pasó
de cortarse la oreja izquierda en una ocasión
en un mundo
en que diariamente se
come vagina asada, o sexo de recién
nacido, flagelado y enfurecido en el momento exacto
de su
salida de la pelvis.
No es una imagen, es un
hecho,
minuciosamente cultivado
y repetido en toda extensión
de la tierra,
pues así es
como la vida actual, por más delirante que pueda
parecer esta historia, se mantiene en el marco de su
espan-
tosa cacofonía.
Esto va mal
porque la conciencia enferma tiene el máximo
interés, en este momento, en no salir de su
enfermedad.
No hay
psiquiatra que no sea manifiesto erotómano, un
toxicómano o un inveterado alcohólico.
Nada hay como
tener la pretensión de asistir y curar lo in-
curable para descubrir hasta que punto lo incurable
no existe y
que no puede haber enfermedades mentales porque no
existe
ni nunca existió lo mental,
al ser lo
mental un falso organismo que no responde a
nada, en ningún hombre vivo corresponde a nada, y
mate-
rialmente hablando hay más posibilidades de
descubrirlo en
algunas razas de ( ) que en la desesperante raza humana,
demasiado avara, demasiado criminal, demasiado
codiciosa, de-
masiado cobarde para lograr soltar algo de su
inveterada animalidad,
no, los
hombres carecen de lo mental, aunque nunca hayan
podido resignarse a ceder íntegramente a los animales
esta estúpida
función, del mismo modo que en los
orígenes carecían de sexo, lo que tampoco significa que fueran ángeles, pues el
llamado cuerpo del ángel fue originalmente más insípido, y sumariamente simple,
que el de unos chimpancés.
NO
creo que la regla de la erotomanía, la toxicomanía, o el alcoholismo de los
psiquiatras pueda sufrir ninguna excepción. Conozco a uno que hace unos años se
rebeló ante la idea de verme proferir tal acusación en bloque contra la raza de
las eminentes crápulas y estafadores legales de la que formaba parte.
Mas
yo, señor Artaud, me dijo, no soy alcohólico ni un toxicómano, y en lo tocante
a la erotomanía, le desafío a que me muestre uno solo de los elementos sobre
los que se apoya para echarme en cara esa acusación.
No
necesito mostrarle otro elemento que usted mismo,
doctor L.,
lleva
el estigma en su jeta,
pedazo
de puerco inmundo,
es
la facha de quien devora su presa sexual bajo la lengua y enseguida le da
vuelta como a una almendra, para burlarse de algún modo.
A esto se le
llama sacar uno tajada y colgarse la medalla.
Cuando en el
coito no consigue cloquear con la glotis y si-
multáneamente gorgotear con la faringe, el esófago,
la uretra y
el ano.
Y en su
sobresalto orgánico interno hay un hábito adquiri-
do que constituye el testimonio encarnado de un
estupro inmundo.
Usted cultiva cuidadosamente ese vicio recóndito
porque no es
socialmente nocivo y dicho hábito no está bajo la
férula de la ley,
pero está bajo la de otra ley, por la que toda
conciencia lesionada
sufre en el cuerpo, por todas partes martirizado, por
todas partes
disponible, de una realidad que nunca ha podido vivir porque
se
la impide respirar.
Y por el contrario ésta era la dimensión en que el pobre van
Gogh era casto, casto como no pueden serlo ni una Virgen ni un serafín, porque
precisamente fueron ellos.
los que fomentaron
y alimentaron en sus
inicios la gran máquina del pecado.
Por otra parte, doctor L., quizá sea usted de la raza de los
serafines pero por favor deje tranquilos a los hombres, el cuerpo de van Gogh,
exento de todo pecado, también estuvo exento de la locura que, además, sólo
nace del pecado.
Y no creo en
el pecado católico, pero creo en el crimen erótico del que precisamente todos
los genios de la tierra,
y los
auténticos alienados de los manicomios han preservado.
O de lo contrario es que no eran auténticamente
alienados.
Y ¿qué es un
alienado auténtico ?
Es un hombre que prefirió volverse
loco en el sentido socialmente admitido antes de prevaricar contra determinada
idea superior del honor humano.
Así es como la sociedad mandó
inmovilizar en sus mani-
comios a todos aquellos de quienes
quería preservarse,
porque rechazado convertirse en
cómplices de algunas in-
mensas porquerías.
Al
margen de los pequeños hechizos de los brujos
rurales, existen los grandes pases
de embrujamiento (general, universal, social, masivo, global)
en los que participa periódicamente
toda la conciencia en estado de alarma. Así es como con ocasión de una guerra,
de una revolución, de un trastorno social todavía en germen la conciencia
unánime es interrogada y se interroga, y luego emite su juicio. También puede
sucederle que en ciertos casos individuales de resonancia la provoquen y la
saquen de sí misma. Así es como hubo hechizos unánimes en los casos de
Baudelaire, Edgar Poe, Gerard de Nerval, Nietzsche, Kierkegard, Hölderlin,
Coleridge,
y
los hubo en el caso de van Gogh,
pueden
tener lugar de día, pero en general
suelen tener lugar de noche.
Así
es como extrañas fuerzas son elevadas y conducidas a la bóveda astral, a esa
especie de cúpula sombría que por encima de la respiración de la humanidad
constituye la más venenosa agresividad, del espíritu maligno de la mayoría de
la gente. Así es como las escasas buenas voluntades lúcidas que han tenido que
debatirse sobre la tierra, en ciertas horas del día o de la noche se ven
sumidas en las profundidades de auténticos estados de pesadilla en vela y
rodeadas por la formidable suc-
ción, por la formidable opresión
tentacular de una especie de magia cívica que pronto veremos aparecer en las
costumbres de
modo manifiesto.
Quizá
sea el mundo al revés,
mas
no obstante así son las cosas,
y
no existe delirio en pasearse de noche con sombrero
coronado por 12 veleas para pintar
un paisaje del natural.
Pues
como hace unos días decía mi amigo Roger Blin,
¿cómo se las hubiera arreglado el
pobre van Gogh para iluminarse ?
En
lo tocante a la mano asada, se trata de heroísmo puro y
simple,
en
cuanto a la oreja cortada, no es más que lógica directa,
y,
lo repito,
un
mundo que de día y de noche cada vez más engulle lo incomestible,
sobre esta cuestión no tienen otra
alternativa
que
cerrar el pico.
* * *