18 de abril de 2013

...que cerrar el pico/ Artaud



 
“Todas las hojas son del viento,

menos la luz del sol”

Luis Alberto Spinetta


 
Jeremy Hush -Nettled. 2011

 
no blues - full album 

DOCUMENTACIÓN SOBRE VAN GOGH

EL SUICIDIO DE LA SOCIEDAD

 

escrito de antonin artaud


II

 

Puede hablarse


de la buena salud mental de van Gogh,


que hizo en toda su vida


sólo se hizo asar una mano y fuera de eso no pasó

de cortarse la oreja izquierda en una ocasión
en un mundo
en que diariamente se come vagina asada, o sexo de recién
nacido, flagelado y enfurecido en el momento exacto de su
salida de la pelvis.
No es una imagen, es un hecho,
minuciosamente cultivado y repetido en toda extensión
de la tierra,
   pues así es como la vida actual, por más delirante que pueda
parecer esta historia, se mantiene en el marco de su espan-
tosa cacofonía.
   Esto va mal porque la conciencia enferma tiene el máximo
interés, en este momento, en no salir de su enfermedad.
   No hay psiquiatra que no sea manifiesto erotómano, un
toxicómano o un inveterado alcohólico.
   Nada hay como tener la pretensión de asistir y curar lo in-
curable para descubrir hasta que punto lo incurable no existe y
que no puede haber enfermedades mentales porque no existe
ni nunca existió lo mental,
   al ser lo mental un falso organismo que no responde a
nada, en ningún hombre vivo corresponde a nada, y mate-
rialmente hablando hay más posibilidades de descubrirlo en
algunas razas de (       ) que en la desesperante raza humana,
demasiado avara, demasiado criminal, demasiado codiciosa, de-
masiado cobarde para lograr soltar algo de su inveterada animalidad,
   no, los hombres carecen de lo mental, aunque nunca hayan
podido resignarse a ceder íntegramente a los animales esta estúpida
función, del mismo modo que en los orígenes carecían de sexo, lo que tampoco significa que fueran ángeles, pues el llamado cuerpo del ángel fue originalmente más insípido, y sumariamente simple, que el de unos chimpancés.
         NO creo que la regla de la erotomanía, la toxicomanía, o el alcoholismo de los psiquiatras pueda sufrir ninguna excepción. Conozco a uno que hace unos años se rebeló ante la idea de verme proferir tal acusación en bloque contra la raza de las eminentes crápulas y estafadores legales de la que formaba parte.
         Mas yo, señor Artaud, me dijo, no soy alcohólico ni un toxicómano, y en lo tocante a la erotomanía, le desafío a que me muestre uno solo de los elementos sobre los que se apoya para echarme en cara esa acusación.
         No necesito mostrarle otro elemento que usted mismo,
doctor L.,
         lleva el estigma en su jeta,
         pedazo de puerco inmundo,
         es la facha de quien devora su presa sexual bajo la lengua y enseguida le da vuelta como a una almendra, para burlarse de algún modo.
   A esto se le llama sacar uno tajada y colgarse la medalla.
   Cuando en el coito no consigue cloquear con la glotis y si-
multáneamente gorgotear con la faringe, el esófago, la uretra y
el ano.
   Y en su sobresalto orgánico interno hay un hábito adquiri-
do que constituye el testimonio encarnado de un estupro inmundo.
Usted cultiva cuidadosamente ese vicio recóndito porque no es
socialmente nocivo y dicho hábito no está bajo la férula de la ley,
pero está bajo la de otra ley, por la que toda conciencia lesionada
sufre en el cuerpo, por todas partes martirizado, por todas partes
disponible, de una realidad que nunca ha podido vivir porque se
la impide respirar.
        Y por el contrario ésta era la dimensión en que el pobre van Gogh era casto, casto como no pueden serlo ni una Virgen ni un serafín, porque precisamente fueron ellos.
        los que fomentaron
y alimentaron en sus inicios la gran máquina del pecado.
        Por otra parte, doctor L., quizá sea usted de la raza de los serafines pero por favor deje tranquilos a los hombres, el cuerpo de van Gogh, exento de todo pecado, también estuvo exento de la locura que, además, sólo nace del pecado.
   Y no creo en el pecado católico, pero creo en el crimen erótico del que precisamente todos los genios de la tierra,
   y los auténticos alienados de los manicomios han preservado.
O de lo contrario es que no eran auténticamente alienados.
   Y ¿qué es un alienado auténtico ?
Es un hombre que prefirió volverse loco en el sentido socialmente admitido antes de prevaricar contra determinada
idea superior del honor humano.
Así es como la sociedad mandó inmovilizar en sus mani-
comios a todos aquellos de quienes quería preservarse,
porque rechazado convertirse en cómplices de algunas in-
mensas porquerías.
   Al margen de los pequeños hechizos de los brujos
rurales, existen los grandes pases de embrujamiento (general, universal, social, masivo, global)
en los que participa periódicamente toda la conciencia en estado de alarma. Así es como con ocasión de una guerra, de una revolución, de un trastorno social todavía en germen la conciencia unánime es interrogada y se interroga, y luego emite su juicio. También puede sucederle que en ciertos casos individuales de resonancia la provoquen y la saquen de sí misma. Así es como hubo hechizos unánimes en los casos de Baudelaire, Edgar Poe, Gerard de Nerval, Nietzsche, Kierkegard, Hölderlin, Coleridge,
   y los hubo en el caso de van Gogh,
   pueden tener lugar de día, pero en general
suelen tener lugar de noche.
   Así es como extrañas fuerzas son elevadas y conducidas a la bóveda astral, a esa especie de cúpula sombría que por encima de la respiración de la humanidad constituye la más venenosa agresividad, del espíritu maligno de la mayoría de la gente. Así es como las escasas buenas voluntades lúcidas que han tenido que debatirse sobre la tierra, en ciertas horas del día o de la noche se ven sumidas en las profundidades de auténticos estados de pesadilla en vela y rodeadas por la formidable suc-
ción, por la formidable opresión tentacular de una especie de magia cívica que pronto veremos aparecer en las costumbres de
modo manifiesto.
   Quizá sea el mundo al revés,
   mas no obstante así son las cosas,
   y no existe delirio en pasearse de noche con sombrero
coronado por 12 veleas para pintar un paisaje del natural.
   Pues como hace unos días decía mi amigo Roger Blin,
¿cómo se las hubiera arreglado el pobre van Gogh para iluminarse ?
   En lo tocante a la mano asada, se trata de heroísmo puro y
simple,
   en cuanto a la oreja cortada, no es más que lógica directa,
   y, lo repito,
   un mundo que de día y de noche cada vez más engulle lo incomestible,
sobre esta cuestión no tienen otra alternativa
   que cerrar el pico.
 *   *  *
 
Antonin Artaud, Marseille- 1924
 
 



*   *  *

 


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