24 de diciembre de 2013

contra [VI]fuga


-Contra

fuga-


Desgarrarme en busca de una forma. Algo así como la Babel intensificada hacia mí, amuralla mi ego, impidiendo la fuga. La fugacidad, fugacidad impulsada por el dolor o la alegría que viene a ocupar un centro y empujarme a una periferia, refugio espectral que me ampara, me compadece. Sin embargo, no quiero postergarme pues no quiero poseer. Mi sed de libertad o dignidad no quiere esterilizar el mínimo pensamiento por más impuro que este llegue a ser. Tras el duelo interiorizado y tras salvar el obstáculo de la desesperación ya solo queda lo imperceptible, detenerse. Quedó atrás la trayectoria y más aún su inauguración. En la madriguera newtoniana, la fuerza centrífuga aleja los objetos desde un centro, eje/ficción, por tanto virador y activo, un proceso afectivo. Las líneas y curvas descritas; sus ficciones. En cambio la tensión que va desde el exterior al centro, o hacia el que observa, es el padecimiento real y constante, fricción, fuerza centrípeta. El anclaje.  La quietud que conformas, es acontecimiento.


 Sin embargo si sólo queda lo imperceptible, aquello que contornea los umbrales y se dirige aquí, hacia la atención, disuelvo la resistencia de lo real, lo des-creo. Pensaréis que me he vuelto loco pero simplemente quiero llamar vuestra “atención” a lo siguiente; el autoconocimiento jamás es independiente del exterior. Suponiendo que tenga algún sentido esto que estoy diciendo, cabría preguntarse si lo que nos asusta o nos sostiene, el dolor, el amor, la alegría,  esas fuentes primordiales e imperceptibles que remontan nuestra libertad son capaces de derribar el mito de la conciencia. Para ello tal vez sería necesario desertar del mundo moralizado y renunciar a la promesa. Hemos usado la promesa para acceder a la libertad con una mentalidad cristiana, judía, romana o marxista, simplemente para cercar dicha libertad, aspirar a una meta, un ideal. Nuestra libertad parece en nuestra época poco evidente como difícil parece hacer vivo un lenguaje de la experiencia que diga, y se extinga diciéndose, habitar una palabra que no nos pertenece. Construir esta reversibilidad contra fuga, contra proceso, contra las funciones que buscan un destino y condicionan la existencia, es decir; la irreversibilidad impuesta por rey o dios que escribe una ley. El hombre nace con el deseo irrefrenable de un destino, se agota en lo irreversible, en la unidad de ser, como en un campo trillado, “como todo el mundo”. Se nos inculca la imposibilidad de tener otra vida Y por tanto de ser Otro, compadecerlo en mí.


 y…


 Derramarme en forma de encuentro. Al gesto no detenido. Los ojos verdes de la luna reflejada ahora en esta hoja de la que no preveo mayor crimen que esas nubes bajas que parecen rebaños que arrastran mi turbia entraña y aquella bufanda a medio hacer y asombrosamente real como los injertos de mi piel que casi no puede mirar nadie sobre esta confidencia en un paisaje de alquimias cósmicas organizadas ella como nosotros imperturbables tú pliegue sonríe ahora son nosotros alianza duración, fuerza centrifuga. Deduzco el error. La caída libre simplemente favorece el azar y el nihilismo de un final. La aproximación constante, exploradora, simplemente dice que todo aquello que se acerca pierde su punto de vista, su objetividad. Y es capaz de sentir. Sólo hay compasión cuando nos trasvasamos sin modificar al Otro, sin modificar lo Otro. Obteniendo su pasión mediante integración. Sería ridículo menospreciar las leyes de la física. Los vectores de posición y velocidad se mueven en forma circular. Vectores que son artículos conductores de deseo. Variaciones de un cuerpo, “una” boca, “una” pierna, mera facticidad que danza sobre fuego, ya que el nudo entre el pensamiento y la palabra arde y sólo hay caídos aferrados a “un” deseo. Derramados en forma de encuentro, o palabra.

 Voz nacida. ¿Dónde has quedado? ¿Tanto desprecio has suscitado que solamente sabemos representarte con fatuas palabras? ¿Dónde tu clausura? La voz se queda detenida en un rostro en forma de palabra irracional. Intima iluminación nómada que derrama su luz simplemente para ver allá, aquí en esta hoja, un inmenso universo cristalizable sobre el que la luz oscila…

 y



[semáforo en rojo]

Queridos Riders

on the road


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