5 de agosto de 2011

"El rincón de Margot" III

...

Aparece en el escenario la Tía Santos. Camina despacio, lleva una silla enganchada a la espalda, y con suma dificultad recoge una botella verde, sopla y apaga la vela que hay adentro tapándola con un pañuelo.


Edwing- Hola tita.
Tía Santos- ¿Qué es ese alboroto? (se acomoda en la silla)
Edwing- (Con cierto desdén) Son los mordiscos de una llama insaciable.
Tía Santos- No quisiera ofender, pero Ed ¿no eres capaz de entablar un diálogo como una persona corriente?
Edwing- Lo haría si con ello bastase para tener razón.
Tía Santos- Y a estas alturas, ¿para qué quieres tener razón?
Edwing- Pues ya no lo recuerdo.
Tía Santos- Será que hablas para ti procurando el consuelo que no encuentras.
Edwing- Exacto. Mi lengua se mueve por los escrúpulos de no parecer una persona corriente, o eso creo.
Tía Santos- (Disgustada dice para sí) Siempre tan desmemoriado e idealista. ¿Y qué te retiene en este lugar donde las palabras suenan tan sinceras?
Edwing- Aquí sólo acalla el alarido de la lívida humanidad y si me quedo a capricho en este segundo mundo es sólo por Margot. Mi palabra, mi flor innata, mi limbo enjaulado. Incapaz de poseerla del todo se mantiene intacta, prostituida y dialécticamente desnuda en su pecado original, quererme, inflamando mi inspiración.

Se muerde el labio y destapa la botella devolviendo a su tía el pañuelo, dejando así escapar el humo. La Tía Santos se quita la pierna ortopédica y se frota el muñón con el pañuelo verde.

Tía Santos- No te conviene.
Edwing- (Pone cara de resignación) Por las vagas sombras de los sueños languidezco, por el nardo, el jazmín que brota de mis yagas que ella goza…
Tía Santos- Y la deshonra nadie borra (Para sí) Pobrecito, ni muerto descansa.
Edwing- (Preocupado) Tú has sido la única persona que no me condenó tras mi inevitable muerte.
Tía Santos- No te creas, era presumible que ya estabas sentenciado, inocente y sentenciado mi linda flor negra. Incluso el modo que usaste para darte muerte decía que eras inocente.
Edwing- Aquello fue una emboscada y estaba impulsado a alcanzar una sombra mayor, margotificar mi corazón, y en segundo espasmo saborear aquella pequeña gota de veneno.
Tía Santos- Lo que yo decía. (Abatida)

­­­­Edwing- (Tras una larga pausa) ¿No traes noticias de mis padres?

Tía Santos- ¿Ya no te satisface ahora el bálsamo que ella te prepara eh? Ay ay. Sabes que sus vidas han cambiado, ahora están felices con la vida de tu hermana. No les reproches. (con miedo) Ahora viven cerca de la playa, en una casa…
Edwing- (Encendido) En un prostíbulo de máscaras todavía más siniestras que las que languidecen tras estos sellos. (mira hacia el rincón donde Margot… y mira al público) Y las que todavía están por venir.
Tía Santos- Eres imposible. (Se tapa los ojos con una mano entreabierta y mira allá donde Margot…) Es imposible.
Tía Santos- Esa llama insaciable que en su buen día fue una tímida nenita… (se aprieta la pierna ortopédica) te agarraba la mano como una colegiala…  (se escucha un fuerte gemido  donde Margot fornica y se santigua) ..Bendecía con aquella angelical sonrisa cualquier situación y nunca se cansaba de reír…. (se tira un pedo)(mira sorprendida su hedor) ¿No habré despertado a nadie? (vuelve a santiguarse)
Edwing- (Abstraído) La oscuridad es una cosa poco correcta. (Serio, casi enfadado) Tía, le tengo que confesar algo.
Tía Santos- ¿No es ya un poco tarde? Parece que va a llover. (se tapa el pelo encanecido con el pañuelo verde)
Edwing- Estoy escribiendo una obra.
Tía Santos- ¿Póstuma?
Edwing- No es ninguna broma.
­Tía Santos- Es una novela entonces.

Edwing Es una obra de teatro, y tú (levanta el brazo enérgicamente con el dedo apuntando hacia las butacas) te encargarás de que alguien la publique allá.
Tía Santos- Entonces será una obra de caridad.
­­Edwing- (Trepa hasta el alto del muro y se acomoda reticente, modesto y triunfal) Arrojará luz sobre ese mundo de ciegos al que perteneces. (su cuerpo eclipsa el fulgor de la luna permaneciendo en negro contraste su cuerpo) Tengo todo aquí (dice tocándose la sien) Imagínate, imagina unos hombres que se encuentran desde niños en una caverna, que tiene una abertura por donde penetra la luz exterior; están sujetos, de modo que no pueden moverse ni mirar más que al fondo de la caverna.
Tía Santos- Uiiiiii que complicaaaaa-do.
Edwing- Fuera de ella, a espaldas de esos hombres, brilla el fuego de un resplandor encendido sobre una eminencia de terreno, y entre ese fuego y los hombres encadenados hay un camino con un pequeño muro; por ese camino pasan hombres (hace el gesto con los dedos en el bordillo del muro) que llevan todo género de objetos y estatuillas, y los encadenados ven las sombras de esas cosas que se proyectan sobre el fondo de la caverna- cuando los transeúntes hablan, los encadenados oyen sus voces como si procedieran de las sombras que ven, para ellos su única….realidad.
Tía Santos- (Bosteza y sonríe) Eso me recuerda que hoy estuve en el  nuevo centro comercial de la ciudad y….

Edwing golpea con los nudillos en un nicho. Se abre y en el interior hay una timba de cartas. Un jugador le ofrece una cerveza y cierra la puerta. Es el mismo tipo que antes subiera con Margot

Tía Santos- (Se levanta y cuelga la silla a su espalda) Parece que tu Margot acabó su faena.
­­Edwing- Es posible (Dice al acabar de un trago la cerveza)
Tía Santos- Entonces me iré. Ya me contarás como acaba tu obra.

Edwing- Aún no tengo el final. No lo dispongo todavía.

Tía Santos- ¿No será Margot el autor?

Edwing- (Ocultando su impotencia) Yo sólo transcribo lo que está sucediendo en la caverna y lo que se figura desde fuera. No existen ni vivos ni muertos, sólo aquí y ahora. Este directo, único y real. Fuera eres requerida por uno virtual. Querida.
Tía Santos- ¿Fuera, aquí y ahora? ¿No llamarás a este sitio la caverna? (Perdiendo el hilo)
­­Edwing- Mejor pregúntate si existe vida antes de la muerte. Esta obra se plasmará en la función que llevarás a la editorial Chichita Cunegunda.
Tía Santos- (Voz edulcorada) Entonces tendrás el detalle de hacer que mi personaje sea más joven y más hermosa.
Edwing- Oh tía! En esta misión no está permitido el milagro. Además tú estás fuera de este subsuelo. Eres sombra.
Tía Santos- (Consternada) ¿Y ahora qué? ¿Todo lo que he dicho es en balde?
Edwing- Ahora eres consciente de que tienes que irte; así que perteneces al mundo exterior, al mundo de las verdades inalterables, que hasta no ser vencidas por la muerte no pueden ser alteradas.

Chinaski. Un hombre de gran envergadura y aspecto hostil, con sombrero e impregnado de una pintura plateada se acerca con una botella, aunque no presta atención a los diálogos manteniéndose al margen. Se sienta en el banco.

Tía Santos- Me iré antes de que éste empiece con su música.

Un niño vestido de colegial con un capirote con orejas de asno, pasa por escena portando un carro con una gramola en el que suena de nuevo “Devil Got My Woman” de Skip James.

Tía Santos- Después de tantos años aún hay amor en el desconsuelo. Seré en pronto una señal precipitada del mundo interior. Este en el que ahora te encuentras sobrinito.
Edwing- (Dirigiéndose al hombre negro) ¿Y tú que opinas de las señales Chinaski?
Chinaski- Nunca me gustó hablar en público pero creo que somos tan estúpidos como para prestarles atención.
Tía Santos- Pues os digo adiós antes del vamos.
Edwing- Quédate que Chinaski va a explicarnos el origen de la vida. Y le gustan los animales, los niños pequeños pequeños, y los ancianitos ancianitos como usted.
Tía Santos- Tengo que coger el tren. Atravesar sola el parque…
Edwing- También le gustan los trenes y los parques.
Tía Santos- (Los mira a ambos, incrédula, estudiándolos)
Edwing- Pues vete ya si lo deseas, así no tendrás que esperar a un más tarde, sino a la señal de ya.
Tía Santos- ¿Y cómo quieres que me despida sobrinito?

Edwing- Al estilo music hall.
Tía Santos- Para eso necesitaré un acompañante.

Chinaski, no pone buena cara y se queda rígido dándose la vuelta.

Tía Santos- Bueno. Buenas noches. Me voy antes de que caiga la lluvia. (Y se va del escenario, renqueante. De improviso agarra la falda y se despide al estilo french can-can, se apagan las luces y se baja el telón) Alehop!


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