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6 de octubre de 2011

Francis Bacon… Por Milan Kundera y..



[…] Claro, todos los retratos que jamás se han pintado quieren revelar el “yo” del modelo. Pero Bacon vive en la época en la que el “yo” empieza a ser escurridizo en todas partes. En efecto, nuestra experiencia más trivial nos enseña (sobre todo si la vida que se nos va quedando atrás se prolonga demasiado) que lamentablemente las caras se parecen todas ( y la insensata avalancha demográfica no hace más que incrementar esa sensación), que dejan que se confundan, que sólo las diferencia algo diminuto, apenas perceptible, que, matemáticamente, sólo representa, en la disposición de las proporciones, unos pocos milímetros de diferencia. Añadamos a todo ello nuestra experiencia histórica, que nos ha inducido a comprender que los hombres actúan imitándose los unos a los otros, que sus actitudes son estadísticamente calculables, sus opiniones manipulables, y que, así las cosas, el hombre es menos un individuo (un sujeto) que un elemento de una masa.
En esos tiempos de dudas es cuando la mano violadora del pintor se apodera con un “gesto brutal” de la cara de sus modelos para encontrar, en algún lugar de su profundidad, su “yo” sepultado.
[…]
infinitamente frágil estremeciéndose en un cuerpo;
el rostro sobre el que fijo mi mirada con el fin de encontrar una razón para vivir ese “accidente desprovisto de sentido” que es la vida.

Milan Kundera .                                                   "Un encuentro"

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Edgar Allan Poe                                   “El hombre de la multitud”

Pegada la frente a los cristales, ocupábame en observar la multitud, cuando de pronto se me hizo visible un rostro (el de un anciano decrépito de unos sesenta y cinco o setenta años) que detuvo y absorbió al punto toda mi atención, a causa de la absoluta singularidad de su expresión. Jamás había visto nada que se pareciese remotamente a esa expresión. Me acuerdo de que al contemplarla, mi primer pensamiento fue que, si Retzch la hubiese visto, la hubiera preferido a sus propias encarnaciones pictóricas del demonio. Mientras procuraba, en el breve instante de mi observación, analizar el sentido de lo que había experimentado, crecieron confusa y paradójicamente en mi cerebro las ideas de enorme capacidad mental, cautela, penuria, avaricia, frialdad, malicia, sed de sangre, triunfo, alborozo, terror excesivo, y de intensa, suprema desesperación. “¡Qué extraordinaria historia está escrita en ese pecho!”, me dije. Nacía en mí un ardiente deseo de no perder de vista a aquel hombre, de saber más sobre él. Poniéndome rápidamente el abrigo y tomando el sombrero y bastón, salí a la calle y me abrí paso entre la multitud …


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               Los cuadros de Bacon asumen una fuerza aterradora, son la calidad subyacente de la realidad, la existencia celada, el padecimiento disimulado, la angustia adquirida. Sus trazos recuerdan a Munch o a las pinturas negras de Goya… pero sobre todo se encuentra el retozo, el expresionismo de la desfiguración de la letra humana. Por ello se centra en el retrato, rodeado de espacios foscos y angostos, con unos colores que resuenan a Van Gogh. Y sí, explicar a Poe es explicar a Dios porque supo encarnar al diablo, también fuera del hombre. 



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