18 de abril de 2015

La mujer cíclica -/- Laia

zoe leonard



síncopa de hilo, obturación. detrás de ese mirar,  aquí tejido/poema enhebrado poema/tejido en el aquí. apertura del tiempo 
el sí del timbre inacabado
de
Laia López Manrique.


LA MUJER CÍCLICA

 editorial  -  LA GARÚA (/2014/)


Tocar la ausencia es ser tocado como ausencia o(b)tener la “lengua astillada”. La mujer cíclica. Es una apertura a varias voces despareciendo la propia; “abrigo disolviendo cualquier ilusión de univocidad y recordándonos que la voz que creemos propia no es más que un préstamo.” dice Laura Giordani al prologo, aunque también intimidad del abismo en la entrega, coexistencia. Tacto. Al recibir en una continuidad diferencia, acomodo y rapidez.

 Louis Aragon [de Tratado del estilo]1928 -
[el portaplumas] ¿qué quieren de mí? Qué bestias. Estoy harto del papel del intermediario. Y a eso llaman pensar, piensen ustedes. No es a mí a quien habría que planteárselo. Hay una relación constante entre lo que se traen y lo que cantan: es la variación de mi  oblicuidad. Soy el término medio ente lo particular de su apariencia, por una parte, y lo incoloro de su expresión, por la otra. De esta proposición deducirán ustedes el plan de esta entrevista. Examinaremos cada uno de esos dos factores, después de lo cual haremos surgir dialécticamente un tercero. Y empecemos por el aspecto del escritor. ¡Por Dios, que mala cara! Manchas de grasa en la manga. Negras las uñas. Tomó las notas en el celuloide de sus puños. A cada rasgo corresponde su tara moral. El género pantógrafo del brazo, un rombo corredizo. La parsimonia respiratoria. Un absurdo bigote, o por lo menos el equivalente calorífico de este adorno circunflejo. Todo es rúbrica en ese traje completo. Gzzz…

La forma atrae la vida, deseos y no palabra, ni signo. El signo es la estulticia del hombre, disfraz de su silencio y terquedad primitiva. La promesa de una emancipación inacabada por ausencia de tacto, es la enseñanza instrumentalizible y compartimentada. Sin embargo existen actos  en la ruptura de la cadencia salientes de la ternura. No existe un arte laico trascendental más allá de la representación de un infinito, truncado, una totalidad, condescendiente, un…


  *                *                     *                  *         


Caigo hacia el deslinde de mi sombra en la tuya
he de salir de aquí donde he sido confinada
mirar el cuadrilátero el marco el pan que no comeré
hacia el que extiendo mi hambre
tú donación error de mi vida
mi deseo renegado
                                        /reincido
*LAS REPETICIONES


La sociedad actual crea una representación y por tanto la ausencia de la mujer es doble, una letanía atávica, múltiple forjadora de la dominación masculina con el mito tradicional de la sirenización de la mujer y la angelización del hombre. Imago Natura. Aceptar los juros de los hombres. Y sus condenas.
Lo que es dado ventrílocuo segunda percepción encuentro al revés. Pasaje tras pasaje, paisaje tras paisaje, conjuro tras conjuro. Epicentro. La mirada habla y habita a dos manos la huella y el soplo. Epicentro, adaptaciones movedizas, la poeta retira. La espiral es inestable y además compromiso estupefacto creativo, la poeta liba hasta consumar lo fósil. Aquí palabra que se dice a sí misma. La poeta retira, espacia la heterotopía contra la tentación lineal, arborescente, genealógica, hasta hacer visible las infinitas manifestaciones/rostro de los cuerpos.




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COROLARIO
para Alba

hemos visto a las palomas morir en el patio
hemos visto la sangre
real y figurada
correr junto a los muros

te miro
tenemos miedo
el mundo es este extraño
revestimiento
culpable.

¿por qué estás sola? dices
¿es que no supiste hablar?
¿es que no supiste imponer
tu mano
tu pequeña mano larvada
sobre las palabras?

si hubieras sabido que la poesía era este dolor
de querer atravesar todas las formas
no con el aire
sino con la forma
es cincel
esa fría incontenible
violencia


                            LA MUJER CÍCLICA
                                (i)
          Todo este silencio es una ofrenda.
          Un reflejo.


FORMAS

buscaba una isla
un objeto encerrado en el vacío
el cuerpo que hubo en el ángulo que ocupa ahora
         mi cuerpo
la perplejidad de habitar
el espacio


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zoe leonard

A veces sucede que los alumbramientos se convierten en tributo a una extraña instancia más allá de la lírica visceral. La creación, la labor, nunca justamente gratificada. En lo interior se refleja la transustanciación del simple y dominador capital. Línea vertical que gira en círculo. ¿En espiral?¿En red?*¿Pirámide? Subtramas de un único instinto depredante e inmovilizador del sujeto. Sin embargo el sujeto ya es inmovilizado o moldeado por algo previo a cualquier lenguaje, cualquier signo, pues, es previo a sí mismo. Instinto. Instinto de conservación versus instinto de conversación.
habitar
El cuerpo como pereza inventada por una evolución. Un preludio, o más bien una procesión de gestos, encrucijada y hueco, el poro, la piel, el hambre. Un hambre que existe antes de nacer el cuerpo pues lo sobrevivirá.

(LO)
(LO)
(LO)
(LO)
(LO)


(LO)

Estar dentro del grito. No traspasarlo. No ir hacia él. NO abrirlo en canal: estar ya dentro. Como una criatura minúscula y febril. Un demiurgo. Agitar las voces dentro del grito. Cambiar la dirección del sonido. Que no entre en el cuerpo, que no entre: que salga del tímpano, que lo abandone. A veces. Que el grito a veces salga, sin garganta, del tímpano. Que el grito resuene entonces hacia el cuerpo como una pequeña onda desventrada. Que entre así en la garganta. Que desde dentro la captación del grito sea, al menos, triple. Que se sienta, cuerpo abajo, cómo el grito sufre, cómo es enroscado sobre sí, cómo cada pliegue ruge, choca y se desborda entre los órganos.

Ser (lo). Criatura impenitente, cubierta por el vello leve de un polluelo. Animal aterido y múltiple como el plancton. Sin unidad, sin composición, sin lazos de familia. Apenas. Ser lo (que está dentro del grito.) Lo (que no tiene un solo nombre), lo (que no tiene, porque tener no es su posibilidad ni su atributo.) Criatura que no llena un sintagma, que solo araña sus esquinas. Criatura seca y virgen. Desdibujada para sí. Ausente para otros. Observada por el grito como su asesino. Observada por el grito como su parásito. Observada por el grito jamás como su núcleo: como una parda extremidad, un antebrazo, el enigma planteado por la esfinge. El gran desgarramiento.



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(COMO SI)

-Y esto, ¿puede describirlo?
Y yo le dije:
-Puedo.
ANNA AKHMATOVA

Puedes. Puedes (d)escribir. Puedes dar cuenta de la plenitud y también del vacío. El vacío es una caja. Ahí vives a veces como si no tuvieras tiempo. Puedes vivir así, pequeña y ficticia para los otros, deforestada, recogida: semejante a una lombriz. O una lombriz, ya sin semejanza. Anélido: animal de los anillos. Línea que se repliega. Línea que contiene el círculo, círculo que arrastra la línea.

(Si nada fuera imagen o palabra, ¿tendrías sombra? ¿Aquí, caída a tus pies?¿Tendrías pies, acaso?)

Dijiste:

En la casa había una herida abierta. Un surtidor.

De allí recogí las palabras para hacer más visible la grieta que me funda.

El lenguaje no era un cuerpo, sino una llamada. Y yo escuchaba las voces indistintas que confluían en un solo sonido.-

Lo que sea la poesía ya lo he olvidado. Hace tiempo era la forma de nombrar el mundo, de reconstruir la presencia y el gesto con una escápula punzante.

Ahora, probablemente sea algo así como una entraña.


Cuando escribo, tengo miedo.

¿Es eso cierto?

No. Escribir es levantar una casa, una techumbre.

Tengo miedo del pálpito íntimo, salvaje, de la vida.

Cierro la persiana para escribir. Cierro el aire.

*

Quien escribe apostado contra una ventana, corre el peligro de quedar atrapado por una visión.

Tal vez por el deseo de tener esa visión, escribe.

*
Enlazar. Echar un lazo a lo que hace amigos de huir por su cuenta.

Así paso los días, dejando que el margen crezca hasta ahogarme, por el solo placer de escribirlo después.

Escribir la soga. Enlazarla al cuello. Suspenderme de las vigas sin grito, apenas el cloqueo de las cuerdas apretadas. Ruido de chatarra de camino al silencio.

*

Comprender la voz y no lo que se escribe.

El temblor de la voz contra el cristal, su arañazo incólume, como el sonido de una copa que se quiebra.

Y así, hacer más espesa la noche, sondear la luz y salpicar de angustia el camino a casa.

*

Eras mujer y hablaste siempre semejanzas. Ahora solo quieres ser la lombriz. Tal vez. Quieres la lombriz. Quieres ser. Y a veces, también, quieres decir las semejanzas. Porque,  a pesar, a tu pesar, no puedes escapar de su murmullo.

La voluntad de abandonar las imágenes sucede porque ya no tienes el mundo delante de los ojos. No el mundo prístino, lavado. Ni siquiera el mundo lodoso. Pero una vez lo tuviste, y lo recuerdas. Entonces, es memoria lo que urdes cuando escribes. Tus ojos ahora ven memoria. El goteo de lo que escribes es memoria.

En el sueño ocurrió que alguien dijo de ti: las ideas crecen hacia atrás, como si a sus espaldas alguien estirase con fuerza una cuerda. Se trata de un pulso. Eso quiere decir abandonar las imágenes a través de las imágenes. Eso quiere decir no tener el mundo ante los ojos. Eso quiere decir el vacío, la hora del lobo, le chant des mâtelots: la disposición a la pérdida.



*               *                    *                *                    *

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Scott Hunt ., The Spoils  2008  charcoal on paper  32 x 35


Desde hace no muchos cientos de años la iglesia o/y el ejercito condenaba a las mujeres que mostraran una conducta casi diferente y don de rebelión. Abordaje. Nido. Nada.


Falta un pueblo por nacer. No de la vanidad, ahí donde la verdad rápidamente se convierte en ficción, imagen manufacturada en el mercado de la memoria. En cambio, hay como un instinto previo a lo vivo, arenoso y rama. Desalmar la rama. No sentirla dentro de uno. Podar la imposibilidad de la inconsciencia. El pensamiento es circular. Se fija en lo visible, en límites, en paredes, sin embargo el paso del tiempo es la unidad de dicho pensamiento, su continuidad y su diferencia. Doble huella. La absurda dominación marcada sin objeto ni sujeto imposibilitando la reescritura, afasia, simbolismo estático



La apertura de un cuerpo se fija en una cantidad ilimitada de hilos, helasticidad social. Sin embargo el afecto es suprimido por la absolución del sacrificio que lo origina casi hollando la ternura casi hallando el infinito en la ternura casi la eclosión de la verdad del cuerpo, organig-r-ama, y así, trama, texto.



Ahora,










TRES CAMINOS

El primer camino es una trampa que desciende hacia el sur. Es un camino radical. El camino (y no el viajero) aspira al hundimiento. A medida que el viajero avanza, sus pies se hunden y le duele la raíz de la piel y del pelo, y también la raíz de los árboles, en la tierra, contra el barro. Siente la simultaneidad de su dolor y el dolor de la materia, viva o inerte. Aunque no se le ve desaparecer, en cierto punto se esfuma como alguien quemado por una luz.

El segundo camino tiene forma de tenia. Es un huésped, un camino interior. No tiene dirección cardinal: su movimiento es el pliegue, se enerva, se retuerce por dentro. El camino se apropia del viajero, se alimenta de lo que ingiere por contacto, apenas en el roce de su piel ganchuda y membranosa. El viajero siente la disyunción dentro de sí, la separación de su cuerpo y el cuerpo del camino. Los más afortunados logran expulsar el camino por la boca. Los menos afortunados logran ser expulsados por el camino, y entonces se convierte en un residuo, en una excrecencia.

El tercer camino es el que mejor conozco. Es un camino doble. Una bifurcación. Una lengua astillada. Sin embargo, el viajero lo percibe como una unidad. Tan distinto del segundo camino que podría ser casi su antítesis. Es parecido a una voz lejana o a un eco. Yuxtapuesto a lo propio. Adherido en ciertos puntos. Sin equivalencia material. Por eso el viajero cree que es uno. Sin embargo, hay indicios que señalan su duplicidad, el alejamiento de las dos partes, la ruptura. Esos síntomas el viajero los recibe con angustia, a través de sueños y preguntas que resuenan con una coda lúbrica martilleante. A lo largo de la vida del viajero, el carácter doble del camino se va espesando, se tensa hasta quebrarse. La quiebra devuelve la longitud a la imagen del viajero, que asustado como un niño de cría ve cómo su vida ha sido vivida por el hilo en fuga que se pierde. Lo que le queda, entonces, es un silbido. Un perezoso sufrimiento de cobaya doméstica.




LAIA LOPEZ MANRIQUE

LA MUJER CÍCLICA

 editorial  -  LA GARÚA (/2014/)


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