25 de septiembre de 2013

[Para trazar lo (im)posible] y [Entre el ser y el poder] Arturo Borra_ S.L.Petit


…aquí traigo dos vínculos en el tiempo, el primero escrito este año 2013 [Para trazar lo (im)posible] y el segundo vínculo en el año 1994 [Entre el ser y el poder]. Ambos creo enmarcan un tiempo, un nihilismo, un tiempo de idolatrías a pálidos dioses. Vacíos de órganos, gusano aquel que devora tierra y expulsa consistencia, copia de copia. Pues con tanta luz redundante hasta la sombra nos quieren arrancar. El instinto es flexible, primitivo, carece de médula axial y cede la luz,  se derrama sobre él sin excepción. Predicción que ampara el sentido pero amputa la experiencia. El destello de lo imposible. El desafío cotidiano y anónimo. Este saber; hemos conquistado la derrota ¿y? La docta pastoral acelera las técnicas, lo estético se confunde con lo ético, el pensamiento de duelo… ¿y? Una sangre racional que invade, petrifica, anula la memoria pero extrae su código genético y lo sobreecodifica, impide la fuga… ¿y? Nos juntaremos recreando lazos lúdicos, configuraremos espacios pasivos donde lo pasional irrita, lo provisional de las formas sobre nosotros como una conciencia “útil” que acallará la experiencia y despertará/despierta la teoría de la experiencia… ¿y? Fingir una respuesta. La ciudad es páramo. La ambigüedad del órgano es conciencia. Representar, representaremos el objeto deseado, necesario, asentado y colonizado… ¿y? Los dos vínculos que aquí os traigo enmarcan, un tiempo pero no un espacio, en el espacio hay brecha, acusación en la que entramos y ya no es desde un lugar donde estamos, no es lugar esta utópica mistificación… ¿y? Tal vez el cuerpo como hilo, sutura, sombra interior que apague, merme los espacios pasivos, evidentes, tenemos sed de vida… ¿y?

 
 

Bajo extraño imperio, aglomerados los martirios,
y destruidos,
perplejos, extraviados, negada la memoria,
solos;
muerta la sombra que protege,
lloramos,
sin tener a quién o a dónde volver.

Estamos delirando.

 

antigua elegía anónima en el libro quechuaA pu Inca Atavallpaman




PARA TRAZAR LO

(IM)POSIBLE

 

Arturo Borra

Ed. Amargord Ediciones

 

 

Escribir en voz baja, silbando como un viento diminuto que disemina murmullos a veces ininteligibles, simiente que sólo reconoceremos más tarde, cuando fecunde el cuerpo de las flores, su perfume más indócil.

 

Y si hay asfixia -¿cómo no invocar el aire que nos falta?

 

¿Quién desea escuchar el viento de su soledad, su movimiento transportando objetos fracturados?

 

¿Lo oyes? (No digas es triste: lo que daña es la falta de aire).

 

Murmura: trae alegorías, rastros enterrados. No historias: una distancia, rotura dentro del nombre.

 

Y lo desconocido brilla: es pasión díscola –sopla sobre todo este desierto, raspa las piedras amnésicas, sigue escribiendo bajo, para que el día no lo vele, para que la noche siga abrigándonos mientras nuestras manos arriesgan su imposibilidad.

 

[…]

[…]

[…]

 

a trasluz

el día ciega

 

aunque las cosas se empeñen en seguir gravitando

sobre lo que no tiene fondo

el lenguaje se hace cuerda

y desafía esa caída

llamada vivir

 

todo raspa: el viento

silba

donde el frío
enmudece
 

no es que algo se hunda:
nunca hubo cumbre

 

sólo piedra
erosionada
 

arena en los ojos

 

el viento llama pájaros dormidos:

desafía una planicie impúdica

sobrevuela la memoria de la pérdida

 

un canto desterrado bate sus alas

sin temor a la lluvia

[…]

[…]

[…]

¿quién sopla

para forjar otros

continentes? ¿qué espejos

sangran con lo entrevisto

-figuras en fuga                    viento

raspando la superficie árida?

 

no hay dónde mirarse: sólo

la añoranza

excava una salida

imposible

 

llorar desde la fractura
que nos reconoce
antes que lleguemos
a consolarla
 

duele dulcemente el relámpago
que iluminó esas lluvias

                          dentro

la promesa de ver
al fin
cómo asoman las primeras hojas

 

lo imposible en la frente

sacude el desierto
en la espalda


apenas esbozos

                                   anudarse
                                   al pulso desatado
                                   y no detenerse
                                   ante la esclerosis
                                  de las raíces

 

también la música

nace del viento

del roce inaudito

de las hojas en la oscuridad

como una vibración de cuerda

                                               rendida

a la pulsación de la noche

erosionando

este montón

de escombros

 

abandonaremos Finisterre

 

el viento vence la resistencia
de la piedra
 

en el fin del mundo vendrá una luz tenue
a alumbrar la soledad
 

no disipará la bruma: un faro
se alzará al sur de las residencias
 

traemos Finisterre a cuestas: el aire
abre otro surco
que raspa los miedos arcaicos

                          la aspereza de la piel

 

sobre la ausencia de suelo

otra promesa…


una vez sí una vez

uno sueña ríe vive lo que no

vivió

lo que quiso sin poder

 

así se aprende a vivir dos veces

soñando

cuando el desagravio

es segunda vez

nacer dos veces

en el sueño

al borde

                        de lo querido

 

inclinados así sobre la orilla de un río nos miramos como

            si hubiera primera vez

sin púas ni asfixia                 una vez sí

lo no vivido se hace vida

                                                           ríen los sauces llorones

uno anda por el lecho rehaciendo su torpeza

 

alza nuevas tablas recorre de memoria cuerpos ahogados

       se sumerge

para otra vez salir a esta superficie arrasada

                                                                  una vez sí

una vez uno vive lo no vivido


vive aquí
el sueño

  

repara lo dañado

 

¿Qué quedará después del vendaval?

 

Sin nombres todavía. Sin más que lugar vacío; recipiente solícito al exilio de la noche.

 

El viento erosiona las piedras. Se agitan aquellas ventanas condenadas a la clausura. Todo sopla aunque no sepamos qué permanecerá. Y si nada persiste, entregarse al fragor del aire. Vivir sin paraje que abrigue del invierno.

 

Tampoco cuenta dónde: la partida es incontable. Y no se llega.

 

Será partir todos los tiempos, desafiar la posibilidad vedada de partir. Desamarrarnos.

 

Sin darnos cuenta, nos pusimos a hablar de sabotaje. Y no hallamos alojo más que en el viento.

 

Para trazar lo (im)posible.

 

PARA TRAZAR LO

(IM)POSIBLE

 

Arturo Borra

Ed. Amargord Ediciones

 

***

 

 

 

Entre el ser y el poder

Una apuesta por el querer vivir

Santiago López Petit

 

 

 

[…]

 

6. Epílogo: querer vivir en lo

               posible-imposible

 

LA ARTICULACIÓN SER-PODER-NADA es un modo de ordenación en el que desde siempre estamos insertos. El paso de la Autoposición a la Disposición, el discurso, es nuestra palabra desplegada en su interior. Es la imagen en el espejo –aunque imagen activa- de este orden, la música permanente que no ceja. Valle y rio. Cuenca abierta por el rio que, a su vez, es trazado por ella. “Hoy” en la metrópoli, el valle se ha hecho desierto y el río autopista. La música es el persistente fragor de los coches persiguiéndose entre ellos, es simple repetición. En cambio, esta sociedad que cada vez más se confunde con el Estado, se ve a sí misma como la constante mutación. Nuevas tecnologías, modas incesantes parecen llevarnos en volandas hacia un nuevo continente en el que todo será distinto. Pero no está claro que ocurra algo nuevo. En realidad, habría que dudar del ocurrir como tal. El poder media continuamente entre el desorden y el orden, y lo hace poniéndose en su desvanecerse. Desaparece el centro y los límites se hacen indeterminados. Y este acontecimiento en el que se re-produce el desierto circular, se esfuma en su mismo repetirse. Hemos descrito dicho mecanismo como la conjunción entre control social y producción de diferencias. la teoría general de los sistemas, al bloquear el cambio –por muchos intentos que se hagan de introducir el tiempo- se ajusta perfectamente a esta realidad. El sistema funciona, o más precisamente, la integración sistémica se basa en el individuo desencantado que “reduce la conciencia de sí al culto de sí”. Copia de copia, individualista de estar por casa, cuya única pasión es diseñar recorridos en el interior del orden y llamar a esto libertad.

 

Lo posible agotado es un plástico que emboza lo real amortiguando los ruidos, evitando su deterioro. Si rechazamos ser sujetos y renunciamos a este manto protector, si nos ponemos de puntillas y asomamos la cabeza, entonces se nos aparece el nihilismo en su esencia. Musil decía: “Hay que hacerse con la irrealidad; la realidad ya no tiene sentido”. Nietzsche por su parte “sospechaba un nuevo mundo” que conquistar. Pero ambos están estirando –y debatiéndose con- este impermeable flexible que nos cubre. Quizá, en su época, aún se podían abrigar esperanzas de detener el agotamiento de lo posible. El eterno retorno afirmado que disuelve la identidad sería, en este sentido, el intento más valeroso y admirable. Cuando hoy asumimos hasta el final este estar perdidos, el nihilismo se nos muestra al descubierto. Nada. Nada queda de la coyuntura, de la diferencia entre ser y poder. O en otras palabras: el tiempo es un pasar en el que cada vez hay menos momentos por los que pasar.

 

Lo posible es la sonrisa que podría iluminar un rostro encerrado en su seriedad, es la tierra que se divisa a lo lejos desde un barco en apuros. Ahora, la sonrisa es un rictus inexpresivo, y la tierra una isla con sirenas que entonan una canción adormecedora. Lo imposible que era el lugar donde no podíamos estar, nos persigue por el contrario como una sombra, y quiere envolvernos hasta paralizarnos. Esperar lo posible produce hastío. Esperar lo imposible cansancio. Nuestra soledad nace en su intercambiarse.

 

Todo y correr hacia la nada, el momento no deja de insistir. Aunque se aleje de nosotros, sus pasos resuenan cerca sin que el silencio consiga ahogarlos por completo. Desencadenados de las ruinas que amenazan ruina, de la espera de la espera, lo posible-imposible se nos ofrece como el agua salada que no sacia la sed, como el sol de invierno que no calienta. Para salir del desierto circular, para superar la metafísica, hay que recorrer esta posibilidad enseñoreada por la nada y que quizá nunca se hará real, sin dejar de ser por ello, posibilidad. Contra el optimismo y el pesimismo, las dos caras de la impotencia. Y también contra la duda escéptica que tranquiliza.

 

Las vías abiertas en la pared de lo posible-imposible son variadas y tienen diversa radicalidad. En varias ocasiones, hemos aludido a estas formas de unilateralidad. Frente a la palabra tautológica prolongada, frente a la música armónica y generadora de orden, el desconcierto creativo del free jazz. Contra los saberes dominantes, los saberes precarios.

 
En suma: primero, bajo, al lado del sistema de la razón tal como se da históricamente constituido y re-constituido, siempre ha existido, con formas variables y tortuosas, una racionalidad distinta, con saberes fragmentarios sobre el sujeto, el cuerpo, la vida y la muerte, sobre el deseo social. [M. Vegetti]

 

La unilateralidad puede desbordar la oposición y, desmaterializándose, convertirse en grito sin palabra. “Decir el silencio” es, entonces, el único objetivo. Palabra que abdica de su violencia. Metáfora portadora de misterio. Apertura al Afuera buscando en lo que se encuentra más allá de nuestros límites “un lenguaje que escape a este movimiento del poder por el cual el mundo no cesa de estar relacionándose”[M.Blanchot]. O formulado en una versión práctica: plegado de la línea del Afuera para constituir una interioridad, una relación consigo mismo. Individualismo aristocrático alcanzado mediante una ética en la que la vida se contempla como obra de arte a construir. Foucault, en sus últimos escritos sobre los griegos, presentará como propuesta moral esta idea de un trabajo de sí sobre sí.

 

Afirmar lo Otro completamente Otro, decir lo indecible, el cuidado de sí… ¿Son verdaderamente ensayos dentro de lo posible-imposible? Nos gustaría que así fuera, pero no estamos seguros de que dichas vías se hundan en lo inhóspito del resistir(se). Dos síntomas nos hacen dudar de ello. Por un lado, el que siempre se salve un nucleo de identidad (el Otro, el “sí”…) o un horizonte (el Afuera…). Por otro lado, el desfase existente entre la formulación filosófica (radical) y la propuesta política explícita o no (“reformista”). […esto fue escrito al finalizar la Guerra del Golfo, donde los intelectuales postmodernos apoyaban la intervención en Irak, el silencio de Derrida, sus discípulos a favor… excepciones, las de Agamben y Nancy. La otra excepción había sido Deleuze, ese viejo formidable… T.Negri] En estos planteamientos existe demasiada esperanza y poca ilusión.

 

Producir un acontecimiento que escape al acontecimiento único que se extiende como tiempo. Sabotear el destino que nos encierra. He aquí nuestra tarea siempre renovada. Podríamos intentar retornar la disposición a la Autoposición, abrir el vacío en torno al poder. Empujarlo hacia su posición más débil y deslegitimizarlo, encerrarlo en la tautología, aunque sin esperar que el frío hiele su corazón. Como tampoco es verdad que el escorpión se clave su propio aguijón cuando está rodeado por el fuego y no tiene posibilidad de huida. Retirarse de él oponiendo su seriedad, la risa. Despegarse, enfrentándole la ausencia de sentido. Contra el hilo musical, el ruido. Y mientras se avanza hacia nuevas formas de socialidad y de vida, estar al acecho de la coyuntura.

 

No obstante, jamás podremos anunciar con seguridad que la metafísica ha sido superada. El pensar desde la unilateralidad diciendo el no-sentido permanece aún atado a una concepción hermenéutica, y por tanto, dentro del sentido; afirmando que la nada sigue ligado al ser. Por eso, la actualidad del comunismo –que no es más que la mirada fuera del orden- se levanta como línea infranqueable para el pensar/vivir. La actualidad del comunismo se nos presenta como una “broma pesada” totalmente improcedente y frente a la cual nos sentimos ridículos. Evidentemente, la gente seria que está al corriente de la historia no se ocupa de una tontería de mal gusto. Y en este separarnos de ella –provistos de la sonrisa de superioridad que confiere el estar de vuelta de todo- se pone como límite. En el mismo instante, sin embargo este desprecio apaga no sólo la llama sino también la voz. Por esta esa razón. Por esa razón, la pregunta con la que se constituye la filosofía: “¿Por qué hay algo más bien que nada?” se enclaustra más y más en ella, y se niega a decirnos acerca de su superación.

 

Pero si supiéramos estar a la altura de nuestro tiempo, es decir, si consiguiéramos unir el estar al acecho de la coyuntura con el encierro del poder en la tautología, entonces nos podríamos situar donde la pregunta se ejecuta prácticamente. Desde este lugar que ya no es el de la tradición, el preguntar de la pregunta no remite a un enigmático Ser, sino al orden del ser que el “algo” establece. Mas esta ordenación así alzada no se sostiene, ya que la pregunta en su formulación completa la socava. La pregunta apunta hacia fuera, hacia el des-orden, y en tanto que es un poner en duda el Orden, se expresa también como la subversión del Uno. Fue La Boétie quien se atrevió a pensar afirmativamente la pregunta fundamental de la metafísica, y lo hizo así: “¿Cómo pueden tantos hombres […] soportar a veces a un solo tirano que no dispone de más poder que el que se le otorga?”. Con él, y en su excepcionalidad histórica, aflora la crisis del Ser-Uno y se plantea, en verdad, el problema de la superación de la metafísica. Pensar y orden empiezan a desvincularse y no por el separarse del desorden –lo que siempre será un deseo ingenuo- sino en la medida en que el orden en su juego mismo es desocupado.

 

A nosotros nos queda afrontar la pregunta más originaria pensándola de esta manera porque, en definitiva, sabotear este destino que nos lleva y salir del desierto circular no puede consistir más que en volver una y otra vez a ella.

***

Entre el ser y el poder

Una apuesta por el querer vivir

Santiago López Petit

2009, de la segunda edición, Traficantes de Sueños

 

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