28 de julio de 2012

-las manos dormidas

foto / maria guadalupe salom



Para Laura Giordani

Verde, verde, uniendo la colina y las nubes.
                            Shhh, shhhh, (viento, viento, 瑟瑟) la voz del pino al anochecer                                                          
                                                  Kukai (Kobo Daishi)
*
 *

                                                                                     -Las manos dormidas


Tras el titubeo de la mente la desesperación de la carne, procurando el verbo original y absurdo
que manifieste el estado de las cosas, un estallido, es igual con tal de corporeizar una idea. 

Una idea, un estado. Tras este límite, titubeo;
linde y rito

                [corazón
                y hozico]

Objeto de transgresión.
Dable-
pelaje que cae en la sombra de este eterno reto
y son-
las culpas sin perdonar
las que capa a capa techan este contorno.
- Shhh.
Lleguemos al sol y ardamos.
Envolvamos.
Amurallemos en llamas.
Purifiquemos desde la raíz
todo excepto el lamento
                siempre así acontece
que se nos adelante
                el crimen
           el lugar
                y afuera.
Mi otra parte
                dentro de un arrullo
           desvertebrando
                la voluntad
para que sea lánguido eco futuro
doble
la ternura
en la escarcha de un abrazo

en la trinchera de una resistencia
ente
que no postula letra impresa
pues
la letra no es lo que dice
si-
-no
inventa
de nada sirve la palabra gato
ni extenuar
la caricia
ni consiste en precisar la mano
pues el árbol cuelga del infierno
goteando nuestras queridas  huellas.

Es sangre lo que queda,
                nada más.
Orgullo y caída.
                
                    (dedicatoria)
 Al despertar con las manos dormidas
                un manojo de hormigas descienden
                como de la imprenta de los sueños.
Obedecen en un segundo intento magnífico y violento.
Las volutas del aire acunan sus pasos

desde el pergamino

hasta la tierra fresca de la mañana.
La cuna elíptica compone
                (en la que uno ofrece
                               vino sagrado)
Al cien por cien 
la voluntad
              no es sustituta del pensamiento, no juzga.

La ruina, sin ceniza
Se marca como en un libro abierto de par en par
Sobre un tablero.
Al tirar del cubil callejero,
el temblor escanciado
                               detenido

Sin más compañía que el registro de una oscura tela que empapa las líneas de la mano y recorre 
un cuerpo cansado
                ascua de anatomía perfecta
los silencios 
            describen 
                    sus movimientos
                                             - y el último

                                         (Ugetsu monotagari)
en las aguas de Azuchi, un pequeño bote solitario flota como una rama
todo duerme
desplomado sobre el timón
este mundo morada temporal
donde llorar hasta que llegue el alba lanzado por la espuma del mar.
Oblicuo
el rostro de mi gata se arracima a mi pecho
su lengua rasca el tuétano que ordeña de mis palmas
y amancebando el croquis de los pájaros
mencionada 
la rectitud de su líquido estancado.
              
                                    (Son once los preceptos maximizados)
el primero encaja en una cerradura
el segundo rasga el cardumen lanar
el tercero es sábana de sexo cuarto
el cuarto es inhóspito
el quinto florece
el sexto round / el séptimo cielo
el octavo
el noveno
el décimo
y el último. 

- Una taza de agua caliente por favor.
El aparejo de la nada,

cundiendo en el hígado de la posibilidad.
Cada palabra es un adn trashumante
Abro la puerta y la maleta desaparece
convirtiéndose en caballete de cirugía
confesionario cromosomático, 
embozado de noche sin clausura, 
ni precepto.
En el precipicio de una cruz,
muy
muy al sur
.
- Una taza de agua caliente más por favor.

[Si Jesús volviera lo crucificarían de nuevo]
                    (Las manos dormidas)


cc

dos poemas de -Laura Giordani

Laura Giordani


Hay mañanas que descienden
sin forcejeo con la noche, gasas
por la rampa de los párpados.
Nos alumbran de espalda
a todos los relojes, mañanas
de harina y guata, de trino
sosegado y brotes
de primera hora asomando
en las sienes-
Mañanas que son una rambla
recién llovida reclamando los pies
con sus baldosas.
[Mañanas]
                                              

                                                                       Hasta la claridad se extravía
                                                                       si no hay cuencas para retenerla


Suspendidos en la pelvis, dos frutos custodian las semillas
con la luz opalina de sus llemas. Arca de los nacimientos,
almácigos con todas las edades a cuestas, resistiendo en la
penumbra la extenuación de las fuentes con el hálito de
la sangre y la sola determinación de su seda.

La luna alza sus racimos en la tierra y hunde en el vientre
de cada mujer sus esquejes, orbita el sueño de la materia,
el mandato de nacer y morir desovando veintiocho soles
muertos.

La humanidad estiba todo su polen: los por nacer, los que
nunca se asomaron, en dos barcas blandas diminutas como
almendras.
[[1]




[[1] Ovarios]



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Ediciones Amargord
Colección Candela
Dirige: Mar Benegas

Laura Giordani 
(Noche sin clausura)

18 de julio de 2012

La cavidad verbal // Juan Larrea - Antonio Méndez Rubio


“La cavidad verbal.”
                de Juan Larrea.


Un día me sucedió que percibí sin más la existencia de un vidrio intercalado entre los demás y yo, vidrio más o menos transparente según los agentes psíquicos, de manera que por claros momentos podía creerme a su lado formado parte de sus mismas sospechas. Mi vista llegó a englobar la unidad conjunta; constituíamos todos, un único ramillete aunque contemplado por dos ojos de diferente color. De este modo se explicaba, siendo el que me miraba oscuro, lo turbio y parcial de mis sensaciones. Sentía no ser sino en una misma presencia, la presencia de algo difícil de discernir, y experimentaba el deseo de ser vidrio para convertirme en ella, haciéndola idéntica a mis profundas ansias.

Mas el vidrio, a veces, amanecía empañado -se hubiera dicho el final de todo-, viéndome entonces obligado a luchar contra el deseo de trazar en el mi nombre con el dedo. Sabía que hacerlo equivalía a decretar mi muerte redactando mi epitafio. Equivalía a dar un nombre a la muerte, llamarla Juan o Pedro o Nicomedes. Al fin empecé a escribir un nombre cualquiera, Felipe, y oí un pequeño crujido como si un pétalo cayera, mientras que, como si formara parte de una balanza, se elevaba un suspiro. A través de esas letras me era dado contemplar.
Y vi que no había sino un hombre, uno solo, habiendo todos los demás desaparecido. Un hombre que nunca había visto anteriormente y comprendí que debía tratarse de mí mismo. Era ese hombre presa de una gran curiosidad e iba de flor en flor mirando a través de ellas como se mira por el ojo de una cerradura a una mujer que se desnuda. Contemplaba con tan grande atención, con tan perfecto olvido, que me era difícil contenerme y no mezclarme a sus diligencias. Sabía yo que ELLA se encontraba allí y que era mi lugar usurpado. Decía: Yo, yo, yo soy yo… y me sentía huérfano de algo, como una caja sin tapadera, inacabado no cerrado. Me volví entonces hacia atrás para hacer compartir mi desventura. Y encontré mil rostros repetidos como los motivos de papel pintado de una habitación. e iluminados por una luz que les llegaba de dentro a fuera. Todas las palabras estaban asimismo allí, pero desprendidas de toda voluntad y sin significación. Uno de ellos decía: grasa, grasa, y lloraba a raudales. Yo anhelaba saber el contenido de esa palabra porque tenía celos de sus lágrimas y quería llorar más que él.


Alguien llegó diciendo: -Oh, ¿eres tú? -Sí, soy yo, respondí, mas sin saber en realidad lo que quería decir; -Yo soy yo. Pero otro exclamó: Oh, no es posible! Yo soy yo. -Qué equivocación, intervino un tercero; Tú no eres Yo, tú eres Tú… -No, perdón, corrigió aun otro; Yo soy yo.


Pero una voz clamó: -Yo soy el llamado a llorar. (Desde el comienzo se estaba esperando este instante.) Yo va a separarse, yo va a partir, es preciso partir. Soy el llamado a llorar.

Entonces todos se echaron a llorar como si en un día quizá lejano hubieran sido ya ríos.

Y todos se vigilaban envidiosamente como moldes.



***
Juan Larrea. Bilbao 1895- Córdoba (Argentina) 1980.
***



Larrea…. amputación sonora, seno verbal, receptáculo de muñones, desarticulante de la retórica, del idealismo romántico. Desencadenante de impulsos pulverizando el ritmo, no la lentitud.  “En el país de la risa, la ceniza precede al fuego” (Oscuro Dominio.)  Desde el precipicio intensivo aloja la sombra sobre un bosque enmarañado para obtener el brillo, en su justa y deslumbrante medida. “Por su propio peso la tristeza baja los grados de la escala social / entre los gritos profesionales del horizonte” (Metal de voz.) 

En un tiempo en el cual nos obsesionamos por recitar el morbo, lo rocambolesco, la imagen, el grito, la herida, uno se apercibe de que eso no es literatura ni nada. No cruza la sustancia del tiempo en el que vivimos con un más lejos, y ensortija en una dialéctica decimonónica su voluntad de poder, su anhelo desafiante olvida la acritud de las palabras. En un poema de Luís Martin-Santos escrito “en contra” de los ultraístas (grupo en que quisieron encasillar a Larrea) extraigo los siguientes versos.

"No rastrojos: cosecha idealizada;
no tratados: rupturas y conquistas;
no sereno: borrascas bajo el sol."

La disolución del yo ante el alfabeto, esa irresistible costumbre de identificar las palabras con el rol del escribiente, permite irónicamente el relajo y deambular entre las intensidades, las identidades actuantes con el nombre, ese que nos ungió, tenemos la visión, ciegos, sin versión. En cambio las tribus han alzado velódromos desterrando cualquier lugar habitable. No existe disponibilidad para las aves nómadas, el reloj de los tiempos ha suprimido el campanario, la cuerda rodea otros cuellos y esa cuerda, une los cuerpos. En los intervalos del tríptico de la verdad de Antonio Méndez Rubio percibo esa realidad, escuálida, pero no por reducción sino por multiplicidad, adecuación que no busca la verdad sino la producción, 
esquejes.
(CC)
KATE MAcDOWELL

 ***


“Tríptico de la verdad”
         de Antonio Méndez Rubio.

I
Dentro de esa inocencia
hay una parte de secreto
que habla por ti y por mí, que
calla
sin encontrar un lugar
fuera de las palabras. Dentro
nadie va a despertar
                        después de
lo que no nos separó.
Cuando no iba a ser tarde.
Luego nunca amanecía.
Los ojos miraban
el cielo sin nubes.

II
Por debajo del cielo,
volando.
He visto unas cigüeñas
quedarse, flotar
sin saber cómo.

Llegan.

El mundo es inseguro.
Es demasiado pronto.

III
¿De verdad que no te acordabas
de lo difícil que te parecía escribir
con todas las letras,
                                               hacer
como si en un hechizo se juntaran
unas palabras con otras
y, con los ojos más fuera que
dentro del mundo,
con la mano no apartada,
no sola,
saliendo ojalá indemne
de toda mi soledad?


***
Antonio Méndez Rubio. Fuente del Arco, Badajoz, 1967.
***

Dibujo de Laura Giordani

on the road