23 de agosto de 2011

"La puerta del espejo"

Desecación de las marismas, S.XIX.


        Necesito tomar esta figura desde más atrás pensaba, el incendiario desprecio por el pasado colma en mis tareas un desequilibrio nada grato. La tarde se consumió y no había escrito un solo renglón. Entre cigarrillos, la observación detenida de los árboles del patio, la caída del mate, la escucha de casetes, y la tarde se arruinaba mientras rumiaba con los brazos apoyados en el escritorio. En proceso íntimo con el que cristalizar los personajes de mi cuento. Aquel coqueto talento indomable de inserto esponjoso que tiende a encarnarse, posándose cual mirlo tras un lastrero vuelo en el alfeizar de mi ventana, y agonizar. Para entonces el tiempo se detuvo y me dirigí al espejo del pasillo que preside en un taburete delante de la puerta de entrada las visitas, quedándome ahí quieto, articulando los pedacitos de mi ser para borrar las reservas que siempre quedan entre líneas, las malditas convenciones adultas. Aunque todavía no había escrito un solo renglón del cuento. ¿Cuando abra la puerta, en qué se habrá convertido el mundo? Sentí una fuerza paralizante. Era la puerta de mi casa, y sin embargo la puerta del espejo a mi espalda. Y más allá el mundo que frecuento y habito. Observé la relación que puede haber entre la escena de un teatro y la escena de la realidad misma. Muchos personajes tienen su morada en ambos mundos sin pertenecer a ninguno en concreto. Muchas personas poseen el mismo artificio. En cambio yo podría quedarme allí de pie flotando y espesándome en el aire, sin pertenecer a ninguno de los dos mundos. Simplemente tenía que quedarme en silencio y tangible. Sugerido sin palabras. Sin un renglón. Incluso mirando el reflejo podía satisfacer las apetencias de por ejemplo ver entrar quién vendría al día siguiente. Encarcelado allí se encontraba un beso. No último. No existe conclusión. La imaginación se desgaja de lo real porque nada es sólo una cosa, tantea varias. Así que respiré profundamente y comprendí que no podría desprenderme de la autarquía de las palabras. Que tras un rato disolviéndome en el pasillo me encaminaría al escritorio para un primer renglón. Sobre el alfeizar me esperaría el gato gris y viejo de la vecina para inspirarme con su juiciosa mirada de entendido.

      Apagué las luces y salí. Sonriendo en el descansillo se topaba la dueña de Petronio al que acariciaba mientras llenos de agitación bajaban los niños del tercero. Ella es quien le permite todo y aún así no podía evitar la salmodia, haz el favor de escucharme cuando te hablo. Para avergonzarlo ante mi presencia pellizcaba su hocico. Buenas noches. El mundo seguía sus buenas costumbres, cierto. Caminé alejándome del centro hacia el puerto sintiendo un bochorno estival. El cielo noctívago se cubría con una tupida niebla amarillenta. Hubiera podido hacer una brecha de un latigazo si tuviera, pero sería una espinosa y desencantadora opción intentar domesticar el cielo. Como respuesta, crujió. En fin, la porquería de los callejones y de la playa por los festejos patronales sería apaleada. Me cobijé en la marquesina del club de piragüismo. Dos pescadores haciendo movimientos negativos con la cabeza recogían sus cañas y se iban apurando el paso. El preludio de la lluvia fue magnífico pues me inmolé en la luz de los relámpagos. El brillo espectral confería a la ciudad, con sus sacudidas, un semblante noble. Las súbitas fulguraciones dieron rienda a una inmensa caída de agua desparramando así, lo que parecía; volcar el mar sobre la ciudad. Y yo tenía la oportunidad de ser un pez, dejar al hombre con sus reflexiones en la marquesina y bucear por las calles. Sin prisa, comprendí, me obedecía una cola.

     Sin retardos el rio de lluvia se apropió de cuanto había, rebalsando aceras y escalones, removiendo la tierra de los jardines y girando sobre las alcantarillas a punto de cerrar sus hendiduras. En las cafeterías la gente miraba con la cara pegada a los cristales. Sorprendidos por mi zambullida supongo, y por el riesgo que corrían sus locales de ser tomados. Aquella noche los coches guardados en los garajes tendrían a sus dueños alerta. Poco a poco tendrían que convencerse que sería inútil desvelarse y se dejarían arrastrar por el sueño. Sentimiento que me movía en aquellos instantes puesto que me imaginaba pez sin ceremonia que se dejaba llevar por una corriente. Aunque me acercaba a mi casa, donde me esperaba el escritorio con la hoja sin un solo renglón. Metí la llave en el portal. Recordé que hacía cinco años esta operación sucedió con la cerradura ahogada puesto que la cubría el agua, vivo cerca de un rio, que nace en una montaña cercana. Subí las escaleras y abrí la puerta, pero sin encender las luces, porque se filtraba como en una colmena una tenue luz almibarada. Cerré la puerta y me acerqué al espejo. Estaba ennegrecido y era un espejo de tinta.


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Hoy dedico mi entrada a todos aquellos que se aproximan a este espacio, porque incentiváis, con vuestros comentarios y la labor en vuestras propias derivas, mi tinta. Y espero fuertemente que Aka regrese pronto de sus vacaciones. Aunque en especial, dedicatoria a mi "Moldava".

22 de agosto de 2011

"Correspondencia"


“Correspondencia”

De: Daniel
Asunto:
Para:
Fecha: sábado, 20 de agosto, 2011 16:54
Fui caminando lento hacia la estación de tren. Pensando que podrían atrasar la salida y hube de subirme al siguiente. 
Un error pues mientras esperé, tuve que ver la agonía de un pajarillo que cayó en picado sobre el andén.
No era capaz de leer ni levantarme, al llegar la hora de subir al tren oportuno, el pajarillo desapareció.
El viaje somático ha sido relajado. Arribar a la Villa y acogerme a sus dementes costumbres.
Un beso.

PD: Asumo que conocerte, centrará el orgullo más sincero de mis futuros días y noches.

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De: 
Asunto:
Para:  Daniel
Fecha: sábado, 20 de agosto, 2011 21:34
RE -   [ … ]   Un beso que es un latido que es un beso que es un latido que es un beso que es un latido que es un beso que es…    
 
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De: Daniel
Asunto:
Para:
Fecha: lunes, 22 de agosto, 2011 22:33


Esa puerta del cielo que se abrió deja dos mundos escindidos, digamos que nunca dejaron de existir pero al abrirse la puerta, dejamos de sorprendernos. Temblamos y nos quedamos paralizados. No existe la conclusión. Vamos más allá de lo esperado y ritmamos nuestros argumentos conjuntamente hasta el punto que aprenderé de nuevo a hilar y exponer vía correo electrónico mis pensamientos y corazonadas, vía a la que he sido siempre aprehensivo, pero usted lo ha querido y ahora tendrá que soportar mis palabras. Que sepa, suelen hacer cuando se relaja mi pluma, igualito que las gotas aquellas del cuento de Cortazar, se hinchan y caen repiquetes en la opacidad de este cristal. Mientras escuchas alguna música o tu compañera de vivienda, y tú, simplemente tal vez sola y tumbada en el sofá en silencio. O quizás yo ya inquilino de tu hospitalidad, continuando el infalible intercambio mientras me dedico a los cafés de la ciudad después de las entrevistas de trabajo. 


Así que esta será la segunda misiva y declaro libérrimamente mi infatigable deseo de centrar la espiral. El beso que me envías. Nunca ha de ser el último. Pues cercaremos el cielo hasta que ondeé la bandera blanca primero, y después el infierno para desalojarlo y cerrar con llave todas sus puertas. No me acostumbraré a perfilar la confidencia, el aniquilamiento excelso del vocabulario excesivo. Todas tus sintaxis, palabras comunicantes rozarán el marco de la puerta como la alquimia que apresa el vértigo y desarticula el laberinto. Entrando sin esfuerzo y rompiendo los clisés, porque reescriben la Historia. Para mí también es natural y dulce sabernos tan así, tan repentino subiendo hasta el comedor, tan simple untando en el desayuno abrazos y la calle para distinguirnos en un ballet de semáforos absortos. En cambio ahora nos distancian noventa y dos quilómetros en línea recta y estoy en una habitación que me parece ajena. Los libros desordenados, las pilas de discos, las partituras sueltas parecen el atrincheramiento que impide mi libertad. Pringando mi alma en un borrador digno de disculpa. Nunca me gustó perder un tren, tampoco me angustió la idea, pero desde que te conozco llevo una nueva guía de horarios. Lista para desde ya mismo testimoniar en un palacio de papel. Reconfortado viajante ante la diversidad del paisaje. Ante la operación correspondiente a las funciones de un átomo. Una canción ahora de Bird que me recuerda el día anterior de verte, en lo alto del monte con mis dos mejores amigas metidas en el coche, y afuera un viento de rasca pero levanto los brazos al cielo ante la ausencia de fugaces estrellas, sin embargo los hados en cordial amistad dejaron escapar una, que atestiguó la palma de mis manos. Uniendo los episodios de mi vida en un solo instante como el estribillo de una canción de pescadores al lanzar sus redes al mar. Será por esta felicidad compartida que deseo dejar mi isla, abandonar mi estancia perpetua en un faro que anclado en alta mar, disminuye las largas travesías, en su soberana y adrizada torre. La abandonaré sin renunciar a volver. Me gustaría tener tu compañía si algún día he de componer allí algún poema para sacar fuerzas renovadas, para ajustar la visión y hacer que las plegarias nos obedezcan, que la rebelión nos pertenezca y no a la inversa. Esta tarde antes de sentarme a responderte me fui a la estación, quería ir hasta el taller de fotografía a recoger mi cámara. Al llegar a la cola escuché venir un tren y vi su procedencia. Sin darme cuenta que era el mío. Antes de llegar a la taquilla tomó su rumbo, que era el mío. Pido el billete. Se queda un rato mirando al aire, y me dice con lástima, te doy para el siguiente si quieres, dentro de una hora. No, exijo trayecto ahora. Llega otro tren que va hacia esos noventa y dos quilómetros que nos distancian. En cambio me bajé en una parada intermedia y deambulé por sus cruces de vías y las extensiones de su parada. En este momento te recuerdo mi extravío. Para que sepas un poco de mis deliberados problemas. Mis rarezas furtivas o llamémosle simplemente, pasos. En mi próximo correo pienso explicarte la construcción de su medida.
Un cariñoso estrujón mi cielo.

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18 de agosto de 2011

"Sin una palabra"








Esta noche tengo el brazo acalambrado por empuñar una luz
en el hueco de mi sombra
cueva de espantadas antípodas.
.

Parece el eterno sacrificio a un remoto orden
pero no lo es
no todo es teatro.
.

Son mis dedos  tocando la faringe
Abjuro de los laberintos de mi ser cautivo tras los matorrales
tras las bifurcaciones, los rebaños
 y el relincho del resplandor.
Ávida materia que cimenta mi absurdo
 y consolida mi lúdica lucidez.
.

Hoy abrazo mi sombra
no por indulgencia ni consuelo
sino porque es testigo de mi libertad.
Nació de mi boca tras bramar en mi vientre.
el aliento estepario
porque ya no existen refugios,
ya murió el tiempo *
.

Apuntalado mi lecho en la deriva
lamo el abismo con la travesía
y en los merenderos del destino
he conocido tus ojos azules
infinitos al fin
recorriendo la estela de mi ancla
como una puerta en el cielo
y en tus labios la llave
el manjar sucesivo
los aniversarios, el grito de hermandad
el devenir
la diversión de los grumetes.
.

Veo el fuego felino fecundo fiel al regato
mi sombra se arrodilla
mis manos flotan entre tus muslos
mi lengua emprende el viaje de Ulises
para destejer el bálsamo
el estandarte.
.

Sin una palabra



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*    Está claro que los actores perfeccionan la apariencia y miman lo perecedero. Como mantis religiosas.



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10 de agosto de 2011

"El rincón de Margot" IV y Re.quién








Los actores no salían. El aplauso iba decreciendo a medida que aumentaba la impaciencia del foro por abandonar el teatro y olvidar lo visto y escuchado. Si ahora lo pienso, mi actitud estatuaria representaba como un oráculo el final, entiéndase, el hallazgo del drama. Algunas personas cambiaban pareceres y también los aplausos por los abucheos y algún insulto. Prodigiosamente rebautizaban el espectáculo a medida que abrochaban las chaquetas y desertaban de las butacas. Si ahora lo pienso, debería haber seguido su ejemplo.


Voz detrás del telón - ¡Sanguijuelas!

Margot – Ya está. (Bajando por un pasillo, se acerca a mi asiento y coge una rosa blanca de mi regazo, continúa hasta el borde del escenario) Se han ido todos, no queda nadie. (Me guiñó un ojo y con mortal ansiedad me clavé en la butaca) Podéis alzar de nuevo el telón.


Así sucedió. La puesta en escena carecía de cualquier objeto, referencia visual, y Margot se sentó en el centro debajo de un foco de haz blanca, ahora vestía un hermoso vestido blanco.


Voz detrás del telón - ¡En mitad del ensayo tienen que aparecer esas sanguijuelas que… malditos sean! (La voz se oye cavernosa, imitando un Enigma, afectando seriedad) Margot, ahora tú debes adoptar un profundo dolor. Sincero. Tu indiferencia se tornará en materia sólida de una atormentada soledad. Confeccionaremos una desgarbada y angustiada mujer, crucificado Edwing caerá sobre tu regazo…

Margot - Entiendo. No sigas Haré el papel. Soy consciente de mi culpabilidad, debido al envilecimiento asesiné la esperanza y ahora…

Edwing - (Entra por un lateral. Ebrio. Portando una farola con una luz roja. Tambaleante. Cantando) Tuuuu llevabas razoon. El camino es duro… (Tropieza y cae. Se levanta) 

Margot - Oh no. Esto no es serio. (Mira al telón)

Edwing – Merecemos reconocimiento. Dadme una copa de vino. (Intranquilo mira hacia las butacas frunciendo el ceño al verme) Aquí no debe entrar nadie y usted… (Posa la farola) También como nosotros es actor. Míralo. Tiene el rostro de un personaje. (Ríe lacónico) Parece impaciente por interpretarlo. (Margot se le acerca y le frota la frente maternalmente)

Voz detrás del telón – El problema reside en querer gozar, transformar en materia cualquier pasión o deseo. La humanidad crea dioses y ellos el infierno y el cielo. Nosotros nos vemos obligados a dibujar sus metamorfosis antes de su muerte.

Edwing – A mí me parece que lo que necesita este hombre… (saca una petaca y bebe) es una copita. Y como el camino corto no siempre es el camino recto. Te dejo este licor aquí. (Lo deja sobre el último escalón que sube al escenario)

Margot – Míralo. Es tan bello. Su timidez le anuda una soga de silencio al cuello reprimiéndolo. Aunque un rayo de verdad atraviesa su alma como un túnel.

Edwing – No soporto tu nuevo papel. (Mira arriba al telón) ¿En verdad es necesaria esta exhibición gratuita? Lo que enmarcas de inmediato se teatraliza. La verdad es mentira y nuestros actos son el oficio por desenmascarar.

Margot – Me dejas sola compañero.

Edwing – Perdona, pero nuestro material está dentro de un esquema temporal. Buscamos lo qué somos. Aflora nuestra esencia. Nos individualizamos.

Margot – Estás siendo demasiado severo. Si la realidad fuera siempre la misma ¿Cómo es que siempre somos distintos, movedizos? (Ambos permanecen sentados bajo la roja luz del farol y me miran) Esa persona ahí delante nuestra merece más que nosotros estar aquí, y aplacar este disturbio.  
(Edwing se palpa un bolsillo, saca una pistola del bolsillo. Me apuntó)

Voz detrás del telón – Toca un fin. (Profundo y categórico)
-
            Edwing – Tú decides. ¿La ficción o la realidad?



Si ahora lo pienso, no sabría decir cuál fue mi respuesta.







5 de agosto de 2011

"El rincón de Margot" III

...

Aparece en el escenario la Tía Santos. Camina despacio, lleva una silla enganchada a la espalda, y con suma dificultad recoge una botella verde, sopla y apaga la vela que hay adentro tapándola con un pañuelo.


Edwing- Hola tita.
Tía Santos- ¿Qué es ese alboroto? (se acomoda en la silla)
Edwing- (Con cierto desdén) Son los mordiscos de una llama insaciable.
Tía Santos- No quisiera ofender, pero Ed ¿no eres capaz de entablar un diálogo como una persona corriente?
Edwing- Lo haría si con ello bastase para tener razón.
Tía Santos- Y a estas alturas, ¿para qué quieres tener razón?
Edwing- Pues ya no lo recuerdo.
Tía Santos- Será que hablas para ti procurando el consuelo que no encuentras.
Edwing- Exacto. Mi lengua se mueve por los escrúpulos de no parecer una persona corriente, o eso creo.
Tía Santos- (Disgustada dice para sí) Siempre tan desmemoriado e idealista. ¿Y qué te retiene en este lugar donde las palabras suenan tan sinceras?
Edwing- Aquí sólo acalla el alarido de la lívida humanidad y si me quedo a capricho en este segundo mundo es sólo por Margot. Mi palabra, mi flor innata, mi limbo enjaulado. Incapaz de poseerla del todo se mantiene intacta, prostituida y dialécticamente desnuda en su pecado original, quererme, inflamando mi inspiración.

Se muerde el labio y destapa la botella devolviendo a su tía el pañuelo, dejando así escapar el humo. La Tía Santos se quita la pierna ortopédica y se frota el muñón con el pañuelo verde.

Tía Santos- No te conviene.
Edwing- (Pone cara de resignación) Por las vagas sombras de los sueños languidezco, por el nardo, el jazmín que brota de mis yagas que ella goza…
Tía Santos- Y la deshonra nadie borra (Para sí) Pobrecito, ni muerto descansa.
Edwing- (Preocupado) Tú has sido la única persona que no me condenó tras mi inevitable muerte.
Tía Santos- No te creas, era presumible que ya estabas sentenciado, inocente y sentenciado mi linda flor negra. Incluso el modo que usaste para darte muerte decía que eras inocente.
Edwing- Aquello fue una emboscada y estaba impulsado a alcanzar una sombra mayor, margotificar mi corazón, y en segundo espasmo saborear aquella pequeña gota de veneno.
Tía Santos- Lo que yo decía. (Abatida)

­­­­Edwing- (Tras una larga pausa) ¿No traes noticias de mis padres?

Tía Santos- ¿Ya no te satisface ahora el bálsamo que ella te prepara eh? Ay ay. Sabes que sus vidas han cambiado, ahora están felices con la vida de tu hermana. No les reproches. (con miedo) Ahora viven cerca de la playa, en una casa…
Edwing- (Encendido) En un prostíbulo de máscaras todavía más siniestras que las que languidecen tras estos sellos. (mira hacia el rincón donde Margot… y mira al público) Y las que todavía están por venir.
Tía Santos- Eres imposible. (Se tapa los ojos con una mano entreabierta y mira allá donde Margot…) Es imposible.
Tía Santos- Esa llama insaciable que en su buen día fue una tímida nenita… (se aprieta la pierna ortopédica) te agarraba la mano como una colegiala…  (se escucha un fuerte gemido  donde Margot fornica y se santigua) ..Bendecía con aquella angelical sonrisa cualquier situación y nunca se cansaba de reír…. (se tira un pedo)(mira sorprendida su hedor) ¿No habré despertado a nadie? (vuelve a santiguarse)
Edwing- (Abstraído) La oscuridad es una cosa poco correcta. (Serio, casi enfadado) Tía, le tengo que confesar algo.
Tía Santos- ¿No es ya un poco tarde? Parece que va a llover. (se tapa el pelo encanecido con el pañuelo verde)
Edwing- Estoy escribiendo una obra.
Tía Santos- ¿Póstuma?
Edwing- No es ninguna broma.
­Tía Santos- Es una novela entonces.

Edwing Es una obra de teatro, y tú (levanta el brazo enérgicamente con el dedo apuntando hacia las butacas) te encargarás de que alguien la publique allá.
Tía Santos- Entonces será una obra de caridad.
­­Edwing- (Trepa hasta el alto del muro y se acomoda reticente, modesto y triunfal) Arrojará luz sobre ese mundo de ciegos al que perteneces. (su cuerpo eclipsa el fulgor de la luna permaneciendo en negro contraste su cuerpo) Tengo todo aquí (dice tocándose la sien) Imagínate, imagina unos hombres que se encuentran desde niños en una caverna, que tiene una abertura por donde penetra la luz exterior; están sujetos, de modo que no pueden moverse ni mirar más que al fondo de la caverna.
Tía Santos- Uiiiiii que complicaaaaa-do.
Edwing- Fuera de ella, a espaldas de esos hombres, brilla el fuego de un resplandor encendido sobre una eminencia de terreno, y entre ese fuego y los hombres encadenados hay un camino con un pequeño muro; por ese camino pasan hombres (hace el gesto con los dedos en el bordillo del muro) que llevan todo género de objetos y estatuillas, y los encadenados ven las sombras de esas cosas que se proyectan sobre el fondo de la caverna- cuando los transeúntes hablan, los encadenados oyen sus voces como si procedieran de las sombras que ven, para ellos su única….realidad.
Tía Santos- (Bosteza y sonríe) Eso me recuerda que hoy estuve en el  nuevo centro comercial de la ciudad y….

Edwing golpea con los nudillos en un nicho. Se abre y en el interior hay una timba de cartas. Un jugador le ofrece una cerveza y cierra la puerta. Es el mismo tipo que antes subiera con Margot

Tía Santos- (Se levanta y cuelga la silla a su espalda) Parece que tu Margot acabó su faena.
­­Edwing- Es posible (Dice al acabar de un trago la cerveza)
Tía Santos- Entonces me iré. Ya me contarás como acaba tu obra.

Edwing- Aún no tengo el final. No lo dispongo todavía.

Tía Santos- ¿No será Margot el autor?

Edwing- (Ocultando su impotencia) Yo sólo transcribo lo que está sucediendo en la caverna y lo que se figura desde fuera. No existen ni vivos ni muertos, sólo aquí y ahora. Este directo, único y real. Fuera eres requerida por uno virtual. Querida.
Tía Santos- ¿Fuera, aquí y ahora? ¿No llamarás a este sitio la caverna? (Perdiendo el hilo)
­­Edwing- Mejor pregúntate si existe vida antes de la muerte. Esta obra se plasmará en la función que llevarás a la editorial Chichita Cunegunda.
Tía Santos- (Voz edulcorada) Entonces tendrás el detalle de hacer que mi personaje sea más joven y más hermosa.
Edwing- Oh tía! En esta misión no está permitido el milagro. Además tú estás fuera de este subsuelo. Eres sombra.
Tía Santos- (Consternada) ¿Y ahora qué? ¿Todo lo que he dicho es en balde?
Edwing- Ahora eres consciente de que tienes que irte; así que perteneces al mundo exterior, al mundo de las verdades inalterables, que hasta no ser vencidas por la muerte no pueden ser alteradas.

Chinaski. Un hombre de gran envergadura y aspecto hostil, con sombrero e impregnado de una pintura plateada se acerca con una botella, aunque no presta atención a los diálogos manteniéndose al margen. Se sienta en el banco.

Tía Santos- Me iré antes de que éste empiece con su música.

Un niño vestido de colegial con un capirote con orejas de asno, pasa por escena portando un carro con una gramola en el que suena de nuevo “Devil Got My Woman” de Skip James.

Tía Santos- Después de tantos años aún hay amor en el desconsuelo. Seré en pronto una señal precipitada del mundo interior. Este en el que ahora te encuentras sobrinito.
Edwing- (Dirigiéndose al hombre negro) ¿Y tú que opinas de las señales Chinaski?
Chinaski- Nunca me gustó hablar en público pero creo que somos tan estúpidos como para prestarles atención.
Tía Santos- Pues os digo adiós antes del vamos.
Edwing- Quédate que Chinaski va a explicarnos el origen de la vida. Y le gustan los animales, los niños pequeños pequeños, y los ancianitos ancianitos como usted.
Tía Santos- Tengo que coger el tren. Atravesar sola el parque…
Edwing- También le gustan los trenes y los parques.
Tía Santos- (Los mira a ambos, incrédula, estudiándolos)
Edwing- Pues vete ya si lo deseas, así no tendrás que esperar a un más tarde, sino a la señal de ya.
Tía Santos- ¿Y cómo quieres que me despida sobrinito?

Edwing- Al estilo music hall.
Tía Santos- Para eso necesitaré un acompañante.

Chinaski, no pone buena cara y se queda rígido dándose la vuelta.

Tía Santos- Bueno. Buenas noches. Me voy antes de que caiga la lluvia. (Y se va del escenario, renqueante. De improviso agarra la falda y se despide al estilo french can-can, se apagan las luces y se baja el telón) Alehop!


1 de agosto de 2011

"El rincón de Margot" II

...


De un antiguo parecido con Nerón vendrían los sarcasmos. Buscar, buscar refugio como un diablo tranquilizado busca un gato flotando en el cielo.

Dos ciudades. Pero hace frio. Tengo frio y veo mis manos huérfanas, atadas, mojadas con la limosna de lavarme el rostro. Un chirrido barítono de coche arrancando despierta mi conciencia de lo que está afuera. Hoy no necesito de la derrota para salir, quedarse sería aceptar el electroshock, la llamada de Margot y tratar de explicar sin remedio mi conformismo en este rincón forzoso. Así que doy una pirueta de autómata hasta el ordenador y abro el correo, sin noticias, y de otra me siento en una cafetería que no suelo frecuentar. La tristeza salta y veo su huella impresa en mi rostro. A veces, pienso que mis sentimientos son trances para relacionarse, y pienso que debería escribir un relato, un poema en prosa, algo, algo sobre una persona sin atributos, dueño de sí, controlando los sentimientos, las inflexiones como un idóneo capaz de un solo punto de vista, pero por las noches alimentándose de lágrimas indisciplinadas. Pero las palabras no alcanzan. La pelota está tras un poso de café y escucho con gesto fingido a la camarera. Arreglo el cuello de la camisa, pido permiso para abandonar la soledad del taburete y tomar el tren para como de costumbre fruncir el ceño al paisaje porque como de costumbre no encontraría empleo y volvería la noche. Al sueño.








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““EL RINCÓN DE MARGOT””

“El drama es la razón de ser del personaje, es su función vital.”
(Luigi Pirandello)


obra teatral para ser interpretada
según venga en gana


(El telón estará bajado y sonará "Devil Got My woman"…… y el telón se alzará a la cuarta escucha)(Dependiendo de la puntualidad de los actores)

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SEGUNDO ACTO.

Se abre el telón. El rincón, es un cementerio alumbrado por velas embotelladas y arriba una luna roja atrapada entre finas líneas niebla. En extremo hay un banco, enfrente de una la columnata de un arco romano, y al otro extremo un caminito de grava. Esta parte del escenario antes a oscuras, se ilumina y el trazo antes descrito pierde intensidad enlutándose y dejando sólo la luna, las velas y la penumbra del cementerio. Con el cambio lumínico la luna se tornará más roja e incomprensible.
Margot estará de espaldas pintarrajeándose los labios con ayuda de un espejito. Se le cae la barra y le da una patada. Se gira y se acerca a un nicho, inspecciona, y apunta en una agenda. Se arregla una media y se vuelve hacia el camino de grava por donde llega Edwing, gris.

Edwing: Buenas noches Margot. Aunque mi penuria no deja contornos para anhelar gran cosa.
Margot:  Aquí llega el apuntador de mi soledad.
Edwing: Soledad sin espejo, ya que nunca escuchas.
Margot: Ven aquí y bésame corderillo.
Edwing: Uf. (no lo hace, tirita y retrocede un paso) Siento un sutil calor inconfortable. Un inmenso yo exterminador, ya nada es igual Margot.

Margot: Tampoco podremos amarnos ¿verdad? –Alejándose con fingido disgusto-  aunque seas mi huésped favorito. Y aún así… sería demasiado fácil si bastara con amarnos  -limpia una losa y la inspecciona, saca la agenda y la mira, la guarda de nuevo-  y demasiado absurdo juntarnos con la pronta exactitud de ser los mismos actores de un mismo acto.
Edwing: Hablas de ese modo porque en el fondo enjugo mis lágrimas por ti, y lo sabes. (sin desdén pero apenado). Y porque estoy muerto, igual que todos.
Margot: Las palabras son las que están muertas. ¿Oyes? Estas partituras imperfectas. No te esfuerces. Ellas mismas determinarán su caducidad con precisión.
Edwing: Entonces son espectadoras faltas de cariño. Andan cojas. (Saca un reloj de bolsillo y lo mira) ¿No tienes clientes?)

Margot pone los brazos en jarra. Mira hacia las butacas con una sensualidad viperina. Baja del escenario frotándose la falda. Pide un cigarrillo a un asistente y suena el bolero de Ravel. Se vuelve para ver a Edwing.

Edwing: (Camina pensativo y señala un nicho del que antes Margot había tomado facultada nota). Menuda paradoja. Cualquier cosa que se diga es una pesquisa, un deseo inconforme de muerte. La belleza está columbrada de exageraciones… Y yo en esta noche… Debo salir. Pero qué decir para salir de este espejismo dl que desconozco la figura original ¿Qué fue primero, la palabra, el deseo de estar en otro lugar? Soy un ser disciplinado, cabal, con buenos modales. Aunque puedo imponer (Da enojado un puntapié en el suelo). ¡Orden, ordeno silencio! (Se para la música y se ajusta el cuello de la camisa). Corto el césped, riego, siembro. Recuerdo el nombre de todos los mares del mundo. El mar Caspio, Pacífico, el Egeo, el mar Muerto. ¡Silencio he dicho!. Aunque aquí, tan solo, y la hierba está tan fría… (Melancólico recita, contando con los dedos). Mar atlántico, mar atónito, mar lúdico, mar súbito…

Margot y el señor que antes le ofreció el cigarrillo suben hasta la zona oscura del escenario agarrados de la cintura y perdiéndose entre bambalinas. Se oye un cuerpo que cae al suelo y una profunda eufonía de fuegos y gemidos.

Edwing: …mar vati…. (Sorprendido mira al público) No soy maestro en juegos florales pero bien se ve que ahí detrás están a la fragua de un nuevo sepulcro. (Se acerca al fondo y esa zona del escenario oscuro, emite destellos relampagueantes y Edwing, recibe una bocanada de humo y tose) Ya veo que ahora no puedo contar contigo.
Voz de Margot: Aaaaaaghahh.
Edwing: ¿Juras que no volverás a atarme al potro del castigo?
Voz de Margot: Aaaaaagh.
Edwing: Eso es un negativa. Me da vergüenza decirlo, pero me gusta.
...

on the road